Adan Jodorowsky se presenta en Argentina con doble función, la primera será en Buenos Aires el 7 de junio en Palermo Club y la segunda en Córdoba, en Club Paraguay, el sábado 9. Despojado de todo, el músico se presenta en su forma más pura como es su nombre verdadero. Hablamos un rato con él y nos introdujo en su universo y su forma de pensar, el puente entre el alma y la tierra que es su música, y su sabiduría, fruto de indagar en cuestiones profundas de la vida humana.

Presentando su nuevo disco Esencia solar, el músico nos habla también de su pasado y otras experiencias, así como también un poco de la relación con su padre, el director Alejandro Jodorowsky (Adan hizo la música y actuó en varias de sus películas). Adan Jodorowsky es una persona más que interesante, con una visión sobre el mundo muy ferviente de fe y emociones.

¿Cómo fue el proceso de Esencia solar?
Yo empecé ese disco mientras estaba en México, estaba haciendo unos viajes por Latinoamérica y todos esos ritmos latinos me inspiraron mucho. Escuché mucha música brasilera en ese tiempo. Mi mujer estaba embarazada entonces estuve mucho tiempo en casa y tenía tiempo para mí, para poder componer. Estaba en una especie de euforia de paraíso y eso se puede sentir en el disco. Grabé una parte en Francia con músicos franceses y otra parte en México con músicos mexicanos; yo tengo un estudio de grabación en México y lo que hice fue poner un anuncio en mi página de Facebook y de repente llegaron muchos músicos que no conocía, no sabía ni cómo tocaban, pero vinieron al estudio y tomé lo mejor de cada uno. Guardé a dos personas para la gira que vienen conmigo, son músicos increíbles. Yo mezclé el disco, hice de ingeniero de sonido, es la primera vez que hago eso, todo solo. Fue una experiencia alucinante, muy difícil pero muy entusiasmante.

En este último disco decidiste dejar de lado los alteregos con los que te presentabas anteriormente y mostrarte bajo tu nombre completo. ¿Por qué esta decisión?
Llegó un momento dado en mi vida en el que de repente ya no sabía qué hacer, veía gente que ya no me correspondía. Después de una película que hice con mi padre, que fue como un acto psicomágico porque curé mi árbol genealógico (la película es sobre la historia de mi familia). Él hizo las paces con su padre, pues yo hago las paces con mi árbol genealógico. Entonces me fui al desierto de Atacama, me rapé el pelo, hice una dieta muy estricta, y en un momento pensé que era el momento indicado para renacer. Basta de la imagen de Adonowsky, del Ídolo, del Amador o de Ada que es mitad hombre, mitad mujer. Entonces me dije que iba a hacer proyectos muy entretenidos, pero voy a dejar de intentar provocar porque en este mundo ya no se necesita provocar algo malo, sino algo bueno. Además quería dar el ejemplo de que uno es mejor siendo uno mismo, sin máscaras y sin disfraces; y nos hace falta eso.

En tus canciones hacés varias referencias a la imagen del vagabundo. ¿A qué se refiere poéticamente esto?
Soy más bien nómade que vagabundo, yo soy de la filosofía de que si te quedás demasiado tiempo en un lugar es malo. Pero si viajás demasiado también es malo. Hay que encontrar un equilibrio. En los viajes es donde yo encuentro la inspiración, por ejemplo cuando estoy en un avión es en los únicos momentos donde puedo escribir, ya que no estoy distraído por nada, estoy sentado y no tengo opción, entonces abro mi cuaderno y me pongo a escribir. La mayoría de las letras que podés escuchar la escribí en un avión en el cielo.

Con respecto al idioma, ¿te ponés alguna condición antes de la composición? ¿Alguna preferencia?
En realidad es la canción que habla por sí sola. A veces si a una canción le pongo letra en francés no funciona nada, o lo mismo en español y se presta al inglés. Yo hablo cuatro idiomas: inglés, español, francés e italiano, entonces puedo permitirme eso, es una libertad. No prefiero cantar en un idioma, es lo que me sale. El próximo disco va mucho al inglés, siempre voy navegando. Eso no es una barrera para mí.

¿Cómo es el camino de la fe y la espiritualidad en el mundo moderno?
Los que no están en la espiritualidad son los que no quieren estar. Yo estoy muy metido en la espiritualidad pero no es algo raro para mí, es científico, la gente que dice que no cree en la espiritualidad es porque son ignorantes, porque no han estudiado, porque si leés libros, si estudiás sobre las energías, no es algo raro. Realmente existe, no se puede negar. La gente que dice no creer, es que no sabe. También no querer ser espiritual es no querer entrar en uno mismo, es no querer enfrentarse, es vivir en una especie de superficialidad constante y nunca meterse en sí a buscar realmente la esencia. Porque mas allá de la palabra, en el silencio, también somos algo. Estoy muy conectado con eso, con una energía universal. En un momento hay que salirse de ese ensueño, de esa negación y despertarse, porque lo que pasa es que el mundo no quiere sabios. No quiere que la gente esté despierta, no quiere que sea inteligente y vea lo que hacen, porque quieren controlar a los seres humanos. Hablo de una fuerza potente mundial que quiere dominar, entonces quieren a todos dormidos con todo tipo de cosas. Y entonces si uno es consciente, te despertás y desprendés de ellos y eres un peligro para la sociedad, para esta fuerza que domina el mundo, porque te vuelves independiente y libre.

En tu pasado empezaste con una banda punk llamada The Hellboys, muy diferente a lo que hacés ahora. ¿Qué recordás de aquellos días?
Tenía dieciséis años cuando tocaba en esa banda. En la música arranqué más joven con clases de piano, pero en los escenarios con The Hellboys. Aprendí todo ahí, mucho más en los escenarios que en las clases. Tocando el bajo junto a la banda, cometiendo errores… me acuerdo en esa época que yo estaba vestido de leopardo, era muy divertido. En esa época conocí a Rancid, a Joe Strummer, a Brian Setzer. Era como más garage punk, el cantante también era periodista en una revista en París y había entrevistado a muchos artistas y les pedía si les podíamos abrir los shows. Fue increíble.

En tu último disco contás con la participación de Natalia Lafourcade. ¿Cómo se dio ese encuentro?
Yo acababa de llegar a México cuando la conocí y ella aun no era tan conocida. Había hecho cosas en México, me había invitado en un disco que hizo de Agustín Lara con algunos covers. Nos hicimos muy amigos y después yo tenía esa canción ahí y pensé en ella porque nunca había colaborado con mexicanos. Como yo había hecho algo con ella, le mandé la letra y la canción que había compuesto con un banjo. Al igual con León Larregui, que había producido sus discos. Son como dos personajes que me había parecido obvio preguntarles si querían colaborar.

Ahora tenés dos fechas en Argentina. ¿Qué nos podés adelantar?
Me encanta Argentina. Ya toqué varias veces y siempre me reciben tan bien. Nunca he ido a Córdoba, pero Buenos Aires me gusta mucho. Voy con cuatro músicos, es una banda eléctrica, muy diferente del disco pero como reinterpretado para un buen show. Entonces ahí le vamos a dar.