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Un ruido es de reciente formación: Al borde de las cosas es su primer disco editado durante este 2017 que decae y grabado en la patria de los integrantes del grupo: Tapiales. La banda, sin embargo, está conformada por músicos de amplia experiencia: Pablo Burrone -guitarra– Andrés Fuschetto –bajo- Santiago Cundari –teclados- y Christian Buera –batería-. Las letras son de Pablo, Andrés y un escritor conocido como Leandro Lozano. Pactamos un encuentro en el mítico bar El Banderín, Billighurst y Guardia Vieja, epicentro de Almagro. ¿Un periodista puede extender su siesta? No lo sé pero recibo un llamado de Pablo y, disculpas mediantes, tomo un taxi hacia el bar. Me reciben. La mesa está plagada de botellas de cerveza. Comienza la conversación: el tema son los comienzos del rock nacional, pero de ese génesis borrado por los manuales: Edi Pequenino, entre otros. Andrés, entonces, comienza a pensar la historiografía de la cultura y otra cerveza mozo, debatimos entre todos sobre Rastros de Carmín, esa extraordinaria investigación de Greil Marcus sobre los movimientos culturales secretos del siglo XX y, sí, los temas se suceden: el punk, Malcolm McLaren, PIL, Los Saicos, la Internacional Situacionista, De la Vega, el papel del autor y Charly García.

Todos los ruidos, un ruido

Tratamos de encauzar la nota hacia el objetivo: la publicación de Al borde de las cosas. Alguien, sin embargo, levanta la mano y pide otra cerveza. Los comienzos de la banda. Pablo: “Las cosas se dan. Yo venía con la idea de grabar algo, estaba hablando con Leandro Lozano, me pasó algunas letras –en el disco hay tres letras de él– y después pasó, pero las canciones las compuse. Hablé con Andrés, con el que toqué en varias bandas y fue bajista por corto tiempo de Johnosoyyoko” – banda que Pablo compartía, entre otros, con Adrián Nicoletti, actual guitarra de Krupoviesa – “y yo tenía algunas letras, más las de Leandro y las de Andrés y con eso hicimos un disco que cerró. Lo escuchamos y dijimos: hagamos una banda. El disco estaba terminado y no había nombre de banda, ni nombre del disco, estaba todo en el aire. Y dijimos bueno, hagamos un proyecto. Lo hicimos. Costó muchísimo adaptar lo que habíamos grabado a poder tocarlo en vivo, poder mostrarlo, de algún modo hubo que modificar algunas cosas, hubo que laburar muchísimo. La banda se formó a partir del disco. Antes del disco no había banda. El disco se llama Al borde de las cosas tal vez por todo esto. Creo que salió primero el nombre del disco que el nombre de la banda. Estábamos buscando. Tirábamos ideas”. Buera aporta: “Yo me sumé, Andrés me dice, escuchalo. Si te gusta o si no te gusta me lo decís. Lo escuché, me copó, nos juntamos y cuando me comentaba nombres para la banda eran largos y complejos. Le dije: algo más simple, algo que vaya más al grano”. Andrés, luego de un sorbo largo de cerveza, y ya olvidando a Greil Marcus: “Estábamos boludeando con Cortázar…” La conversación se acelera: “Todos los ruidos, un ruido”, interviene Pablo. El nombre surgió a partir de libros que leían en sus adolescencias, surgió Cortázar y su libro Todos los fuegos el fuego. Músicos… el reemplazo de la palabra fuego por sonido ruido u otra similar fue inmediato. Un ruido. Andrés chicanea: “Me gusta cómo habla Cortázar más que como escribía…” Otra, mozo. Pablo habla por sobre el murmullo de Almagro: “Parece un nombre simple y hasta trillado, pero me parece el adecuado, de hecho nos preguntamos: ¿no habrá otra banda que se llame así? El nombre del disco salió de una frase del primer tema que es una letra de Leandro y estábamos así, todo el tiempo al borde de las cosas.” Remate de Christian Buera, con su serenidad: El disco responde al concepto… está el tema, ‘Ruido’; que define todo bastante, y en vivo y en los ensayos estamos haciendo el tema de un modo distinto, más noise, que la versión cerrada y prolija del disco. Fue un concepto que tuvimos que desarrollar”.

Foto: Cari Aimé

Del nene que tocaba la raqueta y del tipo que le negó la guitarra a un tal García

Comento, cerveza de por medio, que he notado cierta influencia sonora de Gustavo Cerati en el disco. Pablo, enfático y gesticulando: “Escuché a Cerati toda mi vida… el primer tema tal vez tenga mucha influencia ceratiana. El tema ‘Ruido’; también. Yo escuché Soda Stereo toda mi vida. Es el exponente, para mí, número uno del rock nacional mainstream. Después, me gustan un montón de cosas. Yo tenía ocho años y jugaba a ser Gustavo Cerati con una raqueta. Es inevitable y creo que es uno de los pocos artistas que no me terminó desilusionando, con el paso del tiempo. Como Lennon: no desilusionó a nadie porque se murió a los cuarenta años. Imaginate a Lennon cantando boludeces”. Canto retruco con el ejemplo de Luis Alberto Spinetta: “Es distinto, porque Spinetta era de un perfil muchísimo más bajo. Hay una hipocresía tan grande dando vueltas alrededor de Spinetta. Cuando estaba vivo no lo iba a ver nadie. Lo de las Bandas Eternas fue un mimo hermoso”. El tema es Spinetta y entonces surge el tema de la lírica. Andrés recuerda el caso del grupo de los Moura: “Las letras son importantes, Virus fue el primer grupo de acá que laburaba con periodistas o poetas que les escribían letras: Roberto Jacoby. Es bueno trabajar con gente que sabe lo que hace. Vos sos músico y si no te da, laburás con gente que hace letras buenas. Es que es una cosa la música y otra la poesía. Hay momentos donde se juntan, y son los momentos más grandes. El tema es la construcción del artista de lo que es, ¿no? A Charly los vimos en distintas etapas”. Posteriormente a pedir otra cerveza, Andrés cuenta una anécdota: “yo no le di la guitarra a Charly en un bar y me putearon y me dijo: ‘dame la guitarra’, y le dije: ‘estoy tocando yo’. Me asusté… estaba muy loco, me dio la mano…”

En el borde, en algún lugar


Pablo comenta el concepto de Al borde de las cosas: “Poder bajar a tres tonos lo que antes se quería hacer en veinticinco. La idea fue hacer algo simple pero bien arreglado. Que cada arreglo del disco fuera el que se necesitaba. Bien simple en cuanto a composición musical, en cuanto a arquitectura de una canción. Poder arreglar cada parte como si fuera diferente”. Santiago extiende el concepto: “Es un disco que tiene literatura, cine, no se queda en la música. El cosmos que rodea a la banda no es musical, solamente. Cuando lo escuché dije, bueno, Jarmusch y el Conurbano, eso es”. Andrés corrobora y otra cerveza, mozo, mozo: “Es súper conceptual el disco… es volver al álbum, a pleno”. La charla deviene, entonces, a la modificación en los hábitos de escuchar música: “Yo sigo escuchando discos enteros, boludo… El concepto Spotify está bien para el auto, pero en mi casa escucho un disco entero”. Pero se suelen escuchar temas, las famosas playlists: “La dinámica que se perdió de llegar a tu casa y poner un disco. Se perdió la búsqueda…” Coincidimos en que se ha perdido cierto espíritu de investigación en la música, o es otra forma de abordarla. Pablo se apasiona: “¿Cómo llegar? Yo investigaba. Por ahí venían amigos y me mostraban cosas, pero yo investigaba. Buscar, investigar, me gusta esta banda y tocó con esta y este miembro de acá tocó en esta otra banda”. La charla termina con una reivindicación a Pipo Cipolatti y una definición de Andrés sobre la época: “No hay más contenido: Charlotte Caniggia. Salía Charly y tenía todos los medios, salía de un hotel, tal vez arruinado, pero era un tipo que tenía un contenido detrás, que había generado algo muy copado, eso ya no sucede”. Otra cerveza, cantinero.

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Foto principal: Cari Aimé.