El artista es un sujeto fragmentado. En el comienzo de todo proyecto artístico sucede una separación entre lo que es la persona y el artista en sí. Coghlan por un lado es el nombre artístico de Eugenio García Carlés, la banda de su adolescencia que se encuentra actualmente terminando su primer disco. Con algunas fechas en Buenos Aires pero sin una grabación o una obra de la cual sostenerse, Coghlan permanece todavía como una incógnita para muchos, un proyecto que queda por realizarse. Pero a medida que se acerca la salida del LP Bolero Midi, Coghlan está empezando a separarse de Eugenio, a volverse una entidad independiente de él. Coghlan se está volviendo algo vivo, una idea latente que espera el momento ansiado para hacer su entrada ilustre en la escena local.

La producción de Bolero Midi comienza en 2013, cuando Eugenio registra los primeros samples que cuatro años después van a terminar en su debut. Atados a las influencias de su adolescencia, esos experimentos iniciales consistían en loops eternos y melodías ambiguas. A finales de 2015 se presenta por primera vez en vivo. Después de esa apareció otra fecha, después otra, y así hasta llegar a tocar hasta cinco veces en diez días. Esos primeros recitales estaban llenos de duda y timidez, pero la mezcla de influencias y estilos generaba una primera impresión fuerte. De a poco las canciones empezaron a crecer por sí solas, mientras se construía un sonido cada vez más alejado del original. Para Eugenio esto implicó separarse de las canciones propias que había esbozado en su adolescencia y dar lugar a Coghlan, una personalidad provocativa sin ningún tipo de ataduras y con ambiciones de devorarse todo.

“Ir a tocar esas canciones no era solo tocar y punto”, admite Eugenio. “Estaba la intención de que ir a ver a Coghlan en vivo sea un concepto más fuerte que ver a alguien interpretar sus canciones. Coghlan me puede superar en algunos aspectos, puede ser más impulsivo, puede ser más ególatra, con ansias de éxito y romperla a costa de todo”.

¿Cuál fue el punto de quiebre en que Coghlan dejó de ser Eugenio y empezó a ser otra cosa?
Si Coghlan se separó de mí fue cuando me di cuenta el poder que mi música podía tener. Creo que nunca me hubiera metido en un estudio a grabar un disco si no me hubiera dado cuenta que había gente a la que le gustaba lo que hacía, mis amigos, obvio. Ahí fue cuando todo cambió, en el momento en que me comió el autotune y el sample, y quedó Coghlan. Pero en un punto siguen siendo tan mías las canciones que Coghlan sigo siendo yo. Como que se me va pero lo tengo ahí agarrado. No se me escapa del todo, trato siempre de tenerlo bajo control.

¿Qué te aportó la insistencia de hacer todas esas presentaciones en vivo sin tener un disco que presentar?
Si no hubiera tocado en vivo nunca, Coghlan hubiera sido un proyecto lo-fi casero. Cuando entré al estudio a grabar mi disco tenía el antecedente de la fuerza de las canciones en vivo. Quise transmitir esa confianza que tenía en lo que compuse, cantándolas con ímpetu y seguridad. En las primeras fechas era todo caótico, pero un caos simple, porque no había mucho en juego. Ahí notaba qué ideas no tenían tanto poder como otras, las fui desechando y se fue armando una estética. Me di cuenta que las canciones no podían ser solo un loop y cantarle encima todo el tiempo. Tenía que matar a esas influencias en algún momento. No me puedo quedar toda la vida siendo una copia; fiel, pero una copia.

¿No te agarró la presión de tener que hacerles justicia a esas canciones?
Totalmente. Porque hay que hablar de Coghlan como un proyecto que se gestó solamente en vivo por ahora, que no tiene otro material que se pueda usar de referencia.

Cuando empezaste no tenías una referencia de cómo era el sonido de Coghlan.
Para nada, ni tenía una referencia de cómo tenía que tocar porque el vivo mismo se fue armando en vivo, mientras iba sucediendo. La forma, la intención, la fuerza, el color, toda la estética se armó en vivo.

Foto: Rocío Frigerio

No es casualidad que la primer canción conocida de Coghlan sea “Porque hoy nací”. El cover de Manal salió en el compilado Días de adolescencia de Yolanda Discos que salió a finales de 2016 e incluye canciones nacionales de los ’60 y ’70 reinterpretadas por los artistas del sello. La versión de Coghlan ignora todo el tradicionalismo que implica Manal en el rock nacional y opta por un beat de metrónomo y una rendición full-autotune para resaltar el potencial pop de las melodías de Javier Martínez.

Bolero Midi rompe con la oposición que hay entre “lo nuevo” y “lo viejo”. Por un lado sus recursos lo hacen agresivamente novedoso, el autotune y el uso de samples sigue siendo un tema tabú para mucha gente. Pero también hay una apreciación por la canción, y son todos samples de películas antiguas o discos viejos. ¿Qué tipo de convenciones querés romper con Coghlan?
Es verdad, pero no sé si me propuse romper con nada. Creo que Coghlan quiso plasmar todo eso desde un lugar amable. Bolero Midi es difícil por momentos pero también tiene algo de instantáneo. Es algo que buscamos con Jorge Chikiar, el productor del disco. Él entendió que el disco tenía que estar en el medio, entre lo familiar y lo jugado. Trabajamos juntos en pulir todo, matar el loop y desarrollar a pleno el sonido. La verdad es que Chikiar me enseñó a producir y me contagió su manera de trabajar. Ahora las canciones son todas verso y estribillo, y las que no tienen esa estructura son un divague de melodías muy pop. Ese trabajo melódico lo hace un disco agresivamente hitero, Bolero Midi quiere explícitamente ser pop.

Se suele subestimar el poder que tiene una buena melodía. En la página de last.fm de “Keep the Family Close de Drake, todos los comentarios son de gente que no puede creer la melodía principal. Como si fuera algo tan perfecto e inverosímil que no pueden terminar de asimilar de lo poderosa que es.
Por Drake tengo una obsesión pura, tiene mi sensibilidad pop favorita, es el rey de la gestión y la autonomía. Últimamente también estuve obsesionado con Dárgelos, aunque la fuerza de Babasónicos creo que está más en las letras que en las melodías. Pero me encanta ese Dárgelos más tardío, fanático de Sandro y los boleros. Cuando deja de lado toda esa literatura y vocabulario culto y se pone a cantar una poesía berreta, kitsch. Me rompe la cabeza porque vino laburando ese personaje durante ocho discos. Y me da la sensación de que nunca lo comió ese personaje, que nunca dejó de ser Dárgelos. Mantiene un completo control de todo lo que hace y causa en la gente. Pero también me gustan las figuras que dicen todo sin decir nada, como Frank Ocean o El Guincho, que tienen una poesía extranísima. Pienso en letras como “gravepines, mango, peaches and lime”, “cotton candy, Majin Buu”, “that’s a pretty long third gear in this car”. “Vuelves como el surf, plástica y valiente”, “haz como el resto de las mujeres”. Es poesía millenial que no podría existir sin el límite de los 140 caracteres. Podés ir frase por frase y sacar múltiples interpretaciones, y eso es algo que también tuve en mente en Coghlan. Por fuera Bolero Midi es un disco de amor, de canciones que le hablan a una “ella”, como un velo que embellece lo que en realidad estoy queriendo decir. Por eso me obsesioné con el bolero. Hay algunas canciones que ya me gustaban y no sabía que eran boleros, como “Tu mi delirio”, de Astrud Gilberto. No hay muchas canciones que me entristecen así, esa es la única que se me ocurre. Y es un bolero pero no habla de amor y nada más.

Bolero Midi por momentos parece ser un disco de amor.
Sí, en un punto creo que tiene que ver más con la forma que con el contenido de lo que quise comunicar. El velo de las canciones es el amor, pero también hablan sobre la violencia del fútbol, el poder judicial, el agua, la familia. El concepto general detrás del disco es la autosuperación. Fue una consagración en mi vida personal poder haber hecho estas canciones.

Foto: Rocío Frigerio

La relación simbiótica entre forma y contenido en las letras de Coghlan también está presente en los estilos y géneros que se conjugan en un único sonido. No es una cuestión de reapropiación superficial o de mezclas agresivas que buscan una primera impresión, como otros actos del under local. La clave en la paleta sonora de Bolero Midi está en la articulación y fluidez de todos estos estilos. En un tiempo en que tanto los medios como los artistas apoyan las categorías reductibles y las etiquetas identificables, Coghlan trae una bocanada de aire fresco a la manera en que los géneros son representados actualmente. “Creo que Coghlan es muy hijo del internet y de la información,” dice Eugenio. “No de las intercomunicaciones, pero sí hijo de los discos, de tener una biblioteca de iTunes. Estoy constantemente investigando y buscando data”.

En una situación similar se encuentran muchos de los artistas junto a los que Coghlan tiene un lugar en Yolanda Discos. La Otra Cara de la Nada, Gativideo, Nunca Fui a un Parque de Diversiones, entre otros, compartieron escenario con Coghlan y afianzaron un compañerismo de aguante mutuo. Hace una semana lanzaron un nuevo compilado con covers de canciones de los ’80 y ’90, para el que Coghlan eligió “Tratar de estar mejor”, de Diego Torres. “Yolanda es un sello que genera valor y coraje a los artistas que están dentro. Ellos saben que no están solos, que tienen apoyo y una voz que los va a escuchar con total sinceridad”.

¿Qué es lo principal que te aportó a vos Yolanda?
Me incentivó a trabajar, porque veo al sello como un grupo que avanza. Este año todas las bandas van a sacar su disco: Fonso, Gativideo, Ignacio del Pórtico, La Vida en Familia, Francisco Villa. Entonces sé que alguien está esperando escuchar mi disco. Y si nadie lo está esperando no me importa, porque yo sí me creí que alguien lo estaba esperando y eso fue suficiente para hacerlo.

Pero más allá de ese alguien, ¿no sos vos el que más lo quiere escuchar?
Uf. Sí, me muero de ganas de escucharlo. Más que nada ahora quiero terminar de grabar, tenerlo listo. Y cuando salga no lo voy a poder creer. Pero ese día nomás, después ya voy a estar pensando en el disco siguiente.

Coghlan está terminando su primer disco, Bolero Midi, que saldrá a principios de octubre a través de Yolanda Discos.

Foto principal: Rocío Frigerio