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Habiéndose desplazado por el circuito de la electrónica europea mediante la proyección de los sonidos balcánicos a las audiencias del mainstream, y atravesando un umbral de más de 20 años de carrera, el DJ/productor alemán Shantel finalmente escuchó los gritos de sus fanáticos sudamericanos y decidió instalarse por más de un mes en nuestro país.

Stefan Hantel nació en Frankfurt, Alemania, y si bien sus primeros trabajos se alimentaban de componentes del trip-hop y del pop, a través de los años logró encontrar su identidad musical en sus antepasados, al fusionar elementos de la cultura de Europa del Este con sus tramas de música electrónica.

Veintitantos trabajos discográficos más tarde, muchos de sus clásicos remezclados especialmente para sus shows en el país, además de material nunca antes lanzado, delinearon esta postal balcánica que resonó en las pistas de Zebra Club, en Carlos Paz, y Niceto, en CABA.


En el medio de toda esta aventura sudamericana, y alejado de cualquier sótano tintineante del oriente europeo, Shantel charló en profundidad con Indie Hoy en un banco de Plaza Armenia, en Palermo, donde el DJ alemán se explayó en un testimonio detallado acerca de su alegre carrera, las influencias y su historia familiar.

¿Qué tipo de gira es ésta? ¿Estás acá para promocionar un nuevo trabajo o estás más en plan de presentación como artista?
Hace años que vengo recibiendo pedidos para que venga a Sudamérica, especialmente de la Argentina. Hay muchos fanáticos acá a los que les encanta Shantel y Bucovina Club, y además, “Disko Partizani” es una canción que se escuchó bastante en ciertas áreas del país. La realidad es que siempre tengo una agenda tan ajustada que nunca había podido venir anteriormente. A eso sumale la logística que representa venir a Sudamérica, ya que es un viaje importante para el cual debés organizarte. De todas maneras, hacia finales del 2016 me di cuenta de que éste era el momento indicado para hacerlo. Vine sin ningún tipo de expectativa, con poca promoción y sin un plan de marketing fijo. Lo primero que me llamaba la atención del país era la gente, me interesaban mucho las actividades musicales locales. Para mí representa una verdadera oportunidad de salirme de la rutina diaria, por decirlo de alguna manera. Tomo este viaje como una especie de “road movie” personal, y de paso aprovecho y hago algunos shows.

¿Y qué impresión tenés de tu visita hasta ahora?
Llegué a la Argentina el 24 de diciembre, por lo que ya llevo más de cuatro semanas aquí. Por suerte encontré un departamento muy lindo acá en Palermo y me puedo tomar todo con más calma. También anduve por Chile y otros lugares en Argentina, como Córdoba por ejemplo, donde brindé un show hace unas semanas. Toqué además en Santiago de Chile y en Concepción, y hasta ahora los shows fueron buenísimos, con una respuesta del público muy positiva. Ya había estado varias veces en Brasil, pero creo que es algo diferente, es una historia aparte. De hecho, y para serte honesto, viniendo desde Europa y entrando a Sudamérica a través de Argentina es una enorme diferencia. La gente acá te sonríe, incluso cuando pasás por migraciones (risas). Hay una especie de actitud muy de bienvenida, una actitud muy cálida y amigable a la cual no estoy acostumbrado en Europa. Noté en general un humor más gentil y más relajado con el cual quedé impresionado. Sinceramente, me siento muy privilegiado ya que me lo estoy tomando un poco como si fueran vacaciones. Al mismo tiempo, tuve la posibilidad de haber conocido ya a mucha gente nueva, como los muchachos de ZZK Records, o el tipo que maneja Fértil Discos. También me encontré con Señor Coconut en Chile. Para mí es una especie de intercambio cultural, es parte de mi trabajo.

Vayamos un poco a tu música. ¿Cómo la definirías, en tus propias palabras?
Mi música está muy relacionada con mi historia familiar, y por supuesto con parte de mi identidad. Provengo de una familia muy mixta; tengo raíces en el sur de Europa del Este y tengo familiares que son oriundos del área del mediterráneo, mientras que yo nací en Alemania. Esta mixtura, influenciada por la caída del muro de Berlín, fue la que me abrió la cabeza y me dio la oportunidad de establecer esta idea, este concepto que mezcla diferentes estilos de música europea. Digamos que combino música de mis antiguas raíces familiares con electrónica y elementos del este/oeste; trato de crear una especie de música pop que pueda ser ubicada entre esas dos culturas. Es una idea muy europea, una especie de “mashup del antiguo continente”, puesto que Europa contiene muchas y muy diversas influencias musicales.

¿Te considerás un innovador?
(Risas) Me resulta difícil ubicarme en un lugar específico. Pensá que cuando recién empezaba con todo esto, lo que yo hacía era algo único, ya que no había nadie más haciendo algo siquiera similar. Y además, el feedback que recibía por parte las compañías discográficas al principio era, cómo decirlo… No tenían idea de cómo lidiar con la situación. La cultura pop y de la música en general hacia finales de los noventa no estaban en absoluto preparadas para algo como esto. Por lo que sí, en ese sentido fui una especie de pionero. Y después de unos años se salió totalmente de control. Digamos que estoy feliz de haber tenido la suerte de por lo menos haber creado, llamémoslos “hits” dentro de este género. Temas como “Bucovina”, “Disko Partizani” o “The Kiez is Alright”, que fueron hits muy notables en diferentes áreas, ya sea en Turquía, Alemania o el Reino Unido, y que consiguieron imprimir algo de más valor a nivel creativo dentro de este género musical. La mayoría de la gente suele considerar a la música de los balcanes como algo con tintes religiosos y más para las fiestas, pero yo no creo para nada en ese concepto cursi e inocente. Creo que se trata de algo mucho más profundo.

¿Creés que tu música tiene un mensaje político? ¿O fue alguna vez tu propósito que tuviera un mensaje político?
Mirá, yo soy un gran fanático de la idea europea, de esto de querer crear un conglomerado multicultural y multiétnico. Sin embargo, este concepto cosmopolita está chocando últimamente, lo que me parece muy triste. Estoy completamente en contra del nacionalismo, ya que no soy patriótico ni creo en la nación. Porque una nación necesita fronteras, necesita separación y toda esa mierda, lo cual en mi opinión representa un pensamiento bastante retrógrado. Pero si tengo un mensaje político, definitivamente no es directo sino más bien entre líneas. Mi misión siempre está basada en proyectar la diversidad de culturas y en la sociedad cosmopolita, porque creo que un país hace a un continente mucho más fuerte y más orgulloso a través de la mezcla, en oposición a la idea de una “monocultura”.

¿Cuándo encontraste tu voz? ¿Cuándo te diste cuenta de que querías traer este tipo de música al mundo?
Vengo haciendo música a nivel profesional desde el año 1995, 1996, por lo que ya hace bastante tiempo que estoy en esto. Era el chico alemán promedio, metido en la música electrónica y toda esa onda. Pero también escuchaba hip hop y buscaba toda la mierda nueva que venía del Reino Unido y Nueva York. Hasta cierta edad yo también “fotocopiaba” el sonido “cool” de la época, al punto de querer convertirme en un “rockstar” yo mismo. No me malinterpretes, puesto que amo el estereotipo del rock and roll angloamericano, me encanta. Pero a medida que fui creciendo me preguntaba qué tenía que ver todo eso con mi propia identidad. O sea, yo no vengo de Brooklyn, no soy un rapero. Tampoco soy un rockero grunge de Seattle. Ésa no no es mi historia. Mi historia es Berlín, la Segunda Guerra Mundial, la reunión, Rumania, Rusia, Ucrania, Grecia, Turquía… Ésa es mi historia. Y creo que para el año 2000, 2001, hice un gran corte en mi carrera. Fue en ese momento cuando me propuse hacer algo completamente nuevo, algo que nadie había hecho antes. Y esta dirección hacia el pop de los Balcanes era totalmente única, porque no sólo se trataba del área geográfica de los Balcanes, ya que no soy de Serbia, sino que simbolizaba algo mucho más profundo. No crecí en esa área. Quizás sea como Piazzolla, que revolucionó el tango estando en Nueva York y no en Argentina. Él no se encontraba en el lugar donde se desarrolló el movimiento. Me obligué entonces a dar un giro totalmente nuevo; y creo que para el año 2000, diez años después de que cayera el muro, las cosas se volvieron más claras. La caída del muro de Berlín fue una gran señal para nosotros, los europeos, porque Europa se volvió más grande, y de repente se nos abrieron todas las puertas del lado este. Todos teníamos ese sueño de que podría tratarse de un gran cambio, de una gran oportunidad para llegar a un nuevo entendimiento cultural general.

¿Estás satisfecho con el nivel de éxito que tuviste hasta ahora?
Mirá, el éxito es algo que realmente no podés medir. En mi caso, lo más importante es que mentalmente me siento feliz y satisfecho de lo que estoy haciendo. Y prueba de ello es estar sentado acá en Buenos Aires, con un clima hermoso, viviendo experiencias copadas. Me siento muy afortunado y muy agradecido de tener esta oportunidad. No es más que el resultado de trabajar duro, y por suerte puedo vivir de ello. Tengo una enorme base de fanáticos en varios países, pero siempre trato de no pensar en el éxito y en el sistema. Por otro lado, en lo que concierne a mi producción, somos íntegramente independientes. Tenemos nuestra propia compañía discográfica, nuestra propia editora, hacemos todos los fichajes nosotros mismos… Es una unidad de trabajo basada en Berlín y somos completamente independientes, y ha funcionado de forma brillante durante los últimos diez o quince años. En consecuencia, no recibimos dinero de las grandes compañías ni nos interesa. Hacemos todo nosotros mismos, y creo que ahí radica tu éxito.

¿Pero pensás en algún momento convertirte en un artista más popular? ¿Soñás con alguna vez posicionarte dentro del mainstream?
Cuando “Disko Partizani” se convirtió en un gran hit, cuando llegó a platino en Turquía y otros países, algunas personas solían decir que me había vuelto mainstream. Pero me parece que la música misma ya de por sí tiene un sentimiento muy anárquico, una actitud bastante “anti-mainstream”. En ese sentido me atrevería a compararla con el punk-rock, ya que todos conocían el punk-rock y estaban familiarizados con el mismo, por más que nunca se haya tratado de un éxito mainstream. Y yo voy un poco por esa misma dirección, dado que la mayoría de la gente hoy en día conoce la cultura del pop de los Balcanes. Por otro lado, también debemos concentrarnos en el hecho de que la vieja televisión mainstream, la prensa escrita, la radio… ellos ya no tienen el poder. Me volví famoso gracias a internet. Mi video de “Disko Partizani” tiene algo así como 20 millones de vistas en youtube, y nunca estuvo en la televisión. Si bien yo pude experimentar ambas situaciones, ya que también empecé con contratos discográficos regulares, por suerte pude atrapar el tren de la internet cuando estaba comenzando a ascender. Mi éxito se debe realmente a internet.

¿Qué tanto cambiaron las cosas desde aquel momento cuando recién comenzabas? ¿Qué tenés para decir de la industria musical hoy en día?
Para mí, la industria musical es una especie de monstruo, de “Frankenstein” (risas). Siempre lo fue, y lo sigue siendo, porque se trata solamente de la plata. Y hoy en día, en un mercado donde ya no vendés CDs y no se genera dinero como antes, las compañías grandes se ven obligadas a producir ingresos por otros medios. Como buscar ganancias a través de los shows, por ejemplo. Si pensás que podés arreglar con las compañías grandes, como músico terminás comprometiendo un montón. Y yo sé que no soy muy bueno a la hora de comprometer la creatividad como músico o productor. He tenido años muy difíciles, en los que sufrimos mucho porque no ganábamos nada de plata, pero a largo plazo ganamos mucho más que el artista promedio que firmó con una multinacional. Lo puedo apreciar cuando hacemos diferentes festivales y shows de ese tipo. Y el cambio es tan dramático en la industria de la música que no podés creerlo. Todos salen de gira ahora, incluso los más viejos e históricos, ya que de otra manera no ganarían nada de dinero.

Entrando un poco en el terreno de lo personal, ¿cómo es tu vida diaria cuando no estás de gira o no estás componiendo música? ¿Qué ocurre en tu mundo?
(Risas) Trato de llevar una vida privada lo más normal posible. Cuando estoy en Berlín, me dedico a apreciar las cosas simples de la vida. Me gusta salir y sentarme en un rincón del típico bar, observar a la gente, leer los diarios…. Voy al supermercado y trato de comprar comida de calidad. No lo sé, me gusta hacer una buena cena e invitar a algunos amigos, escuchar buena música…. Trato de que todo siga fluyendo. Y disfrutar de la vida, porque la vida es muy corta. Me siento identificado con una visión más “down to earth” de las cosas.

¿Hay algún artista con el cual te gustaría trabajar?
Una vez me contactó Madonna, hace unos seis o siete años atrás, pero no me quedó otra que rechazarla. Sinceramente, no creo en esa cosa de “David Guetta meets Rihanna”, o cualquier concepto similar (risas). Podría haber hecho algo con ella, sí, pero hubiese sido algo mediocre desde un punto de vista artístico. Y yo no soy de pensar tan estratégicamente. Son muchos los artistas e íconos que admiro. Pero para serte sincero, si hay un músico que realmente admiro, trato por todos los medios de no conocerlo o contactarme con él, ni siquiera para hacer una colaboración. Porque sería una gran decepción. Por ejemplo, el año pasado vi en vivo a Noel Gallagher, con los High Flying Birds, en un festival en Alemania, y quedé muy desencantado. Me dije a mí mismo qué gran error había sido ver ese show. No debería haberlo hecho. Me encantaba Oasis, todo el mundo estaba enamorado de Oasis en su momento. Incluso si no eras fanático de la música, eran divertidos como banda, por sus escándalos y todo eso. Pero ese show fue algo que me decepcionó muchísimo.

¿Y con algún artista que haya muerto?
(Risas) Esa es una pregunta interesante. Me fascinaría tener una charla con Johann Sebastian Bach, por ejemplo. Bach es eterno, completamente atemporal. Bach podría ser pop, podría ser rock, también clásico, ópera rock… Tenía una forma de pensar que era magia pura. Creo que me encantaría conocer a cualquiera de esos tipos, los verdaderamente históricos. Me fascinaría poder hablar con cualquiera de ellos.

¿Hay alguna canción o disco que te hubiese gustado componer?
Esta pregunta la debo responder de manera muy simple, de una forma muy “cliché”. Cuando hablamos de composición de canciones, nadie puede superar a los Beatles. Siempre te preguntás cómo alguien puede crear canciones que suenen tan simples y tan claras, y al mismo tiempo ser tan ricas en estructura. Como “A Day in the Life”, por ejemplo, que es uno de mis temas favoritos de todos los tiempos. Eso es iconográfico. Para mí, el comienzo de los Beatles es en ese sentido muy importante, dado que tengo una muy buena relación con Hamburgo, como ciudad. Allí fue donde los Beatles realmente crecieron, cuando empezaron, allá por el ’61 o ’62, y se la pasaban semanas tocando en la zona roja de la ciudad. Y yo he ido a esos lugares, me he encargado de descubrirlos. Como el Indra Club, que fue el primer venue donde tocaron en Hamburgo, el Star-Club, el Kaiserkeller… Además, también me compré una Rickenbacker 325, que fue la primera guitarra eléctrica que tuvo John Lennon. Conseguí una que fue hecha originalmente en 1958, es una guitarra de escala corta. La compré porque quería averiguar cómo era la estética sonora en ese período, cuando los Beatles eran más una banda del Top 40, un grupo que hacía covers de rock ‘n’ roll, y no estaban tan metidos en la composición de canciones aún. Y esta Rickenbacker resultó ser una guitarra muy promedio, ya que es difícil de tocar y además tiene un sonido muy estrecho. Fue toda una investigación, era una especie de ensayo sobre el rock ‘n’ roll en la Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial. Se trató del área de entretenimiento más grande después de la guerra, gracias al rock ‘n’ roll. Teníamos a los soldados americanos por todas partes. Es más, Elvis estaba estacionado cerca de Frankfurt, como soldado. Fue así como entonces pude descubrir lo duro que trabajaban los músicos en esa época.

¿Qué bandas o artistas estás escuchando ahora mismo? ¿Qué nos recomendás a los lectores de Indie Hoy?
(Se fija en su celular) Mirá, está este tipo que se llama Jin Yerei, que es de Buenos Aires y me parece súper. Es parte de Fértil Discos, que es una especie de productora musical local. Hice unas jam-sessions con él. También me gusta mucho lo que están haciendo los chicos de Sidestepper, un proyecto colombiano basado en Londres. Son una especie de, odio esta palabra, “cumbia electrónica”. Hacen lo mismo que yo hago, pero con música tradicional de Latinoamérica, y está muy bien hecho. Tienen cierta sensibilidad para lo que están haciendo. Luego encontré este álbum de blues, de CW Stoneking, llamado Jungle Blues. Y otros dos artistas muy buenos son El Remolón y King Coya. Además de eso, el verano pasado me la pasé escuchando a Allah-Las. Son de California, y creo que esto les va a parecer interesante a ustedes, porque hacen esta especie de música retro de los ’60s. Pero la hacen tan bien, tan auténtica, que pensás que estás escuchando en realidad una banda del año ’64.

Por último, contanos una anécdota de gira copada que nunca hayas mencionado.
La primera vez que visité Río de Janeiro me habían invitado a tocar en un festival llamado “TIM Festival”. Esto fue hace unos diez años atrás, más o menos. Es un festival enorme, y al promotor no se le ocurrió mejor idea que darme el slot entre los Beastie Boys y Daft Punk. Tenía mucho miedo, ya que era la primera vez que iba allí y no tenía idea de cómo iba a reaccionar el público con mi música. Y pensé, “bueno, me voy a hundir como el Titanic, con las banderas y todo” (risas). Afortunadamente, el show salió muy bien y a la gente le encantó. A todo esto, lo que yo no sabía era que los músicos de Beastie Boys habían estado mirando el show desde un costado del escenario, por lo que al terminar se me acercaron y me dijeron: “Nunca habíamos escuchado música como ésta. No tenemos idea de quién sos y de lo que hacés, pero estamos fuckin’ alucinados con esta música loca”. Eso fue para mí lo último que esperaba escuchar. Mis expectativas eran muy bajas, ya que pensaba que me iban a echar del escenario en la mitad del show, y este evento en particular fue extraordinario. Y si bien no soy un enfermo fanático de los Beastie Boys, la idea de la banda me parece grandiosa. Los considero un grupo muy importante para la música en general, especialmente para la música angloamericana. En mi opinión, si decís David Bowie, tenés que decir también Beastie Boys, especialmente cuando hablás de los 80s y los 90s.