Unification Distro es la disquería que se erige en Comodoro Rivadavia como el refugio para la cultura joven de la ciudad. Acaban de cumplir 12 años de trabajo y 2 desde que han puesto un local a la calle. Emanuel Rodríguez, su dueño y creador, repasa sus inicios y el crecimiento del proyecto. Shaman Herrera, Juan Irio y Santiago Motorizado cuentan la importancia de Unification y sus vínculos con Emanuel.

En Comodoro Rivadavia hoy sólo queda una disquería. Al menos una de esas que solíamos conocer, una de esas a las que se iba a charlar de música y no a elegir algo en particular. Hoy, al recorrer la ciudad, las tres tiendas históricas –La Luna, Merlín y El Duende- se fueron apagando penosamente por no poder o no saber encontrarle una vuelta a las nuevas reglas de juego que propone la industria musical. La libre descarga, la disminución de ventas del disco físico, el streaming y los nuevos formatos fueron obstáculos que no pudieron sortear. Así las cosas, para comprar un disco hasta hace poco sólo quedaba Musimundo, con algunas bateas escondidas detrás de heladeras y televisores; un negocio de música muy austero con algunos instrumentos en su vidriera y discos de folclore; y Yenny, la conocida cadena nacional de libros. Hasta que dos años atrás ocurrió algo impensado: en contra de todos los pronósticos y el sentido común, apareció un tipo, Emanuel Rodríguez, que se largó a poner su propio local: Unification Distro.

La primera vez que vi a Emanuel fue en el 2006. Estaba parado detrás de una mesa de pool en El Sótano, el bar musical de mala muerte de la ciudad, y llevaba consigo una valija con discos. La abrió, dispersó los CDs por el paño verde y los empezó a vender a precios irrisorios. A esa altura ya tenía fama: desde 2005, junto a un amigo, montaba esa feria ambulante –llamada Unification- los días de recital. Y era esperado por muchos de los adolescentes de la ciudad. Unification era la solución al dial-up, a la llegada tardía de la banda ancha a La Patagonia, a Musimundo y los discos de las grandes compañías, o al viejo que atendía en La Luna, que cuando un niño entraba a su local lo echaba con sus malos modos o simplemente lo atacaba diciéndole cosas como que Papá Noel no existía.

El tiempo pasó y el proyecto de Emanuel creció. La caja de zapatos en la que llevaba discos se transformó en una valija, ésta se multiplicó y a la par también se expandieron sus ambiciones. Hoy tiene un local en el Pasaje Kazakevich, sobre Avenida Rivadavia, en el centro de la ciudad. Ahora, como todos los veranos desde que abrió, un músico de la ciudad se prepara para dar un show bien íntimo ahí adentro. En este caso, Juan Manuel Patricio, un solista de Comodoro, conecta sus pedales y prueba la guitarra para el show.

Emanuel tiene 32 años y a esta altura es conocido por casi todos los jóvenes de Comodoro Rivadavia. En el 2006 se recibió como analista programador y en el 2016 como Licenciado en Informática. También toca el bajo y tuvo sus bandas. Sin embargo, todos lo reconocen como el chico de la feria, el que vende discos, el que ahora abrió un local en el centro.

La semilla de esta idea nació en el 2001. Ese año se hizo amigo de Franco Masanet, un chico unos años mayor al que veía en todos los recitales a los que iba. Franco llevaba a todos lados una cajita de zapatos con discos de bandas que quería mostrar y difundir.

“Fue todo culpa de él” – dice Emmanuel con la sonrisa tímida y la voz baja, mientras se prepara un té en su casa. En el living hay dos mesas -una sobre la que se come y otra sobre la que se trabaja-, un escritorio con papeles y computadora, un equipo de música, un tocadiscos y una pared llena de CDs y vinilos que ocupan casi todo el departamento. Emanuel me ofrece algunas galletas y cruza las piernas flacas arriba de una silla.

-En una charla por MSN cerca del 2004, Franco me propuso armar una distribuidora para mostrar bandas de hardcore. Yo estaba en segundo año de la facultad, y lo único que recuerdo es que le dije: “Estaría buenísimo, pero yo no tengo un peso”.

Suelta una carcajada. Y sigue:

-En un momento Franco consiguió material de varios sellos y nos empezamos a juntar en su casa. Ahí mirábamos los discos que tenía y tratábamos de anotar qué había. Así fue como empezamos. Armamos un catálogo, un Fotolog y arrancamos de a poquito.

Franco fue para Emanuel lo que Unification fue para Comodoro.

-Me hubiera gustado que haya alguien así en mis años mozos- dijo un tiempo atrás Shaman Herrera, un músico nacido en Comodoro Rivadavia, con paso por La Plata y hoy establecido en la cordillera de Chubut-. Pero bueno, los que vienen atrás mío tienen un lugar concreto a donde ir a mamar la música inspiradora, esa que nadie escucha.

Sentado en Pura Vida, el bar emblemático de La Plata, Shaman pensaba en Comodoro a la distancia. Dijo que la ciudad está desbalanceada y que sólo se enfoca en la explotación petrolera, su principal actividad, dejando muy relegada a la cultura.

-Emanuel es un soldado de la contracultura. Desde que arranqué con la música acá en La Plata, él fue un punto de referencia para armar movidas en Comodoro. Las primeras vueltas a la ciudad fueron en shows producidos por él. Para mí es un referente, no solo en Comodoro, sino en toda la Patagonia.

Shaman hizo una pausa, como si quisiera que las palabras ganaran peso.

-Y eso es un gran mérito. Siempre pienso que Comodoro es una ciudad que vive de espaldas al mar. En vez de mirar hacia el océano están viendo los pozos de petróleo.

El Sótano fue y es, por excelencia e historia, uno de los pocos refugios para la cultura joven de Comodoro Rivadavia. Sin embargo, en algún traspaso de dueños las reglas del juego cambiaron: quienes lo manejaban decidieron que no se podía hacer ningún show que no fuera de rock o heavy metal. Entre los jóvenes que quedaron marginados por ese recorte caprichoso se encontraban Emanuel y Franco.

–En ese momento salió la onda de conseguir un salón, invitar unas bandas y poner la feria. Nos dimos cuenta que podíamos organizar un recital y tener una excusa para llevar los discos, que era lo más importante. Ahí empezamos a hacer nuestros primeros eventos -dice Emanuel.

Cerca del 2005 organizaron un recital para Otra Salida, una banda de hardcore de Capital, en la unión vecinal del Km3, el barrio que nació y creció a la par de YPF y sus años prósperos. El manager llevó su propia feria y como le fue muy bien les dejó 20 discos para que incorporaran al catálogo de Unification. A partir de ahí, Emanuel se hizo cargo de todo. Sin embargo, como tenían cada vez más material pero no había lugares o eventos para llevar su feria, decidieron trasladarla a una plaza. Los domingos temprano cargaban sus termos, compraban galletitas y dejaban sobre un paño todos los discos que tenían. Charlaban entre ellos y con los que se acercaban. Mientras tanto, Emanuel trabajaba con horarios medianamente normales, pero Franco, que trabajaba en petróleo y después en gas, se fue alejando.

-Él no podía dedicarle tiempo, así que seguí yo -dice Emanuel.

Otra de las bandas que generó un gran vínculo con Unification fue Thes Siniestros. Antes del verano de 2018, en una mesa de un bar en el barrio platense de Meridiano V, Juan Irio –ex bajista y cantante de la banda- se sentó con su característico semblante serio. Pero cuando se le preguntó por Emanuel, el actual integrante de El Estrellero mostró una sonrisa.

–Lo conocí porque creo que nos había llegado un mail preguntando por discos de la banda –recordó Juan-. Decía que quería venderlos en recitales en su ciudad, en su feria ambulante. Eso ya me pareció tremendo, estábamos ante alguien que armaba una disquería móvil con discos de bandas independientes de todo el país y lo hacía él solo, a miles de kilómetros de La Plata, de donde somos nosotros.

Otro que también lo conoció por internet fue Santiago Barrionuevo -más conocido como Santiago Motorizado-. “Me escribió para sumar discos a su distro ambulante”, recordó Santiago haciendo memoria desde su casa en Barrio Jardín.

-Le mandé por encomienda todo el catálogo de El Mató y Laptra. Ema es un amante de la música, tímido y cariñoso, un chabón que transmite una energía genial, con los que podés estar todo el día. Ahora abrió su propia disquería y cumplió el sueño que tenemos muchos melómanos. Comodoro tiene una disquería copada, eso es una bendición y es gracias a él. Recuerdo con mucho cariño el día que vino a visitarme a mi casa y pasamos la tarde mirando Los Simpsons.

Cuando Emanuel empezó a organizar recitales de bandas de afuera de la ciudad se planteó una premisa: llevar grupos que a él le gustaran, porque para arriesgar dinero, tiempo y trabajo, al menos quería disfrutar del show. Fue de esa forma que tocaron por primera vez en Comodoro bandas como Él Mató a un Policía Motorizado, Sr. Tomate!, Los Kahunas, La Patrulla Espacial y Prietto Viaja al Cosmos Con Mariano. Shaman, Juan y Santiago Motorizado fueron al sur gracias a estos recitales organizados por Unification. En el bar platense, Irio recordó un interminable viaje en colectivo:

-Cuando llegamos nos encontramos con un pibe sencillo y algo introvertido, pero con una energía tremenda a la hora de organizar y promover la cultura en Comodoro –dice-. Estaba en todos los detalles y sobre todo disfrutaba al máximo hacerlo solo por el disfrute. Nos alojaba en su casa, conocimos a su familia, jugamos con sus sobrinos, nos hizo de guía turístico y hasta nos cubrió un viaje en avión una vez que se complicaba viajar. Nos hicimos amigos enseguida.

-Nosotros fuimos al sur argentino gracias a él -dijo Santiago Motorizado. Tocamos en Comodoro y Pico Truncado en una noche hermosa y bizarra. Siempre que vamos tocamos en el mismo lugar de Comodoro, el mítico Sótano, es un lugar que queremos mucho y siempre lo hacemos con Ema.

Se acerca el horario del recital y en la puerta de la disquería ya hay formados varios grupos de amigos. Estamos sentados sobre el cordón de una vereda y cada persona que va llegando saluda a Emanuel con una sonrisa y un gran abrazo, calidez inusitada para las costumbres de esas latitudes. Se corrió de golpe una cortina del edificio y se asomó una señora para intentar entender de dónde venían los ruidos. Era viernes, pero los primeros días de enero le dan a Comodoro una calma que la ciudad perdió hace muchos años. Es la primera vez que hace un evento en el local este año y a Emanuel se lo nota algo inquieto.

-Menos mal que ya fui hoy a pagar el alquiler -dice y se ríe-, sino me iban a cagar a pedos.
–Estos shows sirven para que venga gente que no conoce el local- dice mientras mira todo desde afuera. Al lado de él está su hermana Lucía. Ella es quien atiende la disquería mientras él cumple su horario en la empresa de computación. Emanuel necesitaba ayuda y ella trabajo. La ecuación fue sencilla y Lucía terminó agarrándole el gustito, a tal punto que hoy en día son socios. Correteando por el pasaje e ignorando a la música por completo están los hijos de Lucía de 3 y 5 años.
–Son como los jefes del lugar –dice Emanuel-, son fanáticos de los Ramones, así que cuando llegan se suben a la computadora, ponen shows de la banda en YouTube y se quedan tranquilos mirando.

Hace un par de años también empezó a organizar ferias de discos de vinilos. Allí se empezó a acercar gente más grande a comparación de los adolescentes que le compraban usualmente.

–La gente grande se copó tanto con el tema de las ferias que empezaron a armar las propias. Primero comenzaron vendiendo sus discos y ahora compran especialmente para vender, es buenísimo cómo Unification los influyó para que lo empiecen a hacer –dice Emanuel sonriente.
-¿Te sentís valorado en la ciudad?- le pregunto.
-La gente te lo re agradece. Más que nada te sentís valorado por amigos o bandas. También hay gente que no es amiga pero te compró un disco una vez, te vuelven a ver y te agradecen porque saben que lo hacemos con el corazón.

El sol ya bajó, el recital promedia y el pasaje sobre Avenida Rivadavia está regado de latas de cerveza vacías. Emanuel y Lucía charlan sentados al lado de la puerta de entrada.

El local está lleno y desde el fondo, en un rinconcito donde improvisaron un escenario, Juan Manuel le agradece a Emanuel por la oportunidad y el espacio. Hay que agradecerle, también, que con una caja de zapatos logró hacer tanto por una ciudad entera.