Juan Ingaramo llega caminando, se sienta y pide una cerveza. Habla con calma, de la misma forma en la que canta. Conserva, además, la amabilidad que le dejó haber crecido en el interior. Nieto, sobrino e hijo de músicos. Fue criado en Córdoba, entre pianos de cola y colecciones de discos. Frecuentó recitales de jazz fusión desde muy chico, cosa que le valió el papel de curador musical de su grupo de amigos. Soñaba con ser sesionista de batería, objetivo que abandonó cuando se dio cuenta que para eso hacía falta tocar bien.

Mientras terminaba la secundaria tuvo una banda de covers. Impulsados por el sueño de abandonar la ciudad, se imaginaban probando suerte en México. Si bien lograron irse de Córdoba, el destino los llevó a una cueva de San Telmo. Allí, hace nueve años, luego de desarmarse el grupo, se encontró rodeado de teclados y con un puñado de canciones propias. Allí, casi sin proponérselo, comenzó su carrera solista.

Actualmente disfruta de un gran año. Editó Músico (2016, Geiser / Discos del Bosque), disco que lo llevó a grandes escenarios y le valió la etiqueta de revelación del pop nacional. Juan juega a ser un enamorado derrotado, un romántico 2.0. Ayudado por uno de sus referentes musicales, Ingaramo se abre camino con una mirada esperanzada. Mientras se sirve el primer vaso, hace memoria y analiza su presente.

¿Sentís que hay una diferencia sonora entre Pop Nacional y Músico?
Pop Nacional fue ingenuo. Lo grabé en 2012 y salió en el 2013. Es el primer disco de verdad que hice, no era consciente de la posibilidad de que la gente lo escuche y emita un juicio.

¿Te inquieta qué puede llegar a decir la gente?
Cada vez menos, pero cuando salió ese disco sí. Lo positivo es que tiene frescura, pero lo negativo es que bajo esa búsqueda podés llegar a hacer cualquiera. Igual fue lo que quise hacer en ese momento, después fui dándome cuenta qué me gustaba y qué no. En base a eso empecé a construir Músico.

¿Y cómo fue ese proceso?
En Músico, por su parte, tocan varios amigos que considero los más talentosos de su generación. Hay algo más orgánico, descontracturado. Yo tenía el disco listo y en medio de una gira por el interior conocí a Miguel Castro. Él me dijo “Quiero mostrarle tu música a Dárgelos”. Al principio me pareció una locura, pero al tiempo estaba con Adrián y Migue en el estudio de Babasónicos con todo a mi disposición para tocar algunas canciones. “Quiero que grabemos. Quiero sacarte algo que tenés ahí en tu música”, me decía Adrián. Ese día fui con dos temas y los terminamos en una hora. Como estaba todo armado me dijeron de seguir. Agarré la compu y empecé a revisar las ideas que tenía archivadas. Ahí fui sacando cosas que tenía desde 2011 y grabamos 7 temas más.

¿Si abrías la computadora y en ese momento no veías el archivo, “Matemática” no estaba en el disco?
Exacto. Antes de irme Adrián me dice que quería que hagamos un par de letras. Nos juntamos tres o cuatro miércoles a escribir y de ahí salieron “Matemática” y “Comodin”, el mejor tema del disco para mí. Todo eso que grabé con Adrián y Miguel lo mezclé con el disco que ya tenía listo. Como convivían tranquilamente no hubo problema. Lo nuevo era fresco y eso me gustaba. No era todo tan pensando, de hecho son primeras tomas.

Si bien venías de otra escuela y de tocar otros estilos, ¿por qué te inclinaste por el pop a la hora de hacer tu propia música?
En su momento no me di cuenta por qué. Me parecía más rebelde que hacer rock, rock hacen todos y todos tenían el look rockero. Quizás fue un poco eso de decir “yo hago pop, no soy como ustedes”. A la vez porque tocaba el teclado, nunca toqué la guitarra. Además el violero de Globo, mi anterior banda, tocaba muy fuerte y yo decía “no quiero una viola distorsionada nunca más en mi vida”. Lo que terminé dándome cuenta es que en el pop hay mucha más libertad. Hay menos prejuicios. Hay menos “deber ser”, nadie le exige al pop. Podés hacer lo que quieras. El rock, en cambio, tiene un mandato político y ético. Hay un discurso que es correcto, lo mismo pasa en el indie. Ahí hay ciertas cosas que no se tienen que traicionar. A mí eso me rompe los huevos. No hay libertad. Michael Jackson es pop y Bandana es pop. Para mí eso es libertad, entre eso podés jugar a hacer lo que quieras. En el rock si no decís algo políticamente correcto no existís y si decís algo que no es sincero se nota plástico. Ya fue el rock para mí, hay que revolucionarlo.

¿Y qué hay que hacer?
No, ni idea. Que de eso se encarguen los que hacen rock. Yo hago pop y lo mío es una militancia. También se trata de reivindicarlo, de quitarle los prejuicios de que el pop es una mierda. De igual forma creo que eso se está derribando, pero el hecho de que sea resistido para mí es una motivación.

¿Te asusta incorporarte al mainstream?
Si me cambia musicalmente va a ser porque yo lo quise y eso sería sincero. Feo sería si alguien viniera y me dijera qué tengo que hacer, pero eso ya no pasa. Me divierte jugar a eso, los festivales, los escenarios grandes, la gente. Yo espero que ese cambio no me pase, pero nunca estás a salvo de vos mismo.

¿Qué se viene para Juan Ingaramo?
En marzo vamos a sacar un álbum con Fran de Francisca y Los Exploradores y vamos a presentarlo en marzo. Con eso vamos a seguir jugando hasta que cada uno saque su propio disco. Yo quiero desafiarme un poco más y hacer algo diferente a Músico. Quiero llevarlo para el sonido de “Tus Letras”, el tema que cierra. Eso fue un gesto, una pista: “Soy todo este pop, pero también puedo sonar así”.

Foto: Hernán Burset