The war on drugs

The War On Drugs nace en el 2005, cuando Adam Granduciel y Kurt Vile se unen en Filadelfia. A este último seguro lo tienen por su cabellera y excelente carrera solista, modo de creación con el que editó un total de cinco discos, siendo el más reciente Wakin On A Pretty Daze (2013, Matador). La cuestión es que Vile se va de The War On Drugs apenas editan su disco debut, Wagonwheel Blues, allá en 2008, época en la que estaban obsesionados con Bob Dylan.

Para ese entonces, ya tenían reclutados a Dave Hartley, Charlie Hall y Kyle Lord; estos dos últimos ya habían dejado el grupo a fines del 2008. Granduciel y Hartley siguieron, con Mike Zanghi como reemplazo en las baterías. Pero, sorpresa: Zanghi también se va y entra Steven Urgo. Como si no fuera poco, en 2012, después de haber editado el aclamado Slave Ambient, Urgo también deja el grupo y quien lo reemplaza es Patrick Berkery, llegando entonces a una agrupación sostenida desde entonces, sumándose Robbie Bennett en teclados, desde el 2010.

Así, medio maldito, Adam Granduciel siguió confiando en su capacidad de crear canciones y le dio para adelante. Sin embargo, después del glorioso Slave Ambient (2012, Secretly Canadian) tenía todo un desafío por delante, un desafío que le tomó más de años. Lost in the Dream, el tercer disco de The War On Drugs, se lanzó el lunes pasado pero a Granduciel le llevó más de dos años grabarlo, con sesiones a lo largo de todo 2011, 2012 y 2013 en Filadelfia, Nueva York, Carolina del Norte y Nueva Jersey.

Es curioso que en la reseña que publiqué de Slave Ambient cierro diciendo que “no caben dudas que este colectivo musical sabe hacia dónde se dirige.”. Unos años más tarde, The War On Drugs lo vuelve a demostrar con uno de los primeros grandes discos de rock del año (Atlas de Real Estate también es candidato), pero lo de los chicos de Filadelfia es un folk psicodélico con una marcada influencia de Bruce Springsteen y a la vez My Bloody Valentine, sin olvidar aquella obsesión temprana con Dylan.

Lost In The Dream dura exactamente 60 minutos. Una hora. Y no es que le sobre: The War On Drugs tiene mucho que decir, convirtiendo a su tercer disco como la pieza definitiva de su discografía. Sus canciones no son simples y no te aturden de principio. La mayoría de ellas comienzan tranquilas, pero a medida que pasan los minutos, más interesante se pone la cosa, haciéndonos caer en un espiral de guitarras, bruma y teclados de los cuales no podemos escapar ni pasar a la siguiente canción. El disco nos lleva.

Siguen siendo experimentales, claro, pero esta vez se acercan un poco más al concepto de “canción”: la encargada de abrir “Under the Pressure”, “Red Eyes”, “Eyes to the Wind” son algunas de ellas, totalmente opuestas a la instrumental “The Haunting Idle” que casualmente es la canción más corta del disco. Las avenidas de la mente de Granduciel se hacen canción en “Disappearing” o en el tremendo cierre de “In Reverse”, sin dejar de mencionar a la tan-bien-titulada “Burning“.

¿Quién iba a decir, entonces, que una banda casi maldita y después de un gran éxito iba a sacar un disco incluso superior? Ahí lo tienen: Lost in the Dream es su disco más cancionero, melancólico, musicalmente obsesivo. El disco entero se consume casi sin tener desperdicio, un disco excelente que logra acaparar la atención durante toda su duración.

The war on drugs - Lost in the dream

The War On Drugs – Lost in the Dream

2014 – Secretly Canadian

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01. Under the Pressure
02. Red Eyes
03. Suffering
04. An Ocean in Between the Waves
05. Disappearing
06. Eyes to the Wind
07. The Haunting Idle
08. Burning
09. Lost in the Dream
10.In Reverse