Christina Rosenvinge es la figura rubia y española, aunque por el apellido no lo aparente, que viene dando que hablar desde fines de los ’80 en su país. En estos lares latinoamericanos, aunque un poco menos en Argentina, marcó la diferencia como mujer del rock en los ’90. A principios de los 2000 cambia de país y de idioma al cantar; apadrinada por Sonic Youth se establece en la escena alternativa neoyorquina. Luego de esa experiencia, y de una trilogía norteamericana, vuelve a su patria y al español en sus letras. Un disco en conjunto con Nacho Vegas, Verano Fatal (2007), y una nueva trilogía en la que despliega sus sentimientos, hicieron que fuese vista como artista de culto. Después de siete años vuelve a Buenos Aires, como parte de una revancha personal con el público porteño y nos presentará el viernes 27/10 en la Sala Caras y Caretas de San Telmo un recorrido por su carrera. Pero sobre todo nos compartirá canciones de Lo Nuestro (2015), disco que ella misma etiqueta como “Romanticismo Industrial”, y parte de su próximo trabajo. Esta entrevista, que es más que todo una charla intima, nos hará entrar en calor para este fin de semana.

Hola Christina, ¿cómo estás?
Hola, ¿qué tal? Bien. Pues me pillas ahora mismo subiendo las escaleras, pero enseguida llego a casa y tranquilamente podemos empezar a hablar (Risas).

¿Querés que te llamé después? Así charlamos con calma.
No, no. Pero si me escuchas que me cuesta hablar es porque estoy subiendo un quinto piso (Risas).

Oh, vaya. ¿Te gusta hacer ejercicio?
No me queda más remedio en este caso, está roto el ascensor.

Uy… Pero sé que eres muy deportista, incluso sé que apoyas el activismo ciclista.
Sí, es cierto. Bueno, no queda más remedio. De hecho, que es algo muy necesario, ¿sabés? Si no cuidás del cuerpo, el cuerpo no te cuida tampoco. Y es fundamental darle lo que necesita. No es por gusto, sino por necesidad.

Supongo que eso te mantiene de una apariencia joven, vital. A pesar de una carrera de más de 30, casi 40 años.
Ujum. Bueno, llevo… no, 40 no. No tanto…

Casi…
Casi, sí. La primera vez que me subí a un escenario yo creo que fue en el año 1980. Pero porque era una jovencita muy precoz, pues no había cumplido ni los 15 todavía.

En ese momento comenzaste en “Ella y Los Neumáticos”.
Sí, efectivamente. Empecé con ellos en una época en la que Madrid era realmente muy fructífera, había un movimiento musical emergente muy potente. Y tuve la suerte de caer en esto porque mi hermana mayor andaba siempre con músicos. Entonces empecé a acompañarlos a conciertos, y tuve la oportunidad de ver muchos conciertos míticos cuando yo era muy joven. Me marcó muchísimo e inmediatamente decidí que era eso lo que yo tenía que hacer.

Luego hiciste un dúo pop a lado de Alex De La Nuez.
Sí. Después de una época de vivir en el underground, por decirlo así, vino otra época en la que las compañías discográficas comenzaron a firmar todo lo que había. Y pues muchos grupos, mucha gente, que estábamos metidos con mucho entusiasmo, nos vimos envueltos en esta dinámica de compañía discográfica grande. En la que habían políticas en las que estábamos de acuerdo y otras en las que no. Entonces ahí hubo una colisión, digamos. Que no solo me paso a mí, que después de dos discos con Alex, salí muy escaldada de la experiencia y decidí montar mi propio proyecto. Y ya a partir de ahí, tener mucho más cuidado con las cosas con que me comprometía hacer.

Y viraste al rock con Christina & Los Subterraneos. Con el tiempo, aclaraste que siempre fue un proyecto que partía de vos al usar tu nombre completo.
Exacto. Yo ya escribía las canciones. En Alex & Christina yo escribía letras y alguna canción. Pero, realmente el arreglista y el productor era Alex, yo llevaba la parte de las letras. Luego, sin embargo, yo empecé a escribir la música y hacerme cargo de todo.

En Latinoamérica marcaste una tendencia importante como mujer en el rock a comienzos de los ’90, sobre todo en países como México, Colombia, Chile y Perú. Pero en Argentina no sucedió lo mismo.
Cierto, cierto. Argentina se me resistió en ese momento (Risas). Pero bueno, todo eso tiene que ver muchas veces por políticas de las discográficas que deciden qué se saca y en dónde. En realidad, yo siempre he tenido mucho interés en tocar ahí, porque tenía muchos lazos personales con Argentina. Pero no llegó a fructificar. Entonces cuando he ido ha sido por un empeño personal, no porque hubiese un sello, compañía o festival. Así que sigo poniéndole el mismo empeño.

La última vez que tocaste en Buenos Aires fue el 8 de abril de 2010 en el Samsung Studio. Viniste acompañada en la batería por Steve Shelley de Sonic Youth, quienes tuvieron que ver mucho en tu siguiente etapa a finales de los ’90, ya comienzo de los ’00. Así que sigamos recorriendo tu carrera para que la gente de por aquí te conozca un poco más. Luego de Los Subterráneos, ya afianzada bajo nombre propio, te mudaste a Nueva York.
Sí, efectivamente. Me fui a vivir a Nueva York durante cuatro años y medio, casi cinco. Y allí había entrado en contacto con la escena alternativa, que estaba viviendo un momento maravilloso, y que era música que tenía grandísima influencia. Conocí a Lee Ranaldo en un festival literario en Holanda, y ahí nos hicimos amigos. Entonces en una visita a Nueva York comencé a conocer a gente de su banda e iba a todos los conciertos en el Downton. Y poco a poco empecé a formar parte de esa escena, es que me invitaban a tocar con ellos. Y hubo un momento en que decidí quedarme a vivir, pensé que iban a hacer pocos meses pero se convirtieron en casi cinco años.

Casi 5 años que dieron fruto a tu llamada Trilogía Estadounidense. Bueno, después de la experiencia neoyorquina, decidiste volver a tus raíces. Aunque decir raíces es una forma de decirlo, porque sos mitad danesa mitad inglesa nacida en España.
Mis raíces realmente son nor-europeas: Tengo un 75 % de sangre escandinava y un 25 % de sangre inglesa. Y sin embargo mi idioma… Mi idioma emocional y lecturas es el español, así que soy una perfecta mestiza como casi todo el mundo en este continente (Risas). En España soy más rara, pero sé que en países como Argentina no es nada extraño encontrar gente con mi misma historia.

Es algo atípico por allí y aquí muy común. Entonces volviste a España, dejaste de lado el inglés, y a usar tu idioma emocional. Y no hay duda que eso fue lo que desplegaste en tu llamada Trilogía de La Mujer. Aunque en el disco que cierra, Lo Nuestro (2015), siento que hay temas cercanos a una perspectiva del hombre.
De hecho en Lo Nuestro ya habían muchas canciones que hablaban desde un yo más amplio y sin género. Sobre todo muy influenciada por el momento que se vivía en España, porque escribí esas canciones a lo largo del 2011-2012 en plena crisis y también en pleno estallido social del 15M. Aquí fue un apocalipsis, o digamos como la erupción de un volcán. De hecho algo muy necesario, muy refrescante, que ha traído cambios muy positivos y también un cuestionamiento moral de todo lo que se estaba haciendo de parte de las instituciones que me ha parecido muy saludable. Lo Nuestro tiene canciones como “La Tejedora” que directamente habla del rol femenino en la maternidad, de la entrega que parece que es inevitable en el papel de madre. Usando la analogía de una obra de Louise Bourgeois, es esa araña gigante. La entrega a veces es una renuncia demasiado grande. Y otras canciones hablaban de la crisis política que estábamos viviendo. El disco que he hecho ahora es un poco consecuencia, un poco. Ya he estado adelantada en alguna canción con el tema del género y estoy escribiendo desde un yo masculino. Tendrá entonces nueve canciones desde esa perspectiva.

Supe que “La Tejedora” surgió en Huacho (Perú). ¿Qué fue lo que te hizo nacer aquella canción en ese lugar?
Cierto, cierto. Mirá, las canciones nacen normalmente de cruces e influencias muy dispares. Y a mí me gusta mucho forzar esa disparidad porque así es como encuentro la originalidad. Es decir, no podés inventar cosas nuevas pero sí podés mezclar las cosas de una forma insólita. Cuando sos turista, no inventas nada. Entonces como yo tengo alma mestiza, aplico eso a la música. “La Tejedora” es una canción rock muy oscura y con sonido más bien industrial, sin embargo la parte vocal está muy influenciada por la música folklórica. Había visto en ese momento unas danzas indígenas que me interesaban muchísimo porque las mujeres daban unos gritos extraños que no se sabía si eran de alegría o de amenaza. Entonces los grabé, y luego cuando estaba en el estudio para grabar esta canción, estaba intentando inventar mi propio grito de guerra que significara eso, alegría y al mismo tiempo imponer respeto. De furia, que tuviera todas las emociones en uno. Y probé con muchos distintos, intentando buscar algo como lo que había escuchado esa noche en un espectáculo folklórico.

En Perú hay mucho folklore que resalta el lado matriarcal en sus costumbres, a pesar del machismo. Pero sé que muchas mujeres se hacen respetar, al menos en algunos lugares en el interior. Justamente hablando de guerra, usas estos gritos en una canción tan femenina como “La Tejedora”, y en cambio en una canción de protesta, como lo es “Alguien tendrá la culpa”, usas coros de niños.
Hay mucha ironía en eso. Es porque yo tengo hijos pequeños y me parece que la gran traición de la supuesta década de bonanza económica que se está viviendo en España, y que parecía que había de todo para todo el mundo, en realidad era una burbuja que se pinchó. Y me parece que hubo un juego de parte de los poderes económicos con el futuro de la gente. Directamente, familias enteras se endeudaron. Nunca nos hemos vuelto a recuperar, aunque se venda que sí. Y lo que ha comprometido todo eso es el futuro de nuestros hijos. Es la primera vez que España va a ver una generación que va a vivir peor que la anterior. Bastante peor. Entonces en esa canción hay coros acusatorios de niños. Aparentemente ingenuos, pero en realidad están acusando.

Pensando en lo que se vive hoy en Cataluña, sé que te sentís más ligada e identificada con Barcelona que con Madrid. ¿Cuál es tu visión sobre la crisis catalana?
Sé que es una situación muy compleja para entender desde afuera. Desde aquí adentro también es difícil. Realmente no se puede simplificar el problema de la crisis catalana en cuatro palabras. Lo que sí te puedo decir, es que los políticos de un lado y otro han fallado a la hora de hacer política, a la hora de arreglar todo esto con un diálogo que tenía que venir desde hace muchos años, en lugar de que esto se enquistara al llegar a un enfrentamiento. A mí me parece que la crisis catalana es un fracaso de la política. Y un problema creado por ellos, sin cura. Creo que han fallado en su función.

En el 2011 sacaste una caja recopilatoria de tu carrera, Un caso sin resolver, que sin dudas que lo sentí así porque me pareció algo apresurado. Pero sé que lo hiciste medio obligada, medio a gusto para que la discográfica no lo manejara a su antojo. Ahí incluiste una canción en catalán, “El Sud”. Me pareció maravilloso oírte cantarla, ¿harás nuevas canciones en ese idioma?
Evidentemente sería el momento de hacerlo. No sé, no te quito la menor duda (risas). En ese momento lo hice, de la misma manera orgánica que todo ocurre, estaba tocando con músicos catalanes. Y Refree tenía esta canción. Yo quería hacer una canción suya y entonces elegí esta. A él le sorprendió muchísimo que eligiera una en catalán. Y dije: Llevo toda la vida cantando en francés, italiano e inglés. ¿Por qué no voy a cantar en catalán? Lo hice y el resultado fue muy bonito. Es una canción preciosa que habla sobre tener una casa en el campo y relacionarse con la vida del poblado, de volver a una cierta pureza de espíritu. Ean cosas con las que me identificaba totalmente.

Raúl Fernández, Refree (Silvia Pérez Cruz), ¿seguirá trabajando contigo en este nuevo disco y etapa?
No. Después de Lo Nuestro, él se ha dedicado a otras cosas y yo también. Entonces en el disco nuevo, yo he tomado los mandos de la producción y lo he grabado con los músicos y el ingeniero de sonido del directo. Es un disco muy familiar, todos los días agarraba mi bicicleta, hacía seis kilómetros hasta el estudio. Grababa y volvía a tiempo a casa para hacer la cena. Ha sido una grabación muy bonita y familiar.

A pesar de ir al estudio, estás atenta a las nuevas tecnologías. El anterior lo maquetaste en la tablet…
Sí, lo sigo haciendo. Ahora mismo compongo en la computadora. Es raro que haga una canción acústica y se la enseñe a alguien, así normalmente. La grabo en la computadora y le meto 12, 14 pistas con arreglos y todo. Las nuevas tecnologías tienen su lado positivo y negativo. El positivo es que te permite avanzar en el proceso en solitario mucho más que antes. Eso es muy valioso a la hora de saber en qué canciones vas a trabajar y en cuáles no. No te lo podés imaginar, ya que podés directamente escuchar cómo sonaría un arreglo de cuerdas en una canción. Y eso es algo muy útil. También cambia la forma en la que se trabaja. Por ponerte un ejemplo, yo antes trabajaba sin plaqueta. Es decir, no estaba pendiente de seguir el tempo rígidamente, lo cual me lleva a un punto de composición más libre. Ahora, sin embargo, trabajar con todo bajo plaqueta y programación me ha supuesto una limitación y al mismo tiempo me ha llevado a descubrir otras cosas que antes no usaba. Es decir, perdés y ganás algo.

Eso te permite experimentar en el sonido del rock, al cual volviste en esta nueva etapa. Ya sacaste una trilogía estadounidense, una de la mujer. Con el próximo disco, ¿comenzás otra?
Es que nunca sé si van a ser trilogías hasta que termino el tercero (Risas). No sé cuánto me va a durar el tema. Empiezo con algo y luego voy viendo hasta donde llego. Es complicado.

Te mencioné que en tu última visita viniste con Steve Shelley, también con Alberto Rodrigo y Charlie Bautista. Y me contás que los músicos con los que grabaste el disco que está por salir, son los que te acompañan en vivo. ¿Quiénes son ellos?
Durante mucho tiempo grababa con músicos estadounidenses, a pesar de que lo hacía en español pero era porque tenía mucha confianza con mi banda neoyorquina. Luego trabajé con Refree y ahí entré a trabajar con músicos catalanes. Ahora mismo estoy metida de lleno en La Comunidad de Madrid, y son músicos que viven aquí. Por ejemplo está Emilio Saiz…

¿El hijo de Suso?
Sí, exacto. Es el hijo de Suso, el va a tocar la guitarra. En ese sentido es bonito porque he trabajado con su padre y ahora trabajo con él. Lo bonito de ser intergeneracional es que te relacionas con los dos. David T. Ginzo y Juan Diego Gosálvez en la batería.

Recuerdo al último de la banda de Russian Red. Tal como Charlie Bautista, que también vino por acá acompañando a Tulsa.
Sí, han hecho cosas muy dispares. Desde Russian Red a Tokyo Sex Destruction. Son músicos muy capaces, que tienen en torno a 30 años, y que me han llevado también a este nuevo sonido que tengo ahora. Que es un sonido más contundente, más sólido y mucho más denso del que tenía en la última visita a Buenos Aires. Las canciones ahora tienen una nueva sonoridad. Y es que todos ellos trabajan con programación, entonces están acostumbrados a trabajar con una cosa o con la otra. Eso es un arma creativa más.

Con ellos grabaste las 9 canciones que conforman tu próximo disco. ¿Se podrá saber cómo se llama o aún estás pensando el título?
El título ya lo tengo desde hace meses, y dentro de poco vamos a develar la primera canción. Pero en esta visita he tenido demasiadas dudas sobre que llevarles. Porque tampoco quería presentarles lo más nuevo sin que conocieran Lo Nuestro, que para mí es un disco importantísimo. Entonces he llegado a la conclusión de hacer casi mi último concierto de la gira y luego volver en cuatro meses para presentar las nuevas canciones (Risas). Lo que realmente me gustaría es tener una relación más estrecha con Argentina.

Un periodista compatriota mío te hizo una pregunta acerca de que si te mudarías de nuevo a otro país para comenzar tu carrera, como hiciste al establecerte en Estados Unidos. Aunque te preguntó si lo harías en China… ¿No te interesa mudarte a Buenos Aires justamente para tener mayor relación con los músicos de acá?
A mí me interesa muchísimo hacer intercambio con los músicos de allá. Sobre todo porque creo que hay una nueva generación de la cual siempre oigo cosas muy interesantes cuando estoy por allá. Creo que hay una integración, que en eso le llevan la ventaja a España. Porque España de alguna manera ha vivido de espaldas. Los años ’80 fue una especie de muro, y todo lo que estaba al otro lado la nueva generación lo despreció. La movida despreciaba absolutamente todo lo anterior, luego lo indie despreciaba lo anterior. Y creo que eso me parece poco sabio. Hay que ir integrando, tanto el folklore, como todo lo que ya se ha hecho y que vale la pena. Integrarlo en las nuevas visiones, en eso sí creo que Latinoamérica lleva la ventaja. Oigo ideas y sonidos muy vanguardistas cuando estoy allí.

¿Qué artistas de estos lares andan dando vueltas en tus oídos?
De Argentina a mí siempre me ha gustado Juana Molina. Siempre me ha interesado muchísimo lo que hace. Y de Chile, Camila Moreno también me interesa un montón.

Ya que mencionás Chile, recuerdo que dijiste que como artista te sentías más cercana a Violeta Parra que a Madonna o Shakira, dado a que las discográficas quisieron virar tu carrera a ese lado tan comercial. Pero siento que sí, que tus letras tienen ese grado de poesía propio de la primera…
Sí, cierto.

Te cuento que hace poco estuve en un camping de poesía en el que invitaron a tres cantautores argentinos a debatir acerca de las canciones y sus letras. Por cierto, te los recomiendo…
Esperame que anoto.

Eran Adrián Paoletti, Paula Trama y Violeta Castillo. Hicieron un intercambio de cómo surgía para ellos la composición de las canciones, si primero era la letra o la melodía, los métodos que usaban. Yo me imagino que a vos primero te surge la letra y luego la melodía. ¿Cómo es ese proceso?
En absoluto. Ahora mismo estoy escribiendo sobre eso para algo. De hecho es un estudio un poco serio sobre este tema. Y no, yo suelo empezar por la música. ¿Sabés por qué? Porque si empezás por la letra te vas a métricas poéticas, que muchas veces no se pueden aplicar a la música. Porque la métrica de la música responde a una lógica de la música, que es muy distinta a la lógica de la poesía. Entonces, aunque es mucho más complicado, me parece que vale la pena comenzar por la música y luego comenzar a hacer la letra. De vez en cuando escribo líneas que luego meto, pero siempre acabo haciéndolo en este sentido. O sea, aunque comience la canción con dos frases que tengo escritas y busco la melodía para eso, para el resto de la canción busco la música y luego encajo la letra. Porque encuentro que si no te vas a melodías muy monótonas, que hacen ping-pong entre dos notas, que metés demasiadas palabras, que metés demasiados adjetivos. Creo que lleva a un tipo de escritura que no se puede aplicar tan bien al pop. Sí que se puede aplicar a la música tradicional, al folklore, pero no tan bien al pop. En esa mesa que escuchaste, qué decían ellos?

Cada uno decía una forma distinta de hacer las cosas. Primero se les aparecía la melodía, luego se acercaban a la letra. O hacían la letra/poesía, y de acuerdo a la emoción que esta generaba surgía la melodía. Citándote un poco, dijiste alguna vez que Leonard Cohen y Bob Dylan habían creado el género de la poesía cantada, yo también considero que estás dentro. ¿Cómo lo sentís vos?
Pues muchas gracias, es todo un honor lo que estás diciendo. Para mí, los anglosajones hacen música pop muy buena. La base que tenemos los hispanos es una lengua muy potente y con una herencia literaria brutal. Si juntamos todos los países, la altura de las cosas a la que se llega en la poesía es maravillosa y creo que la posibilidad de escribir en español es un regalo en realidad, aunque cueste a veces adaptarlo a la métrica musical. Las letras para mí son importantísimas, y son nuestra basa. Les dedico demasiado tiempo. Te diría que a la composición le puedo dar un par de tardes y a la letra le puedo dar un par de semanas, cuando no un par de meses (Risas). Es decir, mucho más trabajo, porque es fundamental. Y es que gracias a la letra es que uno tiene la posibilidad de pasar el océano, de ir a tocar a otro lado. Porque están entendiendo lo que escribís y compartiendo una emoción que es universal. Si no cuidás las letras, y decís cualquier cosa que se te ocurre, no se produce esa magia.

Se sienten, tanto hombres como mujeres, identificados con tus letras. Va mucho más allá del género. Sé que tenés una posición ante el feminismo, que no te gusta entrar en acusaciones. Es complejo tratar de que entiendan eso, ¿no?
Absolutamente, pero hay toda una visión del feminismo que es así… Hay todo un sector del feminismo que considera que los hombres también son víctimas de una sociedad patriarcal donde tienen que cumplir funciones de proveedores y luchadores, con la que no todos se sienten identificados, y que también en ellos resultan forzadas. Realmente, el pensamiento feminista, aunque se llame así porque se trata de empujar a las mujeres a conquistar terreno, en realidad también es una forma de pensar que libera a los hombres. Es decir, el pensamiento feminista lo que dice es que el sexo con el que naces no tiene que determinar tu futuro. Lo que tiene que determinar tu futuro son tus preferencias, tus dotes, tus talentos, pero no el sexo con el que naces.

Hablando del pensamiento masculino, cómo llegaste al concepto de Un hombre rubio?
Este disco ha nacido de todo un posicionamiento, yo tengo dos hijos varones, y todo nació porque escribí una canción que es un homenaje a mi padre que murió hace 26 años. Intenté realmente meterme en su forma de pensar y entenderle. Entender porqué había sido un hombre tan duro y por qué había sufrido tanto. Había sido un mal padre, no te voy a engañar. Pero ya ha pasado tanto tiempo, y mi resentimiento como hija digamos que está más que olvidado. Pero yo quería verle como hombre, indagar en lo que tenía adentro. Y por eso empecé a escribir en masculino. Todo eso me ha llevado a un juego muy entretenido. Hay canciones un poco más sinceras y más graciosas, otras en cambio son más densas. Es lo que he intentado, ha sido francamente difícil te diré (Risas).

Mencionás que tenés dos hijos. Uno de ellos te hizo los coros en la canción dedicada a tu hermano, “Jorge y yo” del disco La Joven Dolores. ¿Alguno de ellos se está dedicando a la música? Si es así, supongo que con tu experiencia los aconsejás sobre esta carrera.
No. El mayor, a pesar de tocar muy bien, ha comenzado a estudiar arquitectura. Y el pequeño, que tiene 13 años, puede que tenga un espíritu más díscolo y le gusta mucho la música. Es posible que se dedique a ello. Pero no lo sé. Eso es algo que no se debe ni imponer, es algo que depende de ellos.

¿Cómo lograste compaginar tu faceta de madre y mujer con tu carrera?
Tengo la suerte de que el padre de los niños, Ray Loriga, es un escritor muy conocido. Pues hemos podido compaginar el cuidado de una manera que nos ha permitido tener a los dos una carrera. Eso es algo muy importante para poder conseguir la libertad suficiente para desarrollar tus ambiciones personales. Entonces es importante compartir los deberes de crianza. Así que yo siempre animo a todos los padres a que asuman su parte de la crianza, porque al final te queda una satisfacción, una recompensa muy grande con el tiempo. Aunque de pequeños los niños sean un sacrificio.

Leí Héroes y vi La pistola de mi hermano de Ray, y ahí estabas a lado del argentino Viggo Mortensen. ¿Volverías a incursionar en el cine? Sé que hace poco hiciste la canción “Caer” para la banda sonora de Rumbos, pero me refiero si es que actuarías de nuevo.
Mmm, no creo. De hecho, las dos películas que hice fue porque los directores eran muy próximos a mí y habían escrito papeles para que yo los hiciera. Así que ni siquiera tuve que hacer un casting. ¡Me encanta el cine! Pero precisamente porque lo respeto mucho, creo que la interpretación es toda una carrera en si misma a la que le debes dedicar el cien por ciento de tu pasión y de tu vida. Y la música también, creo que no puedo hacer las dos cosas simultáneamente.

¿Qué podemos esperar de vos y tus músicos en tu concierto en Buenos Aires?
Vamos a mezclar canciones del último disco con otras cuantas que se han convertido en clásicos, pero no las tocamos de la misma manera en que las grabamos. Las tocamos en versiones distintas. Es muy estimulante esto de revisar cosas que ya has hecho. También quiero estrenar alguna canción del disco nuevo, que no se han tocado todavía y empezar a rodar ya. Lo que quiero sobre todo es tocar esas canciones que creo se van a entender muy bien. Bueno, estoy deseando estar delante de ese público que he descuidado durante mucho tiempo y reiniciar esta relación.

Sé que en lugares del resto de Latinoamérica están siempre expectantes a que hagas en vivo canciones como “Pálido”, “Voy en coche”. Aunque sé que te gusta tocar siempre lo nuevo, que es lo que corresponde. ¿Cómo te sentís al estar reviviendo tus éxitos de los ’90?
Durante cierto tiempo viví un poco de espaldas a esas canciones, y las retomé porque había un requerimiento popular de que lo hiciera. Tanto en Perú, Chile y en Colombia. Eso me ha forzado a encontrarme con esas canciones otra vez y me ha gustado. Aunque son canciones que están escritas en otro momento… Momento en el que yo aún era un poco naif componiendo. Pero tienen algo muy bonito, muy refrescante. Así que me gusta tocarlas, sobre todo me gusta que esas canciones tengan un poder simbólico tan grande. Siento que ya no me pertenecen a mí. Le pertenecen a la gente y no quiero decepcionarles. Quiero encontrar la manera en que esa canción pertenezca al presente y eso es lo que he estado haciendo en la reedición de los arreglos.

Se podría decir que lo tuyo ya es Lo Nuestro. Crecimos escuchándote, influenciaste a muchos. Esto ha hecho, de un modo u otro, de que te definan de muchas formas. Desde musa del indie a artista de culto. ¿Pero cómo te definirías vos?
Generalmente me veo como una trabajadora del verso, como tantos otros. Me veo como una trabajadora ya que es algo que nunca es fácil, nunca está regalado. Hay que luchar por ello, y sigo haciéndolo como el primer día porque creo que vale la pena.

Con el paso del tiempo siempre vas mejorando, superándote. Como decías, al comienzo eras naif, pero luego de toda tu experiencia a cuestas, seguís madurando.
No queda más remedio que madurar, ¿sabés? Cuando estás en diálogo constante con la gente, con lo que ocurre. Con lo que eres capaz de entender, que antes no eras capaz de entender. Pues no queda más remedio que crecer hacia adelante. Es la única manera.

Christina Rosenvinge se presenta esta noche en la Sala Caras y Caretas de San Telmo (Venezuela 330, CABA), desde las 21hs. Más información. Evento en Facebook. Lista de descuentos de Indie Hoy.