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¿Los beats desaparecieron?

La pregunta me acompañaba en el colectivo y se mezclaba con lo que añoraba respecto al encuentro con Canal 46, una “banda punk” sanjuanina.

Pasados varios minutos el colectivo me dejó frente a la nueva casa que los pibes del sello independiente Hippy Muerto Producciones estaban regentando para escupir música: esa música que no entra en la rueda de producción neoliberal. Había conocido su hogar días atrás y todavía seguía impactado por el renovado calor que emanaban sus inquietos inquilinos.


Toqué timbre y me hicieron pasar a su Hogar Dulce Hogar. Y mientras tomaba un tilo, veía cómo la casa respiraba: los pibes pintaban paredes y puertas, arreglaban instrumentos, charlaban e iban de un lugar a otro sin parar ¿Algo sobrenatural los movía?
Germán Moreno llegó después de mí, minutos después de la hora pactada. El bajista y cantante de Canal 46 era, junto al otro vocalista y guitarrista (Diego Escobar), el nexo con la charla. El resto de la banda está conformada por Martes (guitarrista) y Gonzalo Molina (baterista), pero sus obligaciones no les permitieron estar. Cuando los tres estuvimos listos, fuimos la sala de ensayo, un laboratorio acustizado caseramente y hermoseado profesionalmente. Nos sentamos y la charla comenzó.

Procesos de trabajo

Canal 46 está trabajando en su próximo disco, a presentarse en julio-agosto. Según los pibes, desde que comenzaron en 2004 producen en forma constante. “Nos acostumbramos a estar todo el tiempo haciendo música. Se cierra un álbum, lo grabamos y al ensayo siguiente alguien viene con algo nuevo”, dijo Diego.

Ese proceso, definido como “frenético” por Germán, los lleva a no dejar nada de lado y a mezclar ideas viejas y nuevas. Nunca se estancan. Nunca se detienen.

El disco será un EP de seis temas, que no por ello se plantea como algo prematuro: “son seis temas que tienen la complejidad de un LP”, comentó Germán. De hecho, buscan una unidad. Una idea única que atraviese su trabajo: “Cada etapa tiene un aura que define las canciones”, según el bajista de Canal 46.

¿Están en un proceso de cambio, de búsqueda de otros sonidos?
Germán: Los sonidos salen solos. Nunca los busco. Por ahí tenés una tendencia a buscar. Escuchás una banda nueva y decís “Uh, qué bueno que suena esto. Podría tomar algo de acá”. Pero tampoco es hacer lo que hace esa banda. Cambia la dinámica porque cambiás vos. Hacés temas distintos. Es lo que siempre le critican a las bandas. “Uh, cambiaron el estilo”. No cambiaron: sólo hicieron más temas.

La composición va de la mano del crecimiento de la persona.
G: Sí. Además, trabajar en el estudio es distinto. Antes pensaba “Hacemos unos temas, los ensayamos y los grabamos”. Y después te das cuenta que no es así. No tiene mucho que ver la idea base, aunque la hayas creado entera en tu cabeza. En el estudio salen miles de cosas más. Más ordenadas y mejor definidas.
Diego: Se resaltan otras cosas que no creías importantes. Afinás algo y ese algo es el tema. Lo importante es estar abierto.

Las opiniones de los demás en el estudio son tan (o más) importantes que las de ellos. Desde Rodrigo Collado (técnico en sonido y dueño de El Bonsai-Estudio de Audio) hasta cualquier miembro de su familia musical: el sello autogestionado Hippy Muerto Producciones (HMP).

Para ejemplificarlo, Germán comenta: “Para Alien Vos, el Flaco (Francisco Riveros, músico de Fungis y Los Conjunto, ambas bandas pertenecientes al sello) fue a buscar un instrumento al estudio y terminó grabando una parte de ‘Hongos’. Iba de pasada y dijo ‘¿Puedo meter algo ahí?’. Y puso la frase: ‘No voy a escuchar la gente. No voy a escuchar mi mente’. Lo mejor de la canción”.

Mientras los escuchaba, sentía que algo más que la música los movía. Era como si un océano de energía los atravesara y les producía esa particular verborragia del que tiene muchas ideas y las escupe todas al mismo tiempo.

Los muchachos tampoco se cierran en su círculo. Invitaron a otra artista local (Eugenia Di Paola) a participar en uno de sus tracks y están predispuestos al movimiento. “La música que hace ella (Eugenia Renata) no tiene nada que ver con lo nuestro. Y a la vez, sí. Somos del mismo lugar. Y todo te va influenciando. Tanto tus amigos como otras bandas del ambiente. Siempre hemos dicho ‘¿Por qué codearnos sólo con punkies?'”, agrega Diego. Lo fundamental, según el músico, es “congeniar con la cabeza de otro, más que con un género”.

Germán se arriesga aún más en sus comentarios y lanza:

“El estilo musical debería desaparecer. Está bueno para tener una guía, pero, por ejemplo, cuando me preguntan qué estilo hacemos, respondo con las bandas que escucho. Violent Soho, que podría ser una banda punk, pero también es medio grunge, me gusta. Y no por eso digo ‘Hago este estilo’. También me gustan Queens of the Stone Age y . ¿Entonces, qué voy a decir? La búsqueda no es de un estilo, sino de una conjugación de cosas. La palabra ‘estilo’ es muy cerrada. No se da para estas épocas. Decir ‘soy punk’ en los ’90 representaba toda una situación más allá de la música. Y ahora es algo mucho más ambiguo. Los que dicen ‘El punk murió’ es porque quieren que el punk sea eso que ellos hicieron. ‘Nah, el punk se murió, llegaste tarde’. Qué me calienta. Llegué tarde a lo que vos decís que es punk. Es más, llegué a la música que salió de todo eso. En el 2000 te decían puto por escuchar Blink-182. Y, bueno, qué querés que le haga, boludo. Es mansa banda y vos escuchas Flema y está todo bien”.

Inclusive, reconocen que se están auto-influenciando entre todas las bandas y se alegran de ver que se está generando un sonido propio en San Juan. Tienen infinitas ganas de ensayar, grabar, producir, tocar. Algo más fuerte que ellos los maneja. Algo de lo que no son conscientes.

Casa Fantasma

La Casa Fantasma fue un espacio under para bandas autogestionadas, activo de 2013 a abril de 2017, manejado por HMP. Y durante su corta y furiosa vida, el esfuerzo de los músicos se volcó ahí.

G: Lo bueno de la Fantasma era que veías pibitos que eran los que éramos nosotros de chicos, cuando no existía eso. Cuando salíamos a ver qué había y no encontrábamos nada. Estos chabones salían todos los viernes a ver una banda a un lugar donde ponían música, te podías tomar una birra tranquilo y hacer lo que querías. Y estaba todo estéticamente bien. Era lo que queríamos tener a esa edad.
D: Los pibes crecieron y lo normalizaron. Les sentó una base. A nosotros nos costó mucho llegar a eso hasta hace unos años que dijimos ‘Uh, mirá todo lo que está pasando en San Juan’. Y ellos empezaron con sus primeras salidas viendo bandas zarpadas, con un nivel altísimo de producción. Y saben que lo que viene tiene que ir para arriba.

Cuando el proyecto terminó, la idea de un espacio de encuentro y propuestas continuó. Alquilaron ésta nueva casa donde las energías se vuelcan en ensayar, crear temas y discos, además de compartir su labor con otros proyectos.

Para Germán, el trabajo tiene tintes existenciales.

“Nunca tuvo sentido parar de producir y tocar. Sería morir, de alguna forma. No es ‘mi hobby’. Es algo que tenés que hacer”.

¿Existe el preconcepto de que la música es un hobby?
G: Claro. Es muy desmerecedor. Le estoy poniendo todo a esto y no es un hobby. Crear temas no es hobby.
D: Es una etiqueta chota.
G: Estás convirtiendo lo que más te gusta en tu existencia.

¿Y si son beats? ¿Y si los espíritus de Kerouac y Ginsberg viven a través de ellos?

El disco

El disco estará en soporte físico y digital. Bandcamp y Spotify son los elegidos por los músicos independientes y “Los Canal” no se quedan atrás.

Para el arte de tapa quieren a un ilustrador que conocieron en una fecha en Cabezas de Tormenta (colectivo de Córdoba similar a Casa Fantasma que abarca actividades fotográficas, audiovisuales, radiales, fanzines, estudio de grabación, talleres gastronómicos, entre otras). “Está bueno que el lazo llegue hacia otros lados. Eso te demuestra que no es una boludez. Cuando ves que hay otros chabones en otras ciudades que hacen las mismas huevadas que vos y con las mismas ganas es genial”, afirma Germán.

En Alien Vos (2016) trabajaron con Julia Martínez, diseñadora gráfica y novia de Santiago Lage, anterior baterista de Canal 46. La definen como una de ellos, junto a Valentina Di Cesare, Hernán Peralta, Mauro Lima (encargados de varios videoclips alojados en su canal de YouTube “hippymuertoprod”) y muchos más. Para Germán, “¿qué mejor que agarrar los chabones que no están haciendo música para trabajar con ellos en lo que ‘no es música’ pero que tiene que ver con la música?”

Los lazos son esenciales en este tipo de trabajo. La banda Valium de Chile ofreció editarlos en su sello, dato no menor para tener más peso a la hora de hacer giras por otras ciudades. Al respecto, Diego dijo: “Te vas relacionando con esa gente, que piensa y hace las cosas como vos. Y son redes que se van formando. Confiás en lo que el otro va a hacer por vos y viceversa”.

Y con las descargas, su política es que sean libres. Que el dinero se genere de otros lados. “El objetivo principal siempre fue hacer música. El objetivo de las grabaciones es que la gente las escuche. Si algún día alguien las compra, buenísimo. Los últimos años no hemos puesto guita de nuestro bolsillo. Estamos pagando la grabación y algunos viajes con tocadas. No es un excedente ni vamos a comprar más guitarras pero es nafta y es birra”, afirma el guitarrista.

Sus chakras se alineaban al hablar. Conectaban con otra fuerza, indescriptible a los ojos de la lógica aristotélica. Y la sensación en la sala era de que el Do-It-Yourself es la válvula de escape a todas las mierdas cotidianas.

La autogestión

La independencia artística es la esencia de Canal 46. Las bandas que escuchan, tanto del más acá como del más allá, pertenecen a ese paradigma: desde los entrañables NOFX hasta bandas autogestionadas que encuentran a lo largo y ancho de la web.

Para Diego “La movida va por ahí. Todos los nuevos representantes del rock nacional son independientes. Los que están surgiendo y los que vienen desde hace tiempo. La gente dejó la idea de que había que estar sí o sí en un sello famoso. Dijeron ‘Qué me calienta. Yo voy a tocar’. Y esa actitud ganó territorio”

La producción juega en primera divisón. Discos y tapas que no tienen nada que envidiar a los de artistas extranjeros. Fotografías. Videoclips. Un circuito cargado de experiencia y profesionalismo hazlo tú mismo. Un circuito alimentado por ganas de hacer y por la libre creatividad de cada uno.

Y en toda esa vorágine, son también conscientes del qué dirán.

“G: Todo esto para mucha gente no tiene sentido. Alguien pasa por la puerta de la casa y dice ‘¿Qué están haciendo estos culiados ahí adentro?’. Y seguro que no le ve sentido porque no hay ninguna ganancia. ‘¿Y cuánto ganás con eso? (satirizando a ese otro ficticio) Nada ¿Entonces por qué lo hacés? Porque sí’.
D: Porque me muero, si no (risas).
G: ¿Y vos por qué hacés todas esas cagadas? ¿Para ganar plata nada más?
D: Claro. ¿Sólo para eso?
G: Viven en un mundo muy consumista. ‘¿Para qué mierda te vas a tocar a otro lado si no te pagan?’ Esa gente no lo entiende.
D: Ya no nos codeamos tanto con esa gente. Nos hemos metido a un mundo donde todos somos así.”

¿Los beats desaparecieron?

En su obra más conocida (En el camino), Jack Kerouac define a los beats como tipos que “están locos por vivir, locos por salvarse, locos por moverse, con ganas de todo al mismo tiempo, gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ¡Aaaaaah!”.

Al ver la autogestión sanjuanina y presenciar todos los protagonistas que están involucrados además de los músicos (sonidistas, locales de espectáculos legales y unders, salas de ensayo y estudios de grabación, diseñadores gráficos y artistas visuales, fotógrafos y camarógrafos), ¿qué pensar, sino? ¿Acaso San Juan no se está poblando de beats?

Son existenciales del siglo XXI. Son artistas que se autogestionan y no pueden parar. Son beats que siguen su propio cardio y su propio ser.

Porque parar significa morir. Parar significa aceptar que la normativa ha ganado. Parar significa ser un cobarde en este mundo aún más cobarde. Parar significa negarse. Y parar esta rueda nunca fue una opción.