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El disfrute desaparece. Se agota. Un gesto se suma a otro, que se suma a otro y a otro. Y así se amontonan, se agolpan, molestan distorsionando las pequeñas rutinas y highlights como una piedrita en el zapato. Primero resuenan los ecos privados, íntimos, luego las charlas, el proceso y la puesta en común –que vos, que yo, que mejor mirar para otro lado-. Finalmente la decisión más sensata: separarse para preservar lo bueno y evitar que lo malo nos haga mierda. Luego el duelo. Y por supuesto: después a otra cosa.

Una banda, como toda relación humana, goza de una dimensión que podemos definir como “alquímica”: un estado emocional y creativo que trasciende la mera sumatoria de afectos, simpatías y deseos artísticos individuales /también de egos, pasiones y obstinaciones más o menos involuntarias/. Mataplantas no es una excepción a la regla, al contrario: es el primer amor de Pablo de Caro, Pablo Malaurie y Maximiliano García. Fue su primera experiencia con ambiciones. La raíz. La banda que empezaron cuando tenían sólo 19 años y que los vio crecer y evolucionar como artistas y, supongo también, como personas. Con el tiempo podía esperarse que la curiosidad, el deseo de libertad y esa necesidad de hiper-estimulación sonora que definieron su eclecticismo decantaran también en la posibilidad de una separación y un nuevo camino para cada uno. Algo que a la distancia, y tomando como referencia las producciones que han cultivado por separado, no ha sido para nada malo: Cosmo, El Hipnotizador Romántico, los trabajos solistas de Pablo Malaurie.

A 7 años de su disolución y próximos a su primera presentación en Córdoba en marco del ciclo La celebración, hablamos con Pablo Malaurie sobre las motivaciones del reencuentro, la vigencia de las canciones y cómo se puede volver para dar dos pasos al frente.


Cosmo, El Hipnotizador Romántico, tus trabajos solistas… No se puede dudar que existe vida después de Mataplantas. Viendo la evolución de cada uno, la vuelta de la banda no parecería una necesidad artística. ¿Qué los motivó a volver? ¿Qué les puede aportar Mataplantas que no les aportaba sus proyectos solistas?
El encuentro tiene algo especial desde varios lugares. Ante todo se trata de un encuentro humano, porque somos muy amigos, pero no lo pensamos desde la nostalgia. Musicalmente lo vemos como una oportunidad para conectar con algo que en su momento estuvo buenísimo, pero que ahora sentimos que podemos revisitar con otra mirada, con otras herramientas y con la experiencia que cada uno adquirió a lo largo de todo este tiempo.

¿Recordás como fueron los últimos momentos de la banda?
Cada uno tenía sus indicios y su visión de lo que pasaba. Luego lo hablamos, obvio. Lo último que tuvimos fueron dos shows en La Castorera, dos jueves seguidos: uno estuvo espectacular y otro salió como el orto… se cortaba la luz, se rompían las cosas… un desastre. Fue una señal de que algo no estaba funcionando bien. Había una tensión fuerte. De todos modos, son cosas que pasan. No fue determinante y fueron otras las cuestiones que coincidieron con eso. Un show, por más desastrozo que sea, no se encarga de separar una banda.

En contraposición, ¿qué se vivió en los primeros ensayos del reencuentro? ¿Sentís que todo seguía en su lugar o viste algo nuevo, algo que cambió?
Los primeros ensayos fueron espectaculares. Siempre tuvimos una conexión musical muy fuerte. Tocar con la gente que conocés mueve una cuestión espiritual muy poderosa. Sentir eso es muy lindo. El reencuentro, el volver a tocar y reformular las canciones se sintió muy bien.

¿Cómo fue el encuentro con esas viejas canciones? Pasado los años, ¿cómo crees que envejecieron?
Al momento de hacer la lista pensamos en algo que cuente la historia de la banda. Creo que como canciones siguen super vigentes y a eso le sumamos la posibilidad de enriquecerlas con otro tipo elementos. Hacer de eso algo más actual todavía. Lo que hablamos en las primeras juntadas era evitar el concepto de reunión nostálgica. No nos juntamos por la nostalgia misma, sino hacer una prueba para ver si pasa algo nuevo también. En el medio surgieron propuestas para tocar en vivo y las aprovechamos.

¿Qué creés que le pueden aportar a esas viejas canciones?
Hay más texturas, algunos cambios rítmicos. Por supuesto que a la hora de cantarlas también crecimos mucho y tenemos otras inquietudes que motivan otros caminos. También sumamos muchos samplers y sintetizadores que en su momento no usábamos.

¿Sos de los que deja de escuchar lo que graba, o de tanto en tanto volvés a los discos?
Hace bastante que no los escuchaba. Aunque no es común que lo haga, cada tanto tengo un momento donde los revisito. Lo que sucede es que escucho mucho el material a la hora de hacerlo, entonces después me desconecto.

Los discos de Mataplantas fueron muy avanzados para la época. ¿Cómo los ves? ¿Estás orgulloso o ves en ellos algunos excesos y “pecados de juventud”?
Me siento orgulloso del material, sobre todo porque representan una idea de libertad que teníamos muy incorporada. Esa libertad de mezclar lo que sea sin encerrarse en ningún tipo de género y hacer convivir varias cosas a la vez, sea dentro de las mismas canciones como en un disco. Obvio que hoy noto que por momentos hay excesos de ideas que entiendo que son naturales de cierto momento, que tiene que ver con querer poner todo, adornar y querer que se note lo que laburaste. Por ahí tenés muchas capas de ideas que por momentos funcionan muy bien y crean cosas espectaculares pero que en otros decís “pará, seleccioname un par porque todo no se puede”. A la distancia siento que podría mezclar las cosas desde un concepto diferente. Igual, a esos discos los quiero un montón así como son.

¿Sentís que la experiencia te dio mayor precisión y capacidad de síntesis?
Lo que me pasa hoy por hoy es que puedo ser más sintético, aunque el laburo quizás es el mismo de antes: poner todas las ideas y después ir muteando. Antes faltaba un poco ese laburo de mutear. Hoy siento que cada vez que muteás algo ganaste un montón.

A los que no escucharon Mataplantas ¿cómo se los venderías?
Soy muy malo vendiendo cosas, pero si tengo que definir un signo clave es el eclecticismo. La riqueza de la banda siempre pasó por ahí, pero hay varias cosas para destacar… por ejemplo la poesía de Pablo De Caro. Musicalmente es una banda que es difícil de encasillar porque la propuesta es muy variada.

Si vos tuvieras que evaluar lo que sucede en la escena alternativa hoy. ¿Cuál creés que es el aporte de Mataplantas?
Hoy por hoy está más claro que no hay reglas establecidas de cómo tiene que ser una banda. Cuando nosotros empezamos el formato de rock estaba muy estandarizado. Nuestro aporte en ese momento fue desacralizar, bastardear todo tipo de ortodoxia de cómo debe ser una banda. Algo que hoy por hoy está clarísimo. Bandas de pendejitos que salen con una fuerza muy desprejuiciada sobre cómo tiene que ser y sonar una banda. Creo que nuestro aporte fue abrir un camino.

¿Qué banda actual creés que representa esa forma desprejuiciada de ver y hacer las cosas?
Los chicos de Perras on the Beach son tremendos. Ese norte me parece muy positivo.

Sabemos que tienen una presentación en Córdoba. ¿Pero cómo sigue la cosa? ¿Gira? ¿Canciones nuevas? ¿La posibilidad de un nuevo disco?
En principio la intención fue hacer canciones nuevas. Las hicimos y empezó el agite de redes que llevaron a los chicos de La Celebración a proponernos una fecha. Nos encantó la idea de hacerla en Córdoba. A partir de ahí nos enfocamos en el show y dejamos las canciones nuevas para explorarlas después. Además de esto se viene un show en La Tangente el 10 de noviembre, una fecha en el oeste que está cerrándose y un par de cosas por confirmar.

Mataplantas se presenta este sábado 14 de octubre en el ciclo La celebración de Córdoba, junto a Coiffeur, en Club Belle Epoque (Lima 373, Córdoba). Más información. Evento en Facebook.