Detrás del concepto y sonido de proyectos como Los Neptunos, Original Artyfacts y Pablo Neptuno y Los Fantasmas Del Exilio, nos encontramos con un joven de 25 que ha estado presente en la escena porteña desde hace varios años, entregando nuevas canciones en compañía de sus amigos.

Por momentos autor de melodías pop y románticas letras, a lo Paul McCartney, mientras que otras veces sus temas son protagonizados por recursos paródicos y humorísticos, a lo Ariel Pink, el particular estilo de Pablo puede ser catalogado como millenial o posmoderno, aunque a nivel sonoro es mucho más difícil de encasillar, ya que sus propuestas oscilan entre géneros tan disímiles como el rock and roll, lo-fi, bedroom pop y hasta tiene sus guiños al R&B y hip hop, honrando a personalidades como Kendrick Lamar o Kanye West.

Pudimos charlar con Pablo acerca de su trayectoria y sus perspectivas respecto de la música local y extranjera, así como de paso nos comentó algunos pormenores del proceso de gestación de su último disco solista y de cómo sacar ese álbum lo ha ayudado a afrontar esta etapa de su vida. Acá sus respuestas:

¿Qué nos puedes contar del arte de tapa de Licenciado En Administración? ¿Cómo surge la idea de mostrar esa postal tuya desayunando?
La idea original era de hacer con Rocío Frigeiro, una amiga fotógrafa, una sesión de fotos de todas las bandas de Cool Ghost Records, y conmigo la idea era retratar una cosa muy íntima, algo así como yo desayunando, en cama y con los planetas alrededor. Luego pasó que cuando terminé el disco me agarró ansiedad por hacer las cosas, no quería esperar para hacer la tapa, y encontré esa foto que para mí era perfecta para resumir el concepto del disco y también para no perder tiempo…

O sea que aquella foto en principio no estaba pensada para ser el arte de tapa…
No, originalmente no. Pero luego de escogerla en ese momento, se la mandé a Agus Wussy que hizo el diseño de la tipografía y finalmente creamos la tapa.

Y respecto de las canciones de este álbum, que parece ser tan personal y autobiográfico, ¿tenés alguna historia en particular detrás de las letras, en algún tema?
No, no sé si hablan sobre situaciones específicas las canciones. El disco en sí es un concepto que se dio con el tiempo… Yo lo tenía un poco en la cabeza porque yo el año pasado me recibo y de repente tengo mucho tiempo libre. O sea, salgo de trabajar, mis amigos la mayoría siguen estudiando y yo vivo solo, no tengo nada que hacer y cómo manejas ese tiempo al pedo, ¿no? Y básicamente el álbum habla todo de eso, distintas aristas de esa etapa en que tenés que ver qué hacer… Siempre te hablan de crecer, es decir: O te casás, o te recibís o tenés el trabajo de sueños, o lo que sea y es como bueno, una etapa finalmente la cumplo, y ahora qué… Todavía en parte ahora sigo con eso, pero el disco enmarca eso, más o menos. Y las canciones son como vómitos…

Como una especie de catarsis.
Sí, una catarsis, y un dejar fluir para luego encontrarle el sentido, el concepto al disco. Cuando empecé a pensar en el álbum algunas canciones ya estaban hechas, otras no. También es importante para mí el orden, la idea de que es un mixtape. Igual es muy corto a su vez, no hay minuto de silencio.

Y bueno, en ese momento de composición para vos, ¿qué suele venir primero: la melodía o las letras? ¿O depende?
Depende, de este último disco, la mayoría de las canciones surgen de un experimento mío grabando en mi casa con un poco más de elementos de los que solía tener, armando esos ambientes, aunque no son ambientes como tal, son más de simple los temas y suelen partir de hacer una base programada y ver qué es lo que surge. La letra siempre sale después, casi nunca escribo una letra antes.

Comprendo, y viendo en tu Bandcamp pude también notar que tienes unos outtakes o grupo de canciones que publicaste bajo el nombre de “El Otro Helado de Pablo Neptuno”. ¿Qué nos podés contar acerca de ello?
Bueno, en realidad el asunto es muy loco porque yo quería hacer un disco muy largo, de 40 o 50 minutos, una hora, lo que sea… Alrededor de 20 temas, y llegó un punto en el que ya no sabía para dónde ir, y tenía estas canciones que eran en total casi 20 y dije no… ya está, el disco está terminado, no tengo más nada qué hacerle. Agarré unos 9 o 10 temas, busqué un orden para ellos y dije, ya está. Se lo mandé a un amigo que me lo masterizó un poco, mezcló un par de cosas más a las que le faltaba una vuelta de tuerca y listo. Y ese día mismo se me rompe la computadora, o sea, no podía grabar más… Pasó que estaba viendo la final de Master Chef con unos amigos y a uno de ellos se le cae la cerveza completamente arriba de mi computadora, nunca más prendió. Ese día terminé el disco.

No, terrible. ¿Sigue siendo tu amigo?
Obviamente, los amigos son importantes.

Bueno, ¿Y por qué Pablo Neptuno? ¿Nada que ver con la astrología, no?
Mi banda anterior se llamaba Los Neptunos. Igual me gustan mucho los planetas… eso es otra cosa. No sé si me gusta tampoco como tal la astronomía, pero siempre me gustó flashear con los planetas. Mi nombre en internet pasó a ser Pablo Neptuno por lo de banda aunque ya no existe más. Igual me gusta mucho Neptuno, me gusta la palabra, el símbolo, lo tengo tatuado…

Entiendo, todo eso del dios del mar y la mitología, tiene su mística… Y volviendo al asunto de grabar canciones ¿Cómo lo hacías en tus comienzos, con qué dispositivos o programas?
Siempre grabé en mi casa. En el principio empecé grabando con un iPad que no era mío, grababa todo ahí.

¿Pero tenía buena calidad ese sonido?
Sonaba bien, la verdad es que hoy en día podés grabar con cualquier cosa y más o menos algo sale. Y después empecé a grabar con una Macbook Air que me compré y grababa todo con el micrófono integrado de la computadora, nada de input, nada más, y algunos temas del disco están grabados así. Y después me compré una placa y un par de micrófonos y empecé a grabar un poquito más limpio, desde varios puntos. Algunos temas del álbum salen de ese método, otros no. El cover de Kendrick Lamar (“Bitch Don’t Eat My Pie”) lo grabé todo con el micrófono integrado. En todo caso hubo años en los que tenía para grabar, luego no tenía, después tuve otra vez y ahora de vuelta no tengo nada para hacerlo. Y me pasa que si no tengo nada para grabar, no grabo. No voy a ir a un estudio, porque la gracia es lo que me surge hacer en mi casa.

Entiendo, para vos es importante tener ese trato íntimo con tus canciones… Y luego te quería preguntar por tu trabajo junto a Santiago de Simone, el productor que ha colaborado con Original Artyfacts y otras bandas más de la escena. ¿Qué sentís que le suma su trabajo a lo que ustedes crean como artistas, cuál ha sido su rol en el desarrollo de su música y qué tal es el vínculo con ustedes?
A Santi lo conocimos en la primera fecha de Original Artyfacts, antes de que se llamara así la banda.

¿Cómo se llamaban?
Seitan Maders, como Satan Mothers, las madres de satán, pero escrito en fonética… Y bueno, lo conocimos en un baño (risas). Terminamos de tocar, estábamos en el baño y me dice Santi: “Che, ahí tienen un tema que está increíble, los quiero grabar!” y yo quedé como ¿esté chabón quién es? Y justo esa primera fecha de nosotros fue con los Santos Wussies, que él también a ellos los quería grabar. Esa vez igual había seis personas viéndonos, miércoles por la noche, hacía 2 grados… y tocaba Mirtha Legransch también. Y nada, quedamos en contacto con Santiago, y después con el tiempo nos dimos cuenta de que podía aportar mucho desde lo profesional, y también desde lo personal, porque tiene mucha manija, viste esas personas que tienen mucha emoción por hacer algo y a veces vos no la tenés y te la contagian. Pensás… si hay alguien que quiere hacer esto, por algo es. Y grabamos el primer simple, “Lovely”, de Original Artyfacts, y nosotros apenas estábamos armándonos como banda y él también, creo que estaba recién empezando a trabajar con más artistas y nos gustó cómo laburó con nosotros, cómo se metió en la banda. Creo que él realmente presta mucha atención y busca de verdad. No es un tipo que te va a grabar y quiere que suenes de otra manera, sino que quiere resaltar el sonido de la banda. Y tiene una forma de trabajar que es muy natural, o sea, todo es en vivo, pocos overdubs… Tratar de hacer sonar una banda de rock, como lo son los Original Artyfacts, lo más cruda posible, pero a la vez que transmita. Y de eso te das cuenta porque mientras más fácil te llega algo es porque está mejor mezclado. Santi es además un gran amigo, alguien que tiene mucho en la cabeza, es muy pasional con lo que hace y la realidad es que sus mezclas suenan cada vez mejor. Empezó grabándonos a nosotros y hasta hoy ya ha grabado casi 20 bandas más.

Sí, me llamó la atención que ha colaborado en la producción de bastantes bandas que suenan muy diferente pero que comparten cierta línea estética y se compromete mucho respetar sus conceptos…
Sí, trabaja con muchas bandas locales, luego también con un artista francés que no recuerdo bien el nombre, también con Ezequiel De La Parra, que hace más música electrónica, y mi disco solista, que no es de rock and roll, lo masterizó él y mezcló un tema. Digamos que no fue una participación tan grande como con los Original Artyfacts, pero sí estuvo todo el proceso. Lo consulto mucho a él, es una persona de confianza para mí.

Bueno, y ahora hablando de música de otro: ¿cuál fue tu disco favorito del año pasado? Es muy pronto para preguntar por el de este año…
El de Asparagus, el de Prietto, solista e internacional, el de Father John Misty, I Love You, Honeybear es mi favorito del año pasado.

Siguiendo con el panorama de la música actual, tras la muerte de Bowie, muchos han salido a afirmar que cada vez quedan menos genios en la escena mundial, como de algún modo menospreciando la capacidad y talento de los nuevos artistas y sugiriendo que el pop y el rock están casi acabados. ¿Qué opinión tenés al respecto?
Yo creo que, primero, cambió la idea de genio. Es decir, en los ’60, cuando Bowie grababa, grababan, no sé, 200 personas… hoy en día puede grabar cualquiera. Y creo que está buenísimo que se muera la idea de “genio”. Ya fue, que ojalá se mueran todos los genios. Entonces ya no hay esa idea de que hay que superar a tal persona, mejor que cualquiera pueda crear. Por lo menos a mí, la movida de Buenos Aires me parece muy rica, en un punto. Y en otro punto, las personas que están en ese mainstream mentiroso y súper chico… no sé quiénes son. No sé quiénes suenan en la radio. El único tema nuevo que conozco, y tiene ya casi 3 años es el de Indios. Que me parece un buen tema, me parece una buena canción pop. Pero después qué más hay, no conozco otras bandas. A mí los únicos que me volaron la cabeza en su momento, que me cambiaron todo fueron los Arctic Monkeys que ya ni los escucho, me gustan, los re banco y le perdono todo a Alex Turner pero la verdad ni los escucho hace tiempo. Para otros fueron los Strokes, y por ahí en el medio fueron los Libertines para otros, hablando de bandas de rock and roll más de estos años. Pero también hay que tener en cuenta que hay mucha gente de esta generación, ponele un 90%, que no sale de lo que suena en la radio, pero tal vez vos te cruzás muy seguido con el 10% que sí lo hace, porque estás metida en la escena independiente local. Para mí hoy en día vas a una fecha de artistas under en Buenos Aires y te cruzás con por lo menos 7 u 8 referentes en esta movida. Así que ya la idea de genio es muy relativa y me parece bien así.

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Mirá el nuevo video de Pablo Neptuno, “Doubts“: