El cuarteto de Haedo presentó recientemente su segundo disco, Un Puente Invisible, en el Teatro de Morón. Con una puesta más abierta que abarca lo introspectivo y atmosférico, y que contó con la producción de Gerardo Farez, la banda explicó las sensaciones alrededor de su nuevo material listos para salir al ruedo.

Doy unos golpes a la puerta y espero inmóvil en la pequeña entrada lateral del Teatro Gregorio Laferrere sobre la calle General Belgrano. Son las ocho y cuarto del viernes y en menos de una hora La Cara de los Últimos estará presentando su nuevo álbum, Un Puente Invisible. Subo unos breves escalones hacia el escenario del Teatro de Morón. Saludo a los chicos que están probando sonido y aguardo sentado en una de las butacas de la tercera fila del lugar, como un espectador con demasiados privilegios. La escenografía es delicada y la acústica del espacio parece ser ideal para buena parte de los diez cortes de su nueva placa, la sucesora de Júpiter del 2014. “Sé que nos descubrimos e iba a pasar/ Sé que no estamos quietos/ Sé que me harás brillar”, comienza la primera estrofa de “Brillar” el adelanto que presentaron tan solo un mes atrás y que cuenta con su vídeo clip disponible. Leandro Troiano (voz y guitarra) se muestra muy concentrado, tratando de pulir como artesano cada pieza de la maquinaria sonora que dará lugar en pocos minutos. Tras la prueba junto a los invitados de algunos segmentos de las canciones elegidas, bajamos a los camarines. El tiempo apremia y nada puede escaparse.

“El anterior álbum fue bastante impulsivo y en un momento de los tres muy particular, de ese lapso tan particular surgieron varias canciones”, explica Leandro, desde un pequeño cuarto, sobre la génesis de Un Puente Invisible, el disco grabado hace un año atrás en Mcl Records y Martillo Estudio. La impulsividad de la que habla la voz masculina de la banda parece hacerse material al repasar los temas “Martes”, “Principios” o “Nubes” de su anterior placa, donde aflora un sonido más pendiente de los riffs, incluso bailable, cercano al llamado rock alternativo (un género por demás amplio). El cambio hacia pendientes sónicas y de estructuras más ambientales que propone Un Puente Invisible abre una nueva perspectiva en la banda. Aclara:

“Júpiter era un disco más de guitarra. El ingreso de un productor hizo que justamente saliéramos de ese lugar, de la idea global del disco pasado. Gerardo (Farez) nos sacó de allí. Se agregaron muchas más acústicas, sintetizadores, pianos, percusión; incluso el tratamiento de las baterías rítmicas – que tiene que ver con la función de baterista cesionista de Gerardo – funcionó para encaminar esa sonoridad”.

El vuelco musical de la banda de Haedo también debe leerse en el paso del trío (con Mariano Mendoza en batería) al cuarteto, con la incorporación de Nicolás Cravino en la guitarra a poco de haber lanzado Júpiter, que influyó directamente en la edificación del nuevo álbum. Esa sensación de pequeño grupo intimista, sumamente cercano, debió dar paso a una nueva forma de afrontar el horizonte musical tanto en lo interpretativo como en la composición. Por otro lado, el trabajo de Gerardo Farez -con quien Leandro Troiano y Vanina Becares comparten su proyecto solista (La Marea Oceánica)- en la producción del disco fue vital para dar el giro definitivo hacia ese sonido de mayores matices y pigmentos. “Las canciones que Gerardo eligió fueron diez de treinta, en todas ellas había muchas que tenían que ver con Júpiter, y que justamente por eso quedaron a un lado. Él apostó a lo otro, que tenía algo nuevo que decir y que estaba bueno poder explotar”, comenta la otra voz y bajista del grupo.

Las “variantes” del disco parecen ser la marca a fuego que caracteriza Un Puente Invisible y aquello en que sus integrantes se detienen a la hora de dar una mirada hacia su más reciente trabajo. Un acercamiento sobre las diez canciones puede arrojar algo de aquella ramificación: en el rock pop de “Curar”, el tono orquestal de “Lo sé” o el crescendo de “Circular”, un tema más cercano a las vertientes de Radiohead y en donde la voz de Vanina alcanza su momento más alto. A propósito de ello, la bajista reflexiona:

“Todas coinciden en la forma de canción, que tal vez en Júpiter eran más agresivas y cortas. En éste hay un concepto de sonoridad, de la búsqueda de la canción, de las tímbricas, con mucha más instrumentación y matices. Cuando vimos el disco terminado y lo pusimos en orden, entendimos porqué Gerardo había elegido esas diez canciones y no las otras que quedaron afuera.”

Foto: Roe Under

“Es un disco sanador”, agrega Nicolás sobre el concepto detrás de las canciones. Un Puente Invisible tiene espíritu y fuerte carga sentimental, no es un álbum lanzado por inercia ni relleno; basta repasar las palabras expuestas en “Brillar” o “Curar” para comprender el grado de compromiso personal en cada uno de los arreglos de los temas. Sin embargo, la banda comprende que el crecimiento está en esa variante, pero continua, no desde la fijación probada sino como un puente para poder trasladarse a otros rumbos cuando el momento de la agrupación lo requiera. Leandro sintetiza:

“No nos gusta quedarnos en un lugar, no está bueno ni te enriquece artísticamente. No es una pose, sino una necesidad que se nos genera. Es la necesidad de iluminar con otros colores tus canciones. Una banda también es evolución, porque el arte es así”.

Los espacios que la zona Oeste ofrece al espectro musical son reducidos, y la banda lo sabe. Mayor es la complicación cuando el sonido buscado es más específico y requiere un cuidado particular para poder entregar aquello que la placa ofrece al escucharse en la intimidad. El Teatro Gregorio Laferrere parece la elección ideal, no obstante, la banda sabe que es una plaza excepcional. “Hay que tocar donde sea, quedarse en el Oeste no es el plan”, comenta Leandro, quien describe cómo debieron adaptarse a las dificultades de tocar en situaciones adversas donde el sonido devuelto por el lugar no siempre era el más adecuado. “No hay lugares preparados, en general, para las bandas; eso hace que pierda el sentido mucho de lo que hacés. Si bien no vivimos de ésto, trabajamos tanto por ello que cuidarlo es lo primero que tenemos que hacer”.

Foto principal: Roe Under