“Me quedé varada en California; pensé que tenía más dinero, así como pensé que tenía un corazón”. El viaje de Annie Woodward por el mundo pareciera ser el que escribe sus canciones. Partió de su Noruega natal hace un par de años, escapándose de su pasado, y se convirtió en una trovadora que canta sus miserias y sus aventuras a los cuatro vientos. Su odisea geográfica es tan solo un reflejo, quizás, de la búsqueda espiritual y personal que su inquieta forma de ser le propuso desde siempre.

Hace muy poquito llegó a la Argentina. Con base en Buenos Aires, está recorriendo todo el país tocando con su guitarra los temas de sus dos discos (un LP y un EP), que pueden escucharse en las plataformas digitales, además de las nuevas canciones que el camino le va dictando. Ella es joven pero su historia con las drogas, la música, el amor y la familia, además de sus batallas constantes con las adicciones y el sentirse estancada, son el motor de su arte. En “Maze” repite una y otra vez “¿A dónde vas? ¿Dónde estuviste?”, y esas dos preguntas parecen ser su única dirección postal.

De paso por Mendoza y en camino hacia Perú, para luego volver a Buenos Aires, Annie charló con Indie Hoy y nos abrió las puertas de su laberinto emocional y artístico.

Hablame de tu relación con la música. ¿Cuándo empezaste a tocar?
Mi relación con la música es algo muy personal. Creo que cuando canto soy la versión más honesta de mí misma. Así me siento. Libre. Supongo que por eso Edith Piaf, Amy Winehouse y Janis Joplin son mis cantantes favoritas, porque siento que ellas cantan de la misma manera que yo. No me voy a comparar con ellas, pero les escucho la misma pasión que siento cuando canto yo. Canto desde que tengo memoria, iba a competiciones a los 11 años. Siempre canté, siempre escribí. Después empecé a hacer teatro, y cantaba solo en privado. No creía que tuviese una voz lo suficientemente buena. No fue hasta hace cuatro años atrás que empecé a cantar en público y noté que sí tenía una voz.

¿Se escuchaba música en tu casa? ¿Qué empezaste escuchando?
Sí. Mi papá escuchaba mucho funk, disco. En casa escuché mucho Earth, Wind & Fire, Kool & The Gang, Michael Jackson; él me expuso a eso. También tocaba el violín, pero no mucho más que eso. No vengo de una familia musical, digamos. Incluso hoy, mi papá no cree que sea una buena música o que tenga una buena voz. Solía decirme que escribo bien, pero que no sabía cantar. Supongo que esa es una de las razones por las que no me largué a cantar, porque me decían que no era buena.

¿Cómo se dio lo de tu viaje por el mundo? ¿Cómo tomaste la decisión de partir?
Creo que siempre quise viajar. Pero solía ser actriz: trabajaba en televisión, teatro y cine. Tengo una compañía en Oslo (hoy no estoy trabajando con ellos), pero la cuestión con el teatro es que tenés que quedarte más tiempo en un solo lugar, porque tenés que construir algo. No podés ir viajando y siendo actriz por ahí. No funciona así. Me sentía atrapada, vivía pensando en que quería irme a Los Ángeles, a Nueva York. Había viajado varias veces con mi familia, pero no es lo mismo. Yo quería viajar y llegar a conocer culturas, la gente local, parar en las casas de la gente y no en hoteles donde no llegás a ver nada. Ahora hago una forma de arte que me deja viajar. Desde que descubrí que sí podía combinar la música con viajar, lo estuve haciendo sin parar. En 2014 viví unos meses en Los Ángeles, luego viajé por Europa y Sudamérica. Ahora estoy viviendo en Buenos Aires y estuve viajando los últimos tres meses. No voy a decir que viajar significa para mí una pasión más grande que la música, porque la música se lo lleva todo por delante… pero siento que por un lado la música me hace una persona sana, y viajar me hace una mejor persona.

¿Qué piensan tus amigos y tu familia sobre esto?
No tengo la mejor relación con mi familia. Con la que mejor me llevo es mi madre, y ella cree que lo que estoy haciendo está copado. Es algo que ella nunca pudo hacer, porque eligió una vida muy tradicional. Ella solía ser artista, aún piensa como una artista. Hacía danza, hace fotografía. Cuando le cuento mis historias queda impactada, no puede comprender cómo una persona puede estar tan libre del sistema. No lo entiende, pero el hecho de que no lo entiende la sorprende. Ella me apoya. Mis amigos también, todos creen que estoy haciendo algo muy cool. Muchos de ellos también viajan o quisieran hacerlo. Después también tengo amigos que están… no voy a decir “estancados”, porque cada uno elige como quiere vivir, pero tienen otro estilo de vida. A veces me preguntan “¿no extrañás?”, “¿de qué estás huyendo?”, porque no logran entenderlo. O me dicen que “es tiempo de que elija un lugar donde quedarme”. Está bien, somos gente distinta.

¿De qué tratan tus canciones?
Son un poco idealistas. Eso atraviesa toda mi música. Tengo canciones sobre gente abriendo sus mentes, o eligiendo lo mejor de ellos. Yo tengo buenos y malos días, pero al final de cada uno siempre siento que estoy feliz con dónde estoy hoy en día. Siento que encontré algo realmente bueno y estoy constantemente creciendo, evolucionando. Siento que estoy en control de mi felicidad. Tuve que aprender a hacer eso. Y se lo deseo a todo el mundo; quiero que todos puedan ser la mejor versión de sí mismos. Sobre eso escribo: que dejes tu trabajo si no te gusta, que termines una relación en la que no querés estar. También sobre cómo la gente puede estar atrapada en el sistema, cómo les lava el cerebro la televisión, y terminan viviendo una vida que no quieren. Escribo sobre el miedo en la sociedad, miedo a vivir la vida que cada uno desea. Escribo sobre cómo el racismo está creciendo en Europa. Y me es inevitable también escribir sobre mi propio viaje. Una de mis mejores amigas se volvió esquizofrénica; sobre eso escribí mucho. Es muy difícil explicárselo a alguien, pero yo estuve ahí antes y después del diagnóstico. La vi perder su mente. Es algo muy complejo, yo era joven y fue algo muy duro para manejar. Mi propia lucha con el alcohol y el abuso de drogas también es un tema presente. Cuando tenía 19 caí en un agujero; hice amigos en el mundillo de la droga, y no eran solo dealers, eran gente que traía la droga a Noruega. Yo estaba enamorada de uno de ellos, y él me destruyó. No apropósito, porque él era una persona rota en sí misma. Pero ese amor fue peligroso para mí. Vi muchas cosas turbias. Me amenazaron de muerte. Tuve que dejar el país. Eso fue una gran parte de mi vida. Fueron dos años de mi vida en ese “mundillo”, en esa parte subterránea de la sociedad. Estoy muy feliz de ya no tener nada que ver con eso, pero es algo que de alguna manera me define.

¿Qué te dejó todo eso?
La gente que no experimentó ese nivel de abuso de drogas puede tener 24 años y tomar y reventarse y experimentar y después despertarse y decir “no debí hacerlo”. Pero yo no puedo hacer eso. Cuando hago todas esas cosas me levanto y pienso “chabón, yo ya pasé esta etapa, no puedo seguir así”. Tengo muchos amigos que fueron a hospitales, a rehabilitación, a prisión incluso. Mi mejor amiga aún se recupera de su diagnóstico de esquizofrenia, años después. Ahora elijo no tomar. Los que sufrimos adicción vamos a sufrirla de por vida. Es todo o nada. Y tengo que elegir “nada”, porque ir por el “todo” casi me destruye. Tengo suerte de estar viva. Así que eso es algo recurrente en mi canciones. A veces me despierto y miro a mi vida, miro todo lo que logré. Pienso “hoy estoy en Mendoza, y tengo cuatro conciertos esta semana”. Pienso en todo esto y pienso por lo que pasé. Casi pierdo todo. Mucho en mi música es sobre eso: tocar fondo, apostar con la vida y elegir la oscuridad. Y luego salir de eso, y la parte difícil, quedarte fuera de eso.

Mientras estuviste acá, ¿escuchaste hablar del movimiento #NiUnaMenos? ¿Qué pensás al respecto?
Escuché sobre #NiUnaMenos cuando estaba en Europa porque allá tuvo mucha cobertura mediática. Estando acá cubrí la marcha del 8 de marzo y entrevisté a trabajadoras sexuales y a feministas. Yo soy feminista, siempre lo sentí así. Creo que es bueno que finalmente esté pasando algo. Obviamente ha habido mucha más violencia en los países latinoamericanos. Leí una historia horrible sobre un asesinato en Mar del Plata el año pasado. Pero pasa en todo el mundo, en Noruega también. Hace dos años hubo un caso de una chica de 17 años que fue violada por tres tipos. Había evidencia contra ellos y aún así quedaron en libertad, fue terrible. Por suerte la gente comenzó a rebelarse y armar protestas. Dicen que Noruega es uno de los países más pacíficos del mundo, y aún así pasan cosas así también. Cuando fui a la marcha del Día de la Mujer me voló la cabeza la cantidad de gente que había. Pero a la vez era muy triste ver las fotos de las chicas violadas y asesinadas o ver a las mujeres trans que son perseguidas. Es triste, pero por fin la gente está hablando de eso, y estoy muy feliz. Es necesario, ya era hora.

¿Qué música estás escuchando hoy en día? ¿Conociste algo de la música argentina que te haya gustado?
Me gusta la música argentina; me hicieron escuchar a Sumo, Spinetta, Charly García. Me encanta Charly García. También fui a ver a muchas bandas under en Buenos Aires. Hoy en día estoy escuchando música bastante melancólica: Ben Howard, The War on Drugs…. cosas folk, más que nada.

¿Por qué decidiste quedarte un tiempo en Argentina? ¿Qué opiniones tenés de la vida acá?
Supongo que toda mi vida estuve buscando un lugar donde hacer arte. Fui a Nueva York y Los Ángeles, Londres no me gusta, Berlín tampoco, no tanto como para vivir ahí. Estaba entre Melbourne y Buenos Aires. Escuché que Buenos Aires es el lugar en Sudamérica para los artistas. México también, y Medellín está creciendo. Siempre había querido venir a Latinoamérica, estuve muy expuesta a la cultura de acá por unos cuantos amigos que tengo. Cuando toqué por primera vez en Salta me enamoré de la forma en que los argentinos escuchan la música. Creo que el arte en vivo se respeta de otra forma acá. La gente es muy pasional, en el buen y el mal sentido. Me gusta que la gente dice lo que siente. Supongo que me quedo porque estoy teniendo oportunidades que quería para mi música, pero también porque me gusta la gente. Aún soy un poco nueva, así que no puedo decir un montón de cosas que no me gusten. Pero supongo que una es lo desordenadas que pueden ser algunas cosas, como que te lleve tres o cuatro horas ir al correo a buscar algo que alguien te mandó. Pero, en fin, me terminé acostumbrando.

¿Es difícil conseguir fechas en una ciudad que no conocés, en otro país?
Sí, digamos, muchas veces tengo suerte porque publico algo en Facebook o contacto a alguien que conoce alguien y así, o tengo amigos que tienen amigos… que tienen amigos… que me pueden conseguir algo o ponerme en contacto. No creo que sea tan difícil, porque lo he hecho por un tiempo, pero tenés que ponerte a investigar y trabajar. Paso tantísimo tiempo en la computadora planeando mis fechas, es ridículo. Si tenés tiempo para hacerlo no es difícil, pero tenés que ponerte.

Tocás sola con tu guitarra, sin más músicos. ¿En qué te limita eso? ¿Qué beneficios tiene?
Se siente como estar desnuda a veces. Estoy en el proceso de aprender a ser paciente. La gente no lo es con los músicos, y cuando estás sola con la guitarra es difícil esquivar el hecho de que sos frágil y estás expuesta en el escenario. La gente no siempre te presta atención y eso te puede hacer sentir muy pequeña. Si tenés una banda y pasa eso, está bien, porque tenés a tus compañeros y de última podés fingir que estás en un ensayo. Hay tanto sonido en el aire que no importa tanto como cuando estás solo. Sí prefiero tocar con una banda en términos de espectáculo, de sonido. Pero eso tiene un montón de límites y por eso dejé la banda (además de porque estoy en Sudamérica, pero lo hubiese hecho de todos modos). Una banda es difícil porque es como una relación, y todos tienen que estar comprometidos al mismo nivel, y eso casi nunca pasa. Tenés que hacer planes, hay una logística, no podés agarrar tus cosas e irte a tocar cuando se te cante, o lo que sea. Estoy por empezar a tocar con una banda en Buenos Aires, pero voy a seguir tocando sola también. Con la banda voy a tocar mi música en Buenos Aires, y después tocaré sola fuera de esa ciudad. Quiero seguir viajando y no puedo hacerlo con toda una banda, excepto que alguien nos financie. Y solo puedo financiarme e invertir en mí misma.

En definitiva, ¿cuáles son tus planes para el futuro cercano?
Quiero tocar con esa banda en Buenos Aires y tocar en otras venues de la ciudad donde aún no estuve; quiero grabar mi próximo EP, algo que haré en agosto o septiembre ahí mismo, creo, y en enero quiero volver a girar por Argentina. No pienso más lejos que eso. También trato de pensar más internacionalmente, pero por ahora mis planes son esos.

Annie Woodward se estará presentando en varios puntos del continente:

21 de julio: House Show, Lima
22 de julio: Sofar Sounds, Lima
29 de julio: Pariwana, Lima
03 de agosto: Bar de René, Santiago
10 de agosto: Casa Babel, Buenos Aires