“El tiempo acomoda, lo demás sólo es fortuna”, canta El Chávez en el estribillo de “Desordenado”, y lo dice con conocimiento de causa. Tiempo pasó, y mucho, desde aquel encontronazo con Gustavo Santaolalla que terminó dejándolo afuera de Árbol, banda de la que era fundador además de batero; pero poco se imaginaba el entonces adolescente Matías “Chávez” Méndez, que aquello que parecía un infortunio, se convertiría en una bendición.

Entonces viajó un tiempo por Latinoamérica, fundó el proyecto “power-dub” Nuca, grabó tres discos, y en paralelo siguió creciendo como productor; rol desde el cual le imprimió su identidad a muchísimas bandas del conurbano (más adelante tendría la oportunidad de producir a artistas de la talla de No Te Va A Gustar y Gustavo Cordera). En 2010 sorprendió a la escena resignificando la cumbia de la mano de Morón City Groove, su as bajo la manga y debut musical bajo el seudónimo que hoy lo identifica. Luego de dejar en claro que su militancia sería desde la pista de baile y su apuesta por la fusión de géneros, Casanova Style y Brooklyn Güiros vinieron a completar una especie de trilogía. En el medio siguió produciendo, compuso un tema para un unitario del Trece, afianzó su formación en vivo e incluso logró presentar su propuesta -a la que denominó “cumbia del oeste”- en uno de los festivales más importantes de Latinoamérica, el Vive Latino.

Hoy, consolidado como productor y exponente de la música urbana latinoamericana, este Ave Fénix del groove sigue bien comprometido con su causa. En noviembre del año pasado lanzó “Insolación” en colaboración con Jeites, un adelanto de lo que será su próximo disco, y este sábado estará presentándose en vivo en la 4ta edición del festival Al Espacio, a realizarse en la Sala Siranush.

A 8 años de su lanzamiento, ¿cómo ves hoy Morón City Groove, y qué aporte sentís que hizo al panorama de la música urbana en aquel momento?
En lo personal, lo veo como la piedra fundacional; también fue pasar del mundo del rock de pub al mundo del baile, y particularmente a ese extraño lugar de hacer música popular sin ser popular, más bien todo lo contrario. Siento que fue un empujón para otras bandas y solistas que estaban en una búsqueda similar porque abrió el juego; se usó mucha música de ese disco para televisión y publicidad, tuvo mucha repercusión y buena prensa. Le dio visibilidad a esa música, y la puso en el mapa para gente que estaba en otros palos.

En esta propuesta musical que bautizaste “cumbia del Oeste”, tomás dicho género como punto de partida y lo entrecruzás con reggae, dub, hip-hop, electrónica, rock… incluso Leo Belizán, productor de La Liga, colaboró en un track de tu último disco. ¿Tuvo aceptación esa fusión entre los fans de la cumbia más tradicional? Tratándose de un género tan popular y masivo, ¿sentís que lograste derribar prejuicios en ese sentido?
Trabajé bastante con La Liga y estuve muy vinculado a ellos, me metí en ese universo de música bien popular y traté de tender puentes; pero salvo raras excepciones, a la gente que escucha cumbia popular no le interesan otras músicas ni otros artistas que vengan de otros lados, o que no los representen en su forma de pensar, de cantar o de vestirse. Sí sentí mucho respeto, siempre; pero la ilusión de unir esos dos mundos no la pude concretar.

Con “El nervio popular”, el track que compusiste para “El puntero”, seguramente mucha gente que no te conocía entró en contacto con tu música. ¿Dirías que sonar en un unitario del Trece marcó un antes y un después en tu carrera?
Eso tuvo repercusión en su momento, de un modo efímero, como es la televisión: pura espuma… cuando bajó la exposición no quedó nada muy sólido. Sí sirvió para potenciar ese momento del grupo, nos dio un poco de chapa.

Proponés una situación de baile, pero muchas veces tus letras invitan a la reflexión. ¿Qué tan intencional es ese contraste?
Y bueno, eso define mi música: beats semi-tropicales hechos por una mente compleja. Al momento del ritmo, se libera el mono que llevo adentro. Con la birome en la mano, se pone más intrincado el asunto, je. Es lo que soy.

¿Te juega a favor el hecho de tener tanta experiencia como productor a la hora de hacer tus propios discos, o sucede al revés? ¿Te cuesta ser objetivo con tu trabajo?
Me juega a favor el hecho de poder hacer los discos como quiero y cuando quiero, solo o con la banda. Y por otro lado, si estás trabajando 10 horas por día en discos de otros artistas, después no te queda mucho resto para tu música. Se da por épocas; a veces me enfoco y dedico las mejores horas del día a mi música, pero sucede cada tanto. No me cuesta ser objetivo, me doy cuenta al toque si está bueno o si es una bosta, no me la careteo. Cada vez lo vivo más como un juego, sin ninguna presión: fantasía pura.

Ya te habrán preguntado muchas veces sobre tu salida de Árbol; pero lo que me parece realmente interesante para rescatar es la importancia, sobre todo para un artista, de ser capaz de reinventarse a sí mismo. Creo que en ese sentido saliste más que fortalecido de la experiencia. ¿Lo sentís de ese modo?
Bueno, nunca sabré qué hubiera pasado si me quedaba; es un misterio. Sí sé que pude reinventarme a fuerza de mucha voluntad y perseverancia. Encontré mi lugar desarrollando mi estilo como músico y productor, y trabajar de músico es lo que siempre quise desde chico: tocar, estar en el estudio, y poder pagar las cuentas haciendo eso. Es un lujo.

Con la trilogía Morón City Groove/Casanova Style/Brooklyn Güiros, resignificaste la pista de baile y creaste un universo propio. ¿Por dónde sigue ahora tu búsqueda? ¿Habrá nuevo disco este año?
Pasó mucho tiempo desde que salió el último disco; siento que cerré una etapa muy concreta con eso, y todo este tiempo estuve bosquejando cosas nuevas sin mucho foco; como si tuviera un lienzo en blanco y muy cada tanto pasaba y le daba una pincelada, la miraba un rato y me iba. De eso quedaron puntas, aristas hacia donde ir y en eso estoy embarcado, sin ningún apuro. Fui cerrando las canciones que más me gustaban y de ahí salió “Insolación”, que tiene parentesco con lo más cancionero de los discos anteriores; menos baile, más canción. Y en abril vamos a sacar otro single, “Los Astros”, que hicimos en colaboración con Lo’ Pibitos y Amílcar Nadal; es un funk duro del conurbano, muy bailable y canchero; marca el rumbo musical que tomará la banda. Cuando tenga lista un puñado de canciones que me generen lo que me genera esta nueva, voy a editar el disco.