Juana Molina pasó su juventud bajo la mirada de un público con demasiadas opiniones sobre quién debería ser, pero hoy ya no necesita presentarse ante nadie. Con su álbum Segundo (2000) asentó las bases compositivas de una singular identidad musical que culminaría con el éxito crítico y comercial de Wed 21 (2013). El recurso a la repetición para generar un efecto, el comando de loops para capturarlo en vivo, la confluencia de tecnología y experimentación con naturaleza y humanidad presente en toda su obra: estos son sólo algunos de los motivos por los cuales Juana Molina ha logrado no sólo el reconocimiento internacional, sino también la aceptación en Argentina como una de las voces más importantes que el país tiene y alguna vez tuvo.

Por tal motivo, el lanzamiento de un disco nuevo de Juana Molina ha llegado a ser todo un evento. En una conversación telefónica, tuvimos el privilegio de hablar con la misma Juana en adelanto del maravilloso Halo, su séptimo álbum de estudio editado por Crammed Discs y a estrenarse el próximo 5 de mayo.

¿A qué alude el título de Halo?
No alude a nada, pero tiene que ver con la idea del hueso. Es decir, no es que yo quisiera aludir a nada, sino que no sabía cómo llamarlo. “Halo” fue la única palabra en todas las letras que encontré que podía ser un título. Después, una vez que me pareció que ese era el título, vi que además se relacionaba con la idea de la luz mala y los huesos. Es como la idea al revés de un concepto: en un concepto, vos tenés una idea y hacés todo en función de esa idea, y esto fue al revés. Yo hago todo y finalmente todo termina en una idea pero no es que empieza con una. Me parece que así es más natural, por lo menos para mí. Me pareció genial cuando estaba esa tapa. No, esa foto. De golpe apareció el título, y yo miraba y decía: “no tiene nada que ver”. Después nos dimos cuenta de que sí; de que estaba ese halo maligno o de superstición que tenía que ver con el hueso, y bueno… Me pareció el único nombre posible de los “ningunos” que se barajaron.

¿Qué podés adelantarnos del sonido del disco? ¿Va a orientarse más hacia el lado acústico e introspectivo de tus primeros trabajos, o se viene más bailable y electrónico como lo último?
Me parece que no es muy bailable. Tiene algunos temas, pero la verdad es que no sé. Yo no puedo describir mucho lo que hago. Como que cuando lo describo, lo destrozo; porque como las cosas se van construyendo con las piezas que van apareciendo, es medio como un ikebana. Vos tenés unos ramos de flores y plantas, y los ikebana pueden ser muy distintos. Yo no sabía mucho de la cultura “ikebanística”, y por ahí es una cuestión de equilibrio entre esas partes que medio se da sin que uno lo piense mucho. Desmenuzarlo para explicarle a alguien lo que hiciste no es necesariamente algo que me sea fácil hacer, porque finalmente el resultado es un todo, aunque haya piezas desmenuzables que en este caso serían los instrumentos y lo que ellos hacen. En el momento en que se hicieron eran como piezas obvias de un rompecabezas. Cuando está armado, se supone que no tenés que ver las piezas. Tenés que ver el resultado final nada más.

¿Fue distinto grabar en Texas y no en el estudio de tu casa? Pregunto porque has descrito muchas veces que tu proceso de composición es como acceder a un estado onírico de trance. Quizás es más difícil acceder a eso si estás rodeada de gente o en un lugar que no es tu hábitat.
Sí, absolutamente. Pasó eso. Fue distinto por eso; porque cuando estás rodeado de gente, no sólo la intimidad es imposible, sino que además es una cuestión de que los otros están esperando que vos trabajes para ellos poder hacer lo que están para hacer ahí, ¿no? Yo cuando estoy en casa, me cuelgo. No sé cuántas horas porque no me doy cuenta, pero me cuelgo en algo. En un detalle. No es que yo pongo el reloj y el reloj empieza a decirme: “uy, tenés seis horas para resolver esto”. Por ahí es algo que quizás pasa completamente inadvertido en la canción, pero yo lo oigo y a veces sale algo. Ese algo me da como una idea de lo que podría ser, entonces es llegar a esa idea que me sugirió. Suponete, yo toco algo sin pensar. Me sale una cosa más o menos: a veces me sale algo que me encanta, pero a veces me sale algo que me sugiere una idea. Cuando aparece una idea sugerida, ahí es donde yo quizás me quedo horas tratando de llegar a eso que me sugirió ese sonido, el instrumento, el ritmo, o lo que sea que haya sucedido que me sugirió esa idea. A veces no es tan fácil llegar a algo que te estás imaginando. No es lo mismo tocar, que salgan cosas y dejar lo que sale, a que haya aparecido una idea previa y decir: “uy, quedaría muy bien si esto fuera así”. A veces es fácil, porque simplemente es una nota u otra nota; pero otras es una cuestión de sonido o de que se comporte de una manera el sonido. Y esas cosas no las pude hacer en Texas.

¿Podés alcanzar ese estado de trance por voluntad propia cuando querés? ¿Decís “escribo” y te sale, o es cuando te llega?
No, a mí no me pasa eso. Yo voy entrando en mundos por inercia. Yo no soy uno de esos músicos que están todo el día tocando el instrumento y componiendo. Cuando hace mucho que no estoy componiendo, tocando o escribiendo, siento que no tengo nada. Ni para dar ni para recibir ni nada. Entonces me tengo que poner a trabajar. Yo ya tenía ideas para cuando fuimos a Texas. Estaba todo muy armado y yo no sabía sobre qué cosas grabar. No es que fui a inventar canciones a Texas, no. Pero sí a inventar partes, y a descubrir instrumentos; y me costó como una semana tratar de amoldarme a la nueva modalidad de trabajo donde justamente había que, más bien, aprovechar el tiempo. Grababa cosas de más y medio desesperadamente porque hay instrumentos que yo no tengo.

Me dijeron que jugaste con un Mellotron.
Con un Mellotron, pero con un Mellotron especial que no tiene los sonidos de los Beatles, por ejemplo. No es el Mellotron que tiene los sonidos a los que estamos acostumbrados.

Qué increíble.
Sí, porque es un Mellotron con sonidos de otra cosa que se llamaba Octaphone creo, que reproducía discos o partes enteras. Era como un sampling, pero se sampleaba como hace Beck que samplea un compás o dos de un disco y lo hace parte de la música. Ese era muy, muy lindo. Además el dueño del lugar era muy fetichista. Ese Mellotron lo había tocado Stevie Wonder, entonces él quería que fuese “ese” Mellotron y no otro parecido. Todos los instrumentos que hay ahí son así, porque los tocó alguien o porque vienen de no sé dónde. No es que llama a un negocio de música y dice: “mándame tres Fender Stratocaster”. No es así. El tipo tiene cada guitarra, cada bajo, cada teclado.

Una cosa que quería preguntarte es que cuando sacaste Un Día (2008), anunciaste que eventualmente ibas a cantar canciones sin letra…
¿Vos decís “eventualmente” como los norteamericanos o en castellano?

Alguna vez quise decir.
No, eso no es “eventualmente”. Eso es inglés. ¡Es en ingléees! *risas*

*risas* Ups, perdón, Juana.
No, porque viste que todo el mundo se confunde y “eventualmente” es “a veces sí y a veces no”. Me hubiera gustado cumplir más con esa profecía. Con esa profecía no porque no fue una profecía, con ese enunciado. Pero después me cuesta… Si bien me cuesta muchísimo escribir letras, me cuesta más que no tengan letras las canciones a pesar de lo que yo detesto lo que pasa con las letras porque siento que las letras bajan a tierra la canción. Le quitan esa pureza abstracta que la hace pertenecer solamente al mundo de la música. Cuando le ponés una letra, medio que ya la encuadrás en algo.

Claro. En verdad mencionaba lo de Un Día porque “Wed 21”, la canción, no tenía letras así que en su momento pensé que le estabas haciendo justicia a eso. Entonces me llamó la atención que en “Cosoco” las letras ocupen un lugar grande de vuelta. ¿Seguís subordinando lo lírico a la melodía?
Sí, sigo. De hecho, este disco se retrasó muchísimo porque no tenía una sola letra.

¿Qué es un cosoco?
Y, es un cosoco… *risas* Te estaba diciendo algo hace un rato que era lo de grabar en Texas. Yo cuando estoy acá, grabo y es como que voy y vengo entre la grabación y la composición. En cambio allá – permitime pero me faltó redondear esta idea –, lo que me pasaba era que yo no tenía ese tiempo y esa disponibilidad de quedarme horas viendo a ver qué salía de lo que había grabado. Grababa de más. Me quedaba grabando por las dudas, porque después me pasó que se me ocurrieron ideas una vez en Buenos Aires y no tenía más el instrumento para poder llegar a esas ideas. Es horrible. Es horrible porque decís: “¡Ay, no! ¡Acá esto tendría que haber sido así!”. Y empezás a buscar y a revisar en todo lo que grabaste para ver si hay *algo* como eso, y si podés hacer un Frankenstein de todo lo que grabaste para que se oiga esa idea que apareció cuando no tenías el instrumento. Lo que me encantaría es poder ir a un estudio como ese y quedarme hasta que termine el disco. Eso sería genial. Pero bueno, medio imposible.

Entre el éxito de tus últimos discos y la aparición de una generación nueva de oyentes jóvenes que te conocieron quizás primero como música antes que como actriz, tenés un público cada vez más grande y más devoto. ¿Pensás en tu audiencia y en el show en vivo a la hora de componer?
No, no. De hecho, nos estamos volviendo bastante locos para ver cómo hacemos este disco. En este disco a mí me ayudó mucho Odín Schwartz en la producción. Primero fue el que más insistió con que fuéramos a grabar a un estudio porque en casa se me rompían las cosas. Me acuerdo que cuando estábamos grabando y hacíamos cosas, yo decía: “¿y esto cómo mooongo lo vamos a tocar?”. Nos mirábamos así, pero con él desciframos Wed 21, que nos llevó meses. Una vez que lo resolvés, todo es simple. Pero hasta que llegás al modo de resolver una canción en vivo para que más o menos conserve todos sus atributos, es muy difícil… Sobre todo cuando vas grabando cosas sin saber después quién las va a tocar.

Más en tu caso, considerando que tu música tiene muchas texturas. Poder traducirlo a un show en vivo debe ser muy difícil.
Claro, entonces hay que ver cuál es el equilibrio entre qué sonidos se tocan en la batería o qué sonidos se disparan desde un Octapad. Por ejemplo, en Wed 21, al principio yo hacía todo el loop inicial y eso le quitaba fuerza a la entrada del tema en un show en vivo. Entonces después nos conseguimos esta batería con pads que es parecida a un Octapad. Ahí el tema pudo empezar con toda la contundencia que necesitaba, porque ya el sonido en vez de tenerlo yo en el teclado, lo tiene el baterista en su Octapad y podemos empezar al mismo tiempo. Ya tiene otro impacto. Para mí es muy delicado el balance entre lo que se toca y lo que se puede disparar, que yo realmente intento que sea lo menos posible. Cuando no funciona algo, tenemos que dar vueltas y vueltas. Por ahí yo empiezo tocando la guitarra en un tema y después tengo que tocar el teclado, o al revés; u Odín empieza tocando el bajo y termina tocando el teclado y la guitarra al mismo tiempo. Es difícil de resolver pero una vez que se resuelve, después ahí es una cuestión de ensayo nada más.

Leí tu entrevista en La Nación, que por cierto me encantó, y dijiste que todavía no sentís que alcanzaste la libertad absoluta. Me llamó la atención, porque en la canción “Sin Guía No” también hablás de tener patas como anclas que te atan al piso. ¿Cuál es tu idea de libertad? ¿Qué considerás ser libre y de qué te gustaría liberarte?
Bueno, a ver qué partes te puedo contestar. Una pregunta medio íntima y medio general, como todo. Creo que la libertad y el hecho de no ser libre dependen del miedo. Muchas veces uno tiene miedo de hacer algo: o por el qué-dirán, o porque te da vergüenza –bueno, si te da vergüenza es porque te importa el qué-dirán–, o porque no querés y tenés como ataduras y compromisos predeterminados con cierta gente. No salirte de un molde. Son todas cosas que a mucha gente como yo nos cuesta: salir de eso realmente sin tener en cuenta a los demás. Porque lo único que no te hace libre es tu relación con los demás. Y nada más. Uno lo que tiene que hacer es romper con ciertas ataduras que se tiene con los demás y darse cuenta de que la vida pasa y que un día te vas a morir y no hiciste realmente lo que querías hacer. Entonces como que en algunos aspectos me siento bastante presa.

Actuaste y cantaste, ¿hay algo más que quisieras intentar hacer? Sea un medio nuevo o incluso dentro de la música.
Me encantaría haber sido bailarina. Me hubiera encantado. Me gusta mucho, mucho, mucho bailar. Quizás después pruebe con la pintura. Debe haber algo con el tema del pincel, y lo que pinta, y el material que elija para pintar. Yo dibujo muy mal, pero creo que pintando sería distinto porque además podés pintar por encima. Me parece que me gustaría investigar por ahí. Más adelante.

En esa misma nota con La Nación hablabas también sobre el tema del control y decías que sos muy auto-exigente. ¿Creés que un artista puede estar 100% satisfecho con el trabajo que hace, o decís que hay que conciliar que eso es imposible y simplemente hay que hacer las cosas?
Mirá, yo no uso la palabra artista porque me parece que hay muy pocos. Prefiero decir músico, pintor, no sé, escultor. Después, a lo artístico no sé qué lo determina. Pero lo que sí sé es que si a mí no me satisface cien por cien lo que está sonando o lo que hacía en el programa, no me dan ganas de que otro lo vea; porque si yo veo algunos errores, otros también los pueden ver. Aunque no sea así, aunque sea un pensamiento mío absolutamente subjetivo. Si yo entrego una canción con una parte que a mí no me gusta, nadie va a pensar que yo lo puse y que no me gusta. La gente va a pensar que es otra idea mía. Yo prefiero que a mí me guste, o aunque no me guste, estar completamente satisfecha con todas las partes que vienen y que integran una canción. Me desvié un poco de la pregunta, ¿cuál era? Ah, lo de ser estricto… Sí, no sé. Yo creo que hay muchos músicos que son muy prolíficos. Por ejemplo, tengo amigos que son músicos buenísimos pero siento que no tienen un filtro ni acotan un poco todo lo que hacen. Termina perdiéndose. Sacan un disco por año, y tiene algunas cosas lindas pero hay un montón de otras cosas que para mí no están bien y le quitan fuerza a todo el trabajo y a toda la obra por usar otra palabra grande. Me parece que es importante tener filtros y no poner tooodo. Porque a uno se le ocurren cosas todo el tiempo pero no son todas buenas. No hay que poner todo. Hay que poner lo que está bien y me parece importante tener ese criterio.

Para poder hacer algo más consistente y conciso, digamos.
Me parece que sí. Igual tengo una duda con eso porque hay muchas cosas que yo descarto para los discos y después las oigo y me quedo mucho rato escuchando. Como que tienen algo que también es muy lindo. Quizás es más chiquito, quizás es una cosa demasiado íntima, pero a lo mejor tendría que volver un poco más a ese mundo inicial con el que empecé. Parece un poquito, pero cuando yo entro en ese lugar todo es enorme. Es como que a alguien que lo ve de afuera o lo escucha por primera vez quizás puede pasarle como… Ves como un mapa, ¿viste con la diferencia en Google Maps cuando es satelital o cuando es el otro? No me acuerdo cómo se llama, está el que ves el plano normal y está el plano satelital que es el que ves las casas. Yo siento que es esa la diferencia, que hay gente que lo puede ver como un plano y que después entrás y empezás a ver como en Google satelital.

Wow, qué analogía.
Sí, un poco tonta.

Para nada, fue clarísima.
Ah, bueno.

Foto: Alejandro Ros

Al margen de todo, ¿qué es lo que más disfrutás como persona? ¿Qué cosas te inspiran? ¿Qué es lo que más te gusta hacer?
No sé si me inspiran, pero me conmueven mucho ciertos paisajes que me paralizan y me da como una impotencia casi de no poder… Por ejemplo, en un día muy lindo: no lindo porque haya mucho sol sino porque las condiciones de ese día son tan lindas que me viene como una angustia que no sé si es porque no la puedo aprehender, o porque eso se escurre, o porque no sé. Esas cosas me conmueven mucho. De golpe cierta luz del sol sobre unos yuyos, por ejemplo. Cómo le da. Por eso en los países muy del norte o muy del sur la luz es mucho más rica, porque pasa lo mismo del plano y el plano satelital. La luz de costado realza muchísimo los relieves y nosotros acá no tenemos esa luz porque, o estamos tapados por edificios y cuando el sol baja un poco ya no tenés más sol; o porque hay árboles muy altos que tampoco te lo pasan. Pero en algún lugar más despejado, empiezan a formarse esas luces y sombras que no tienen un límite muy definido. Me parece que eso tiene que ver con lo que hago. Los sonidos tienen un poco de pelusa. Una vez yo le di el disco a otra persona para que me lo mezclara…

¿El nuevo?
No, no, hace mil años. Tres Cosas (2002). Y él lo primero que hizo fue un trabajo exhaustivo de afeitar cada uno de los sonidos, de dejarle el timbre puro y no los armónicos que le suenan. Todo con muchas frecuencias, cortando acá, sacando allá, realzando aquí… Y después lo que yo vi fue un montón de piezas sueltas puestas en un paño que no se relacionaban entre sí. Me pasó eso. Entonces me di cuenta de que la desprolijidad, los sonidos, la parte no fundamental del sonido –que puede ser un armónico o una textura del sonido en sí–, es lo que hace que se mezcle con el otro que llega. Después cada uno, más o menos, se destaca. Pero hay una zona borrosa que no se entiende bien…

Y que no hay que depurar.
¡Y que no hay que depurar! Porque cuando lo depurás, lo separás. Es como sacarle el huevo a una mezcla de una torta. Después la harina no se pega. Quedan todas las migas por separado. Me pasa que como yo voy construyendo arriba de cada sonido, cada sonido ya debe inconscientemente o imperceptiblemente permitir que otro avance hasta cierto lugar o no. Cada sonido tiene una especie de atmósfera que lo protege a sí mismo y a la vez lo conecta con el otro que viene.

¿Si tuvieras que darte un consejo a vos misma de joven, cuál sería?
Apurate. No pienses más. Dejá todo, tirá todo, hacé la tuya.

¿Tenés algún disco propio favorito?
Segundo (2000) para mí es el mejor, no porque sea mejor, sino porque es como la masa madre de todos los discos. Yo creo que todo lo que hice después, de algún modo está en Segundo.

¿Qué podemos esperar de la gira nueva?
Yo, en todo caso, espero que salga bien nada más. *risas*

*risas* Mandate unas coreografías, Juana.
Ay, sí, me encantaría. Siempre lo pensamos con Odín. Queremos bailar y no encontramos el momento.

¿Cuándo vamos a poder ver el video de “Paraguaya”?
Ahora, supongo que a fin de mes, porque no sé si sale con el disco o antes del disco pero por ahí. El video ya está. Lo terminamos ayer.

Quería cerrar con esa pregunta y también decirte algo que no sé si te va a interesar tanto pero hace unos años entrevisté a Phil Selway de Radiohead y me contó que te re escuchan ellos y que les encanta lo que hacés. Quería hacerte llegar esa información.
*risas* Sí, lo sé. Es increíble. Me puse re contenta. Sí, de hecho él dijo en una entrevista, no sé si habrá sido la que hiciste vos, pero el título es: “Juana Molina fue una gran influencia para mi disco nuevo”. Después te quería decir… Ay, te iba a decir algo. Ah, que hay otro video divino. Divino, divino, pero realmente es una obra de arte. Es para “Lentísimo Halo”. Esa canción tiene un video extraordinario. Está listo hace meses esperando el momento justo para salir. Ese es “el” video. Realmente, ese tiene que hacer ruido. Ese hay que publicarlo. Lo hizo un chico que se llama Mariano Ramis. Yo lo llamé para otra cosa y cuando le decía lo que yo quería hacer, veía que no le interesaba en lo más mínimo lo que yo le estaba proponiendo, y muy educadamente me dijo: “bueno, viste, lo que pasa es que yo esa técnica mucho no la uso”. Entonces me acordé de algo suyo muy chiquito que había visto en su página y dije: “Tengo otra canción que me parece que quedaría muy bien con esta técnica que vos usás”, y ahí se re contra copó. Es un tipo muy particular y de una sensibilidad extraordinaria. Pero realmente único, es otra persona que me conmueve. Esas personas que te decís: “Uy, todo lo que tengo que aprender todavía”. Es un tipo de una sencillez y una pureza que es lo máximo. Lo máximo. Estoy feliz de haberlo conocido. Él es realmente una persona única. Divino. Así que cuando salga el video…

Lo vamos a difundir por todos lados.
Dale. Sí, porque es muy lindo. Ya lo vas a ver. Es muy especial.

Juana Molina presentará Halo el miércoles 17 de mayo en Niceto Club. Entradas a la venta por Ticketek. Al cierre de la nota, se estrenó el video de “Lentísimo Halo“:

Foto principal: Alejandro Ros