Cuando cumplió treinta y siete años, el foco de interés de Tori Amos se había movido de lugar. Atrás habían quedado las épocas en donde se desnudaba mediante confesiones gruñidas y se volvía una con su banqueta de piano. Varios sucesos enmarcaban esta maduración, pero hubo tres importantes: acababa de mudarse de sello, había conseguido ser madre luego de numerosas y documentadas complicaciones, y Estados Unidos era presidida por George W. Bush. Scarlet’s Walk (2002) fue la obra que brotó de ese período de gestación: una epopeya conceptual en la cual Amos recorría, a lo largo de dieciocho canciones, todos los estados de una Norteamérica post-9/11. Fue quizás su acercamiento más grande al mainstream: el sonido era cálido, “A Sorta Fairytale” obtuvo difusión de radio, y los overdubs vocales remitían más a la Madonna de Ray of Light que a la Kate Bush a quien tan forzadamente la había asimilado la prensa en un intento de decodificarla. Por supuesto, los detractores que criticaban a la cantautora en los ’90 por sonar demasiado enojada pasaron a criticarla por no sonar lo suficientemente enojada. De más está aclarar que la intensidad de siempre seguía ahí: sólo había tomado forma bajo una naturaleza más calma.

Native Invader, el último lanzamiento de Tori Amos (vía Decca Records), está de cierta manera emparentado con Scarlet’s Walk. Al igual que aquel antecesor, es un disco de protesta en consonancia con el contexto sociopolítico en el que nos encontramos sumidos. Astutamente, la pianista no alude explícitamente al presidente de EE.UU. en ningún momento, puesto que hacerlo confinaría la relevancia del álbum a las limitaciones de la temporalidad. Lo que le interesa a Tori, sin embargo, es explorar las fuerzas subrepticias y las maquinaciones internas que desde hace siglos rigen su nación e institucionalizan violencia estructural, independientemente del gobierno de turno. Native Invader lidia, por sobre todo lo demás, con la subyugación de comunidades oprimidas (particularmente inmigrantes y nativos americanos) y de la tierra. Considerando que en su sangre convive una herencia europea con una Cherokee, lo que tiene para decir es de relevancia.

No obstante, el resultado del ciclo electoral no fue el único cataclismo que inspiró el LP: Mary, la madre de Amos, sufrió un derrame severo que la dejó incapaz de hablar. A lo largo de Native Invader, la mezzo-soprano extrapola su situación personal para hablar de conflictos globales, trazando un paralelismo desafortunado entre los agentes invasores que silencian tanto a la Madre Naturaleza como a la suya propia. “Crystal core, your mind has been divided from your soul / Now you say you are that stranger on your shore”, inaugura el opener “Reindeer King”, una elegía de pérdida, trátese del hielo ártico erosionando, de refugiados forzados al exilio o de un ser querido encerrado en su cuerpo. Precisamente, esa es una de las mayores destrezas de Tori Amos como letrista: tiene la capacidad de hablar sobre temas ultra personales, pero articulados de tal manera que resulten universales, generen empatía y sigan manteniendo una cualidad poética. Alternando entre notas prístinas y graves inquietantes, “Reindeer King” se desenvuelve con libertad y gravitas a lo largo de siete minutos. Es, posiblemente, su mejor y más hermosa composición en toda una década.

Así y todo, Native Invader es un trabajo de esperanza, que busca proveer confort en tiempos difíciles. “I am not giving up on us and I am not going anywhere soon”, asevera la artista en el single “Cloud Riders”, antes de cerrar con una promesa sobre un precioso outro de Rhodes: “We’ll be riding out this storm”. “Up the Creek”, con su estética 8-bit y sus cuerdas sintetizadas, es una afronta a quienes niegan la realidad del calentamiento global tras la retirada estadounidense del acuerdo de París. El resultado es un experimento que no suena a nada existente en el repertorio de Amos, pero que culmina en un solo de piano con la habitual potencia apabullante. “Bang”, un número Saganiano de una teatralidad reminiscente a Queen, cristaliza el postulado de Amos frente al entramado de políticas anti-inmigratorias e insurrecciones de extrema derecha: “we must out-create”, urge antes de rematar su crescendo listando los elementos químicos que constituyen el cuerpo humano.

Quizás la mayor similitud que Tori termina por encontrar entre su madre y la Tierra sea la resiliencia que ambas se vieron forzadas a demostrar. “What’s behind Mary’s eyes?”, se cuestiona en la muscular canción encargada de cerrar Native Invader sobre urgentes drones de piano. Es un momento particularmente emotivo, teniendo en cuenta que la mirada es el único medio de comunicación del que dispone su mamá. Como alguien que ha pasado veinticinco años desafiando al patriarcado, denunciando a las instituciones religiosas y visibilizando las repercusiones de la violencia sexual, la sabiduría y el virtuosismo de Tori Amos es lo que el mundo necesita en el 2017.

Tori Amos – Native Invader

2017 – Decca Records

1. Reindeer King
2. Wings
3. Broken Arrow
4. Cloud Riders
5. Up the Creek
6. Breakaway
7. Wildwood
8. Chocolate Song
9. Bang
10. Climb
11. Bats
12. Benjamin
13. Mary’s Eyes