Pocas veces en la vida uno tiene la chance de poder conocer más sobre la historia que tanto se busca desentrañar con el fin de conocer mejor la realidad que nos rodea. Entendiendo el pasado uno puede encontrar ciertas estructuras que se repiten. Hay estructuras buenas y otras condicionantes. Todo se repite y lo bueno vuelve, y el misterio es algo que queda en el pasado cuando entendés que todos en el fondo buscan sentirse queridos y sentir el menor temor posible.

Fantasmagoria es parte de nuestra cultura musical, de esa que se forma cuando vos te juntás con tus amigos a mejorar sus canciones, o cuando vas a buscar algún lugar para armar una fecha, o te ponés a diseñar un flyer para tu amiga que es una de las que se encarga de preparar un festival con bandas independientes, o te esforzás para que la gente sepa que el fin de semana tocás en el show aniversario de tu banda. Todas nuestras acciones forman la escena y como en todo, hay acciones buenas y otras condicionantes. Por sobre todas las cosas, todos estamos en la misma.

Gori, alma mater de Fantasmagoria, y una de las pocas leyendas vivientes que nos quedan en la música, me mandó un audio por Whatsapp diciendo que estaba llegando a la Rock & Pop, ya que tenía una entrevista en un programa, y que cuando termine y pueda retornar a su hogar, iba a poder contestarme las preguntas que le hice.

Unas cuantas horas después, mientras yo estaba en una fecha cerca del Abasto en donde tocaban unas bandas y había cierto agite cultural, comencé a recibir sus respuestas. Escuché una parte y me maravillé. Pocas veces en la vida uno tiene la chance de poder conocer más sobre la historia que tanto se busca desentrañar para conocer mejor la realidad que nos rodea, y estaba frente a eso.

Esto es una parte del extenso intercambio de información que hemos tenido con Gori:

¿Dónde naciste y cual fue el lugar en donde te criaste? ¿Cuánto influenció el barrio sobre tu música?
Nací en Buenos Aires, por Constitución, y me crié acá hasta la adolescencia. Después a los 12 años nos fuimos con la familia a vivir a Barracas. El barrio en donde nací no me influenció musicalmente porque más que nada salía a jugar a la pelota; era muy chico todavía. Pero en un colegio que fui en Barracas conocí a un compañero que era fanático de Kiss como yo. Su hermano que era más grande, tocaba en una banda de heavy metal de La Boca. Eso fue algo que me marcó mucho: fue la primera vez que vi a un rockero. Un tipo con pelo largo y chaleco con tachas. Así que armamos una banda con mi compañero, estábamos nosotros en quinto grado, y nos íbamos a ensayar a la casa del hermano. Ahí vi su habitación que estaba repleta de posters y revistas de bandas de rock y heavy metal. Eso fue el contacto que tuve con el barrio.

¿Cuáles fueron tus primeras experiencias musicales?
El primer contacto con la música que tuve fue acá en esta casa de Constitución, lugar donde volví a vivir hace ya siete años más o menos. Es un departamento de dos ambientes de mi familia. Vivía acá con mis viejos y mi hermano, Gustavo, que fue el primer guitarrista de Fantasmagoria. Él fue el compositor del tema “Araucaria” y tiene cinco años más que yo. En esta casa se celebraban los cumpleaños familiares. Venían mis tíos que por parte de mi viejo son de Paraguay y de parte de mi vieja son de Santiago del Estero y son folcloristas. Venían con sus guitarras y después de comer, cortar la torta y cantar el feliz cumpleaños, sacaban las guitarras y se ponían a tocar. Se pasaban bastante tiempo tocando. Yo me metía en el cuarto con mis primos a jugar algo, pero por momentos me maravillaba por el hecho de ser la primera vez que escuchaba una guitarra sonando. Tenía menos de ocho años. Después otro de los primeros contactos que tuve con el rock se debió a mi hermano. Él volvió del colegio con una foto de Paul Stanley, guitarrista de Kiss, puesta en su carpeta de secundaria. Vi esa foto en donde estaba Paul pintado, super lookeado arriba de una moto. Le pregunté que era eso y me dijo: “Es Kiss, una banda de rock”. Ahí supe que quería hacer eso. Se acabó todo problema vocacional.

Ya son 15 años con el proyecto de Fantasmagoria. ¿Te imaginaste un momento así, de tener varios discos en tu haber, de girar constantemente tocando en varios lados de la región?
15 años es un montón, sí. Armé Fantasmagoria como proyecto casi solista con un nombre de banda porque me gustan más las bandas que los solistas, pero haciéndome cargo del liderazgo y de la composición de todas las canciones. Siempre armaba bandas con un co-equiper y eso en algún momento llega a desgastarse y terminás separándote. Ya estaba cansado de armar y desarmar bandas. Tuve muchas. Entonces armé Fantasmagoria y dije: “Esta me va acompañar para siempre”. Y mientras tanto voy tocando en otras bandas. Ahora toco en tres bandas más. Siempre digo que yo soy como el anfitrión a esta mesa que es Fantasmagoria y los músicos que tocan conmigo están invitados a venir, a comer y a cocinar también.

Hablemos de la relación con los miembros de la banda. Sos el único que ha sobrevivido al paso del tiempo. ¿Con qué músicos estás trabajando ahora? ¿Son los mismos que los que grabaron el último disco? ¿Qué lugar creativo tienen en la banda?
La formación de ahora es prácticamente nueva. El único que grabó el disco es Mariano Acosta, que es el tecladista. Después está Dani Rollano que es el bajista, que en realidad era el guitarrista de Dani the Kid y de Motor Loco, que era la banda del Fachi, que tocaba en Viejas Locas. También está Nacho Piedrabuena, que es guitarrista de Blues Motel. Así que en esta formación está bastante rolingueada la situación. Completa la formación Oliver, que es un chico inglés que conocimos hace poco. Vive hace un año acá y habla poco español. Lo curioso de él es que toca de otra manera. Yo digo que toca “en inglés” porque no está influenciado para nada ni por Charly García, ni Spinetta, ni por Cerati, ni Calamaro, ni nada nacional ni latino. Él escucha música inglesa y americana, así que tiene un toque especial. Nunca había tocado con una persona inglesa. La música y las letras las hago enteramente yo, pero consulto un montón. A la hora del show también. El manager de la banda prácticamente soy yo, pero ahora nos está ayudando Caro Ban. Siempre soy el que cierra la fecha y les pregunto a ellos que les parece la tocada, el arreglo, si les gusta o no les gusta la idea. Y decidimos entre todos si la hacemos o no. Igualmente la lista de temas: en la sala todos opinamos qué temas se tocan o qué no. Quizás como estoy hace mas tiempo pido de tocar los temas nuevos. Sin embargo, el asunto es muy democrático.

Fotografía: Daniela Cilli
Fotografía: Daniela Cilli

Ya que estamos hablando de la composición, ¿Cuál es tu forma de componer? ¿Aparece primero la melodía o el mensaje? ¿Cuánta importancia le das a la poética de las letras? ¿Cómo es el trayecto de la canción desde que la pensás hasta que llega al público?
Hay varias maneras de componer. Por ahí se me ocurren frases, por ahí se me ocurren ideas o palabras y voy anotando todo en un block de notas que le puse de nombre “Work in Progress”. Puedo estar caminando y que se me ocurra una melodía y la tarareo y la silbo o lo que sea. O voy manejando y se me ocurre lo mismo y paro y saco el teléfono que tiene la opción de grabar notas de voz. Tengo muchísimas grabaciones que paso a la computadora para evitar perderlas. Puede aparecer primero la melodía o la letra, pero cuando aparecen las dos cosas juntas es como un milagro. Es cuando la canción tiene más fuerza. Me pasó eso en varias canciones y es mucho más fácil terminarlas. Le doy bastante bola a las letras. No me gusta hacer canciones que digan poco. Por ahí el mensaje está como medio encriptado, pero si te digo dos o tres palabras acerca de lo que estoy hablando, entendés toda la letra. Por otro lado también me gusta que si el mensaje está encriptado y vos le das otra interpretación, sea igual de válido. Eso ya me ha pasado con varias personas que me dicen: “Che, qué buena que está esa letra que habla de tal cosa”. Y yo le digo: “Mirá que flash cómo interpretaste eso, porque en realidad la escribí pensando en otra cosa”. Está buenísimo cuando eso pasa. Si la letra se entiende, tiene mas fuerza toda la canción y la gente se siente más identificada y más acompañada por la letra. Sobre el trayecto de la canción, puede que la toquemos antes de grabar o la compongo acá en casa, grabando un demo en la computadora con una batería programada. Ahora justo cambié la computadora y estoy buscando el método que me sea más cómodo. Se la paso a los chicos y luego vamos a la sala y ahí la canción sufre una mutación. Después puede que vaya al disco y que después la toquemos o que directamente la toquemos antes que se grabe.

En una entrevista dijiste que viviste en casa de Mariano de Attaque 77, que era una casa comunitaria, en donde entraba y salía gente. Contanos un poco de esa época: ¿Quiénes eran los que iban y venían? ¿Con cuánta regularidad componías en esa época? ¿Lo viviste cómo un período creativo positivo o uno que costó demasiado?
Sí, viví en la casa de Mariano de Attaque que queda en el barrio de Once, por Avenida Jujuy y Avenida Belgrano. Una zona bastante picante. Ahí vivía Mariano y ensayaban ahí porque habían hecho una sala acustizada. Cuando se fue, Mariano vació la casa y se fue a vivir a Córdoba. Dejo la casa al cuidado de una amiga llamada Flor que tiene una banda llamada Podrix y después también vivió Flaquito Funes, que labura muy bien como stage con un montón de bandas. A la vez ellos tenían una banda llamada Cexxxa y ensayaban ahí, también lo hacía Fantasmagoria y más bandas que ahora no recuerdo. Entraba y salía gente todo el tiempo porque al ser una casa comunitaria todos tienen amigos y se producía eso. Viví un tiempo ahí no sólo con ellos sino con más gente, que eran amigos de los que estaban o gente que eventualmente alquilaba un cuarto. Luego empezaron alquilar más cuartos. La casa era muy grande: Tenía ocho habitaciones y una terraza gigante. Sin olvidar de contar a la sala que era enorme y estaba toda acustizada. Nosotros le llevamos nuestros equipos. Muchas veces me lo encontré ahí al Pity (Alvarez) y nos quedábamos tocando la guitarra y charlando. También caía Ezequiel Araujo. Yo llevaba a mis amigos y nos quedábamos hasta la mañana directamente. Una vez me acuerdo que nos quedamos con O’Connor. Él me hacia escuchar a los Beatles porque es muy fanático de ellos y yo no. Me hacía escuchar y me explicaba por qué le gustaba y me mostraba ciertas partes que le fascinaban.
No me acuerdo si componía seguido. Ahí viví más o menos dos o tres años. Estuvo bueno, pero ya en un momento había mucha gente en la casa y quería un poco más de privacidad. Por lo que me vine a vivir a este departamento de Constitución. Lo viví como un proceso muy lindo, muy creativo, de ensayar teniendo la sala dentro de casa y tocar en pantuflas sin apuro. De poder cortar el ensayo e ir a comprar para hacer una merienda o lo que sea, y luego seguir. Hicimos muchas cosas: filmamos, sacamos muchas fotos. Fue en la época de Abracadabra, si mal no recuerdo.

El último disco es memorable llegando a recibir muy buenas críticas. ¿Pudiste hacer el disco que querías? ¿Cómo surgió la idea de El Mago Mandrax? ¿Lo pensaste como disco conceptual o juntaste temas que estaban ya creados y necesitaban unirse en un disco?
Creo que hice el disco como quería. Luego de hacer varios aprendí algunas cosas. El anterior (El río) lo trabajamos con un productor, que era Pablito Romero, que era el cantante de Árbol. Entonces quedó todo en sus manos, como por ejemplo la elección de temas, aunque eso era negociable ya que aceptaba nuestras sugerencias. Sin embargo, él se encargó de toda esa parte del audio y de una pequeña pre producción también.
El concepto que quería Pablito Romero del disco era que suene como en vivo, como la banda sonaba en vivo, pero grabado con un sonido más Hi Fi. Lo dejé hacer lo que quería, porque sino es al pedo tener un productor, si vas a estar peleándote por cada cosa que dice. De todas maneras hay algunas cosas de El río que no me gustaron tanto. A mí me gusta el sonido más crudo, más seco, sin mucha reverb. Habíamos hecho un demo en la casa de Ignacio Rezzano, de Chester Rezzano, que tiene un estudio llamado Electric Chesterland. Me gustó mucho como lo grabó y el concepto que tiene él sobre el audio. Ignacio viene de un mismo palo. Cuando dejé Fun People él fue el primer guitarrista de Boom Boom Kid. Él entiende esa música que es más pesada, como más punk. Entonces le pedí que sea el ingeniero del disco y le dije que lo íbamos a producir juntos. En realidad no íbamos a ser productores en sí, sino que las decisiones iban a ser nuestras. Fuimos al estudio de Cielito que queda en parque Leloir. Estuvimos ahí dos días. Luego fuimos al estudio de él y terminamos de hacer las grabaciones y las mezclas. Estuvo muy bueno por el lado del sonido buscado. Quedé bastante conforme con eso.
Por el lado de la elección de las canciones, había muchas que ya tenía. Había canciones viejas como “El reloj de arena” que tiene como veinte años. Me gustaba pero nunca la había tocado porque no me cerraba la letra, así que la escribí de nuevo. La primera canción del disco, “La Araucaria”, fue compuesta por mi hermano Gustavo. La hizo como un chiste interno para una docena de amigos que pasamos el año nuevo en un campo. En ese campo había una araucaria y la canción hablaba de esa noche. Todos los que estábamos ahí entendemos cada frase de esa canción y los que no estaban se deben imaginar. Me gustó tanto que le pedí permiso para grabarla y quise abrir el disco con ella. “El Mago Mandrax” es una canción que grabé solo en la casa de Once. Quise hacer una grabación experimental o psicodélica dedicada a Syd Barrett y la grabé jugando, grabándola a medida que la componía. Llegó a durar quince minutos entonces me pareció que debía ser la última del disco porque si la ponés en el medio, la gente se aburriría y sacará el disco.
Quedó conceptual por ese lado porque “La araucaria” empieza hablando de un mago y “El mago Mandrax” termina hablando de un mago que es otro diferente. El orden de las canciones que están en el medio del disco está pensado como si fuera el playlist de un show en vivo. Tratamos de no dejar mucho silencio entre canción y canción, que es lo que solemos hacer cuando tocamos frente al público.

Para cerrar contanos cuales son sus futuros shows. El siguiente será en Niceto Club como motivo de los 15 años, en el marco de la Fiesta Invasión. ¿Tocarán algunos temas en especial? ¿Harán un repaso sobre su carrera o van a centrarse en tocar el último disco? ¿Habrá temas nuevos?
Sobre futuros shows tenemos el de Niceto Club que es este viernes. Vamos a hacer un repaso de todos los discos. Seguramente toquemos algunos más del último porque también estamos despidiendo al Mago. Queremos grabar un EP que contenga cuatro covers de rock nacional. Va a ser un EP virtual. Vamos a ver si llegamos para hacerlo antes de fin de año. Ya tenemos dos canciones grabadas. Una es “Carolina” de Virus, que en realidad no es de Virus sino de Moncho Alpuente, un músico español. Y también grabamos “Sucio gas” de Los Ratones Paranoicos, banda que iba a ver mucho cuando salía con mi hermano, en nuestros primeros shows que presenciábamos. También iba a ver a Los Violadores. Grabamos “Sucio gas” en noviembre y la filmamos cuando la estábamos grabando. Hicimos un video clip que está en YouTube. Seguramente toquemos del primer disco hasta el tema de los Ratones, que es lo que se viene de Fantasmagoria. Hay temas nuevos, pero no los tocaremos en esta ocasión.

Fantasmagoria se estará presentando el viernes 24 de junio en la Fiesta Invasión! de Niceto Club. Podés conseguir más información sobre la fecha entrando al evento en Facebook. Las anticipadas pueden comprarse mediante Ticketek y sus puntos de venta.