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Agustín Donati cuenta que llegó a la Bienal de casualidad: “Completé el formulario el último día de la inscripción. Me llegó a través de un amigo, y probé suerte sin saber lo que era la Bienal”. Esa suerte inicial se repetiría más tarde con la asignación de tutores para los músicos seleccionados: “Me tocó Manza —Mariano Esaín—, que era a quien yo más conocía y quería que fuera mi tutor.” Sin embargo, el camino de Agustín en la Bienal estuvo marcado también por su talento. Llegó con un puñado de canciones, grabó un disco en el medio y logró armar una lista equilibrada e intensa para las presentaciones en la terraza del Centro Cultural Recoleta.

Donati inició su etapa solista hace solamente dos años: “Estaba como cantante con la banda Vestigios y en un momento empecé a componer de forma paralela”. En 2016 sacó su primer EP Viajar y Mutar: un disco de tres canciones, producidas por Fede Petro y que el músico comenzó a presentarlas en distintos ciclos de la ciudad, entre ellos Open Folk y Nómade. Un año más tarde llega el turno de Lo Irreversible, trabajo que consolida la propuesta folk-country del cantautor, con siete canciones más enriquecidas, sofisticadas y ligeras en donde la suave voz de Agustín es acompañada de múltiples arreglos de cuerdas, coros y piano.

Llegás a la Bienal de casualidad y terminás siendo uno de los ganadores…
No me lo esperaba. De hecho a la entrega de premios fui como un compromiso. Este año el comentario en general era que había cosas muy sólidas, proyectos muy buenos. Nidos, por ejemplo, no ganó y no entiendo cómo. Era muy difícil pensarme entre los cuatro ganadores. Era imposible, no me daban las cuentas.


¿Qué te dió el trabajo con Manza?
Manza me ayudó a adaptar la propuesta que yo tenía a un formato nuevo. El disco —Lo Irreversible— tiene un montón de arreglos, coros, guitarras, cuerdas. Manza ayudó a darle un formato más chico, necesario para las presentaciones en vivo ante el jurado. Él dijo: “Bueno, ¿cómo hacemos para que las canciones suenen igual, despeguen y lograr los climas y matices que el tema amerita?”. Me parece que logró un trabajo muy bueno. Se paró desde afuera a mirar la canción y ver cómo estaba funcionado o cuándo estaba chato. También aportó mucho en la selección de temas. La visión externa fue clave para saber qué temas eran funcionales. Quizás había temas buenos pero que no funcionaban para ese momento. A veces hay como una especie de atadura emocional con las canciones pero capaz no es el momento para esa canción.

¿Con qué canción te pasó?
Para mi una fija era “La Sed“. Es la canción que mejor representa la propuesta. Pero con Manza entendimos que no era funcional al flujo del show, tiraba muy para abajo, no había lugar. Finalmente probamos con “Lo Irreversible” y no nos equivocamos, terminó siendo el punto más alto del show.

Foto: Daniela Guizzardi

¿Cómo fue convivir con otros artistas de la Bienal?
Eso fue una de las cosas más ricas de la Bienal. El circuito de música en Buenos Aires es muy amplio y al mismo tiempo es muy fácil encerrarse en un ámbito conocido. Hay muchas propuestas de nichos. Es muy fácil quedarse ahí. Lo que la Bienal me ayudó es a ampliar esos sectores y conocer músicos de otros palos que yo ni sabía que existían. Escuchar otras propuestas que amplíen el horizonte musical de uno. No solo un tema de conexión y red personal sino ver que hay gente que está haciendo otra cosa, y quizás hay una porción de eso que puede llegar a servirme para tener otros matices, otros colores en mi propuesta.

El premio es una grabación. ¿Te llega en un momento creativo?
Las canciones de Lo Irreversible estaban compuestas hace mucho tiempo. Yo tenía otra banda, Vestigios, y en un momento comencé a componer en paralelo y ahí surgen las canciones de mi ultimo disco. Hay canciones que tienen cinco años y dije “las tengo que sacar”. El año pasado empecé a componer ya más metido en el proyecto solista, entonces me quedaron unas diez o doce canciones nuevas para hacer. Ahora viene el proceso más difícil que es armar la lista. Tengo más o menos trece canciones nuevas para trabajar pero no pensé tener que trabajarlas ya. Para mí es la parte más difícil: tengo todas estas cosas en la mesa, ¿con qué me quedo?

¿Componer y escribir te es más facil?
Hace poco vi una entrevista a Ryan Adams que le hacen en la BBC donde él cuenta su proceso de composición. Hay una regla que cuenta que a mí me quedó muy grabada, todavía no la pude aplicar. Dice: “la regla número uno para componer es sentarte y escribir”. Si vos te sentás, algo va a salir. Si vos no te sentás y ponés trabas, no sale. Componer es súper complejo, se tienen que alinear una serie de cosas. Combinar las ganas de decir algo con una melodía de voz y con una secuencia musical. Es como casi milagroso que surja una canción que diga algo y que sea linda. Se tiene que tener el hábito de escribir, a mí me gusta mucho pero es muy difícil. Me muevo mucho, me cuesta sentarme. Las canciones salen más del ejercicio de tocar la guitarra y encontrar una melodía que me resuene, que me toque en algún lugar y ahí empezar a construir la letra a partir de alguna palabra. Es muy poco racional y más emocional como compongo. Pocas veces me pasó decir “a ver qué quiero contar” y después empezar a pensar la música. Eso me imagino que debe ser la manera más convencional de escribir.

En 2016 sacás Viajar y Mutar, este año presentás Lo Irreversible. En el medio, muchos conciertos, ganás la Bienal… ¿sentís que hubo como una explosión desde ese momento?
Sí, me empecé a mover mucho más. Si querés que pasen cosas la regla número uno es moverte. Es lo que me pasó hace un par de años y la realidad es que Open Folk es una parte muy importante de eso. Estaba entrando en una pausa con la banda, se había ido el bajista y empezó cada integrante por su lado. Yo empecé a buscar lugares donde poder tocar solo, algo que tenía medio relegado. No quería armar fechas, quería buscar ciclos acústicos, micrófono abierto. Me crucé con Open Folk, mandé un mensaje, me llamaron y eso fue la explosión, por el mundo que conocí. No solamente por salir a tocar. Lo que pasa en Open Folk es una concentración de gente talentosa que no tiene sentido. Nunca vi nada igual. Que estén conviviendo en una misma noche, Sebastián Mattiassi, Juan Demarco, Tarsitano, David Amado, Karina Vismara, Dani Ferreti, no tiene ningún sentido. Para mi era llegar y bueno “ah los Globetrotters“. Entonces hay una cosa ahí que tiene que ver mucho con potenciar al otro. Vos te sentás, ves tres músicos y te dan ganas de levantarte, ponerte a tocar y a hacer la mejor canción que puedas hacer. Hay una retroalimentación, me parece que a todos les pasa lo mismo. Es como una competencia sana, y eso me parece que es muy enriquecedor porque encima somos todos amigos. Entonces más allá de ver al otro, podés sentarte con alguien y tocar tus canciones o tocar las canciones de otra persona, acompañar. Salir un poco de esa jaula del solista.

Agustín Donati, ganador de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires, presenta su nuevo disco, Lo Irreversible, el jueves 16 de noviembre en Club Cultural Matienzo (Pringles 1249, CABA). Evento en Facebook.

Foto principal: Josefina Chevalier.