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De cara a lanzar Todos, cuarto larga duración de Programa, Pablo Bursztyn (bajos, sintes y guitarra) me recibe una tarde de domingo terriblemente gris en El Monasterio, su estudio de grabación, alejado del caos de las avenidas pero ocasionalmente interrumpido cuando algún avión vuela bajo rumbo a aeroparque. Si bien fui el primero en llegar, no tardaron en sumarse Guido Moretti (batería, machine drum y sintes) y Guido Flichman (guitarra, voz y efectos). Se instalan a jugar con un sintetizador nuevo que le llegó recientemente a Pablo y los primeros minutos nos ocupan alrededor del aparato en cuestión. El dueño de casa nos invita con café y aprieto rec.

Lo primero de Programa que se puede escuchar es de 2012, ¿cómo es esa etapa embrionaria del proyecto, desde antes del grabar el disco?
More: Empezó como improvisación pura. Enchufar cosas: pianos, máquinas, voz e improvisar absolutamente; libre y salvajemente, así intuitivo. Fueron, si me pongo detallista, tres juntadas de las cuales la tercera fue bastante épica y de ahí salió el material del primer disco. Era improvisación pura, de crear en el instante y en diferentes circunstancias, con diferentes seteos. Después eso se trasladó al vivo y así fue durante un corto tiempo hasta que pasamos con esa filosofía de espontaneidad, si se quiere, a un formato más de canción. De ahí surgió algo más organizado y efectivo, porque a veces se diluía un poco la idea en la improvisación pese a que salían cosas muy particulares también.

¿Cuál es el rol de cada uno? ¿Cómo notan que fue evolucionando, sea desde la composición o instrumental?
Guido: Yo creo que en cuanto a eso, si bien hay algunas constantes, como por ejemplo yo cada vez cumplo más el rol como de cantante o de usar la voz dentro del grupo, para componer no hay como una estructura. De hecho me parece que quizá una de las cosas más interesantes que pasa cuando armamos canciones es que no hay como un rol de “vos hacés la letra, vos la melodía”, realmente es como todo un híbrido, un empaste así de impulsos.
Pablo: Sí, componiendo es como que todos los roles se entrecruzan. Después para tocarlos hay una necesidad práctica de que uno tiene que tocar la guitarra, otro cantar y otro la batería. Pero capaz al componer caigo yo con una base rítmica y se mezcla con una armonía que More tenía guardada de 2007 y una letra mía a la que Guido le inventó una melodía, por ejemplo. Eso puede suceder. Y después a la hora de llevarlo a cabo en la práctica no queda otra que asumir un rol.
G: Sí, tal vez hay algún sonido o instrumento que se sacrifica. Capaz Pablo compuso una guitarra y otra encima pero a la hora de tocarlo en vivo la tengo que tocar yo y eso también nos hace sacrificar alguna cosa o arreglo, pero tratamos siempre de ser lo más fiel posible a la idea de la canción posible y si algo tiene que salir, que no sea esencial al núcleo.


En este sentido, ¿qué importancia, si es que le dan, tienen las influencias o traer algo de otro lado?
G: Yo creo que hay una parte que es inevitable que no tiene que ver con una cuestión consciente de elegir darle lugar, puede ser como cualquier sonido o una sensación, algo que uno está atravesando, por ejemplo, en las letras es inevitable que se cuele de alguna manera u otra. También obviamente sirve tener una referencia o perseguir un sonido pero no tiene por qué ser lineal. Puedo querer generar en una guitarra la sensación de una voz o en un sintetizador la agresividad de una batería. Yo siempre digo que a veces escucho bandas que capaz no me generan nada, que buscan sonar como otra más que querer generar la sensación. Poder generar un híbrido, algo que no es ni una cosa ni la otra, pero sin embargo tiene aspectos de las dos, creo que es lo que más garpa hoy en día.
P: A veces la referencia sirve como una especia de auto-juego psicológico. Vos decís “ah, como tal chabón que yo admiro hizo algo parecido, está bien” o “como tal tipo que detesto hizo algo parecido, saquémoslo”. Y ahí te vas como engañando a vos mismo para decidir si algo que nunca jamás vas a poder determinar si está bueno o no, está bueno o no (risas). Y listo, vas jugando con vos mismo respecto a eso.
G: Igual, hay un límite como filoso. Suele pasar como de decir “algo suena feo pero suena feo bien”. Hay un límite ahí que hay que saber manejar. También están buenos los momentos en los que escuchás una música que creías que en realidad no te gustaba y podés descubrir que hay algo que tiene un atractivo. Por ejemplo, tenemos una canción que arranca y parece medio reggaetón y después se transforma en algo tipo Massive Attack y está bueno que ese híbrido esté. Explicarlo de esa manera me causa mucha gracia porque son dos cosas que nunca pondrías juntas.

¿Se dan una definición a nivel musical o sonoro o se alejan de lo que son los estilos siempre y cuando el resultado sea el buscado?
M: Es difícil, yo varias veces me senté a intentar hacerlo y no nos sale.
P: Por más conveniente que sea: vos tenés los festivales del género, las discográficas del género, el estilo de videoclip, el público y si no tenés, no tenés dónde caer muerto. Pero no lo tenemos. Nos vendría bien, tiene esa utilidad la categoría pero nunca lo pudimos encontrar.
G: También creo que por ahí tenemos intereses bastante diversos sobre el tipo de sonido que nos gustan. Incluso, dependiendo el momento, nos gusta jugar a diferentes cosas entonces creo que nos aburriríamos mucho si tratásemos como de enclaustrar la música que hacemos a sonar de una sola manera o una manera específica.
P: Yo no creo que nadie que haya logrado algo se haya planteado “vamos a hacer rock como los Rolling Stones“. Capaz que sí… pero yo tengo ese ideal. Me engaño a mí mismo con eso, pensando que si te lo planteás desde la forma genérica así desde un principio, no va a funcionar. Con eso me tranquilizo (risas).
M: Quizás serían varias cosas, tipo una listita. Habría varios géneros y subgéneros y corrientes, no sé. Sería complejo.
G: A fin de cuentas es algo complejo o que no nos incumbe a nosotros o interesa definir eso. A mí me interesa más tratar de hacer esa música como venimos hablando y de golpe alguien escucha y le hace acordar a algo que capaz ni escuchamos ni tuvimos en cuenta para hacer ese tema y bueno, me parece que es parte de no pensar en eso y que después puede haber una evolución interesante o una sensación en una persona que no tenga que ver con algo que contemplamos. Me hace acordar a las discusiones como que los que pasan vinilos dicen “los que usan CD no mezclan”, y los que pasan CD dicen “los que pasan mp3 no mezclan” y por ahí los que pasan vinilo o CD tienen a la gente re embolada y uno que pasa mp3 con el celular tiene a toda la gente bailando, entonces ¿qué es lo importante: lo que transmitís, o sea lo que podés generar en un espacio con gente? ¿O la herramienta en sí? Podés tener una habitación llena de sintes y hacer una música que es un embole o tener una guitarra con dos cuerdas y ser el más capo. Como el de Morphine, que tenía un bajo con dos cuerdas y tenía una onda alucinante para componer temas.

Considerando cómo se manejan en cuanto a instrumentos, ¿qué importancia tiene la tecnología a la hora de crear?
M: Si bien no tenemos un género, sí creo que hay cosas que nos recontra marcan. La tecnología para mí es fundamental. A lo que me refiero es, concretamente, a incorporar elementos que involucren más lo digital y cosas que se pueden programar, y no sólo guitarras y bajos eléctricos y baterías microfoneadas, sino también sumarle secuenciadores, por ejemplo. Ahí si vos agarrás los temas y le sacás esa parte de banda se puede hablar, qué sé yo… de IDM, música electrónica, ambient y esos subgéneros.
P: Lo que siempre pienso respecto de esa pregunta es que la música tiene un montón de aspectos: tenés notas, que son frecuencias, esas frecuencias ordenadas en el tiempo y además cómo suenan esas notas. Si vos tenés una guitarra, podés tener dieciocho mil pedales y una paleta determinada de cómo podés hacer sonar esa nota. Además tenés cinco dedos para usar en una mano, una púa en la otra y ahí tenés un límite. Con las máquinas, el límite no es que sea más amplio -matemáticamente podría argumentarse que sí-, pero por lo menos es otro y nos flashea eso, supongo. Es algo casi de ambición, como “puedo hacer esto y también puedo hacerle esto”.
G: También me parece que en el disco nuevo, particularmente, hay varias canciones que nacen de poner a copular dos instrumentos, algo así como “hagamos que este instrumento que está hecho para hacer ritmos le mande una secuencia a este otro que está pensado para hacer notas” y generar accidentes que, si bien están pensados, den por resultado algo impredecible y a partir de eso ir moldeándolo para obtener una canción entera.
P: Hay algo de eso que nos da placer simplemente. “Ah mirá, esto no podría tocarlo ni haberlo pensado. Agarrémoslo y loopeémoslo y hagamos una canción encima”. Es un toque alienígeno. Después es eso combinado a decir una frase clara con una estructura formal y comprensible. Cuatro vueltas, cuatro vueltas, cuatro vueltas y todo bien. Y lo que está ahí adentro que genera esas cuatro vueltas capaz es algo que viene de otro lado y es distinto y capaz no es un riff de guitarra. Capaz hay riffs de guitarras porque no nos podemos aguantar las ganas y porque nos re cabe, pero capaz hay otras cosas.
G: Siempre decimos que depende de lo que pida la canción fundamentalmente. A veces el ritmo tiene que ser tocado y otras tiene que ser programado. A veces por necesidad, porque somos tres personas y necesitamos que un sinte sea tocado y capaz en esa canción es fundamental. Igual me parece que si la canción pide una batería tocada, no se le puede escapar. Hay algo de la intensidad y de la sensación que produce que esté More tocando la batería que es irreemplazable, como la tracción a sangre.

Hace un par de años (2015 y 2016) fue que se organizó el festival CRIA y fueron una de las bandas que estuvieron en la organización. ¿Cómo ven, musicalmente, esa escena joven, “under”, estando desde adentro y siendo quizás una de las que empezó más tempranamente? ¿Sienten que las bandas de ahora se empiezan a despegar de la comparación con artistas más clásicos del “rock nacional”?
M: Creo que lo que pegó mucho del CRÍA fue que independientemente de las diferencias de búsqueda que teníamos cada uno de esos conjuntos por separado, encontramos la fuerza que tiene cuando decidimos todos potenciarnos a la vez. Eso fue muy interesante y todavía se aplica hasta hoy. No sé si mediante un festival que se llame CRÍA pero sí creo que fue especial eso que vos decías, compartir cosas como la edad o el ámbito, las circunstancias de este lugar hacen que más allá de la búsqueda de cada uno, podamos compartir un espacio. Y eso resultó de mucha potencia, porque es como vos decís, después de eso hay ciertas bandas que se potenciaron muchísimo, algunos con una búsqueda que nada que ver con la nuestra pero compartimos eso y a algunos les re sirvió.
P: Pero ahí está la cosa: el nada que ver, ¿es real? ¿Realmente lo que hacen algunos de los que compartieron ese festival no tiene nada que ver con lo que hacemos nosotros? Guau, ¿eso es así? Yo no sé.
G: Tienen que ver pero también son diferentes. Hay cosas que compartimos y cosas que no.
P: O sea, podés ver una cosa y después la otra y no va a ser como salir de una ópera y entrar a un cine porno. Tiene que ver, boludo, claro que tiene que ver (risas). Eso es lo que para mí es raro de nuestra perspectiva de nosotros mismos, que es lo que es irreconciliable y en realidad está todo bien. ¡Para mí está bueno que haya salido a la luz! Porque esa es la cosa, esa separación falsa, ¿de dónde sale? Es muy extraño.
G: Yo creo que sigue habiendo de eso. Hay de las dos cosas. Hay bandas que hacen, no sé si decir esfuerzo, pero sí que buscan ir más allá de su lugar de seguridad y bandas que eligen hacer lo mismo con los acordes cambiados de lugar. También hay bandas, por ejemplo Aloe, que también participó de CRÍA, que tratan de generar uno de esos híbridos, que hoy por hoy me parecen la única salida, si el objetivo es realmente llegar a decir algo diferente a lo que se viene diciendo.

Íbamos a empezar a hablar del nuevo disco Todos, sería el cuarto de larga duración y el quinto si contamos el último EP (Acecho, de 2016, consta de tres canciones). ¿Cómo llegan a Todos? ¿Qué pueden anticipar?
G: Yo creo que simplemente empezaron a aparecer ganas de grabar cosas nuevas. También aparecieron esas cosas nuevas y en un punto dijimos “che, pará: ¿qué tenemos en las manos con lo que podamos armar un disco?” Y fueron apareciendo las canciones hasta que hubo material suficiente. Algunas eran ideas muy básicas, bocetos. Alguna melodía o armonía que quedó dando vueltas. A veces una melodía o algo que nunca tomó forma del todo vuelve después de mucho tiempo y te empezás a obsesionar y te das cuenta que ahí hay algo que tiene como un espíritu para transformarse en una canción. Y una vez que teníamos suficiente empezamos a ver cuáles eran las que podíamos desarrollar más a fondo. Obvio que quedaron algunas en el camino, pero no fueron tantas.
P: Yo recuerdo de esa época del CRÍA, que tuvimos como muchos ensayos de mucha intensidad preparando shows y cuando eso terminó dijimos “y ahora ¿qué hacemos?” Y ahí empezaron a salir muy fácilmente un montón ideas que estaban muy latentes y en pocos ensayos logramos algo que para mí fue muy zarpado, sin darnos cuenta teníamos mucha continuidad de trabajo y estuvo buenísimo. No sé cuánto tiempo estuvimos ensayando sin parar dos veces por semana. Habrá sido un año y medio, un año con bachecitos muy cortos sin parar. Recién ahora con el disco paramos un toque. Pero fue mucho tiempo, algo de eso empieza a ser corporizado. Tu cuerpo sabe que dos veces por semana algo va a escupir.
G: Y con la producción también, es como que a su vez, entre una juntada y otra, tenías en la cabeza eso de ir pensando “podríamos cambiar eso” o “podríamos cambiar tal o cual cosa”
P: Y entre esa idea espontánea y el hecho concreto de probarlo no había tanto espacio, es como que empieza a incluirse esa rutina en una especie de agenda biológica tuya y de repente surgió naturalmente. En los demás discos, yo siento que hubo que empujarlos un poco. Tipo “che vamos a hacer un disco”, en cambio este último simplemente surgió. Y se sintió distinto. También todos crecimos un poco, tenemos más experiencia haciendo discos. Por ahora, parecería que ayuda la experiencia. Capaz de repente te empieza a volver loco (risas).
M: Veníamos tocando mucho más que armando cosas en la compu. Veníamos de muchas fechas bastante grandes, para lo que somos nosotros. Por ejemplo los CRÍA, tocar en el Konex. Mucho ensayo, mucho tiempo en la sala, tiempo de armar los temas en la sala, probar las ideas tocándolas así en vivo. Este disco tiene muchísimo de eso a diferencia de Programa (2014), que es muy diferente en cuanto a eso. Acecho también. Este último tiene mucha más pregnancia de probar las ideas en vivo.
G: Decidimos parar la pelota un poco. Está buenísimo tocar en vivo pero nos entusiasma trabajar más esta idea. Ahora estamos en proceso de grabar un videoclip para un single y queremos sacarlo cuanto antes. Creemos que ni bien esté el single, a la semana saldrá el disco supongo. Nuestra intención es no perder energía en generar una fecha, con todo lo que eso implica. No hay urgencia de tocar ahora. Terminemos bien este proceso de hacer el disco y “expulsarlo” al mundo digital -y real-. Después seguiremos para adelante, tratamos de no tener esa ansiedad de salir a tocar ya. Hasta fines de septiembre tenemos tiempo para que el disco circule, para que la gente lo escuche. Porque tenemos muchas ganas de tocar los temas nuevos en vivo, algunos no los tocamos, otros ya los veníamos presentando y que ya pueda haber como un nexo, que la gente pueda haberlo escuchado o que si le pasa algo con una canción pueda buscarlo, a ver qué le pasa con el disco.

Programa se presentará en vivo el 22 de septiembre en el Club Cultural Matienzo (Pringles 1249, CABA).

Foto principal: Agustina Enis