“Si encomiendas a un hombre más de lo que puede hacer, lo hará. Si solamente le encomiendas lo que puede hacer, no hará nada”, decía el escritor británico Rudyard Kipling. Y esta frase puede aplicar para el músico y periodista Pato Lange, alguien que desde hace años viene haciendo más de lo que cualquiera puede hacer: escribe notas para la Rollling Stone y GQ, colaboró con músicos como Joaquín Levinton y, además escribe e interpreta canciones desde que tiene 12 años. “La mayor parte de mi corazón es de la música. La música es mi vida y el periodismo fue un medio de vida para mí. Escribir me ha resultado porque haciendo bien mi trabajo me han pagado y publicado en grandes revistas que leí durante años. Y una y otra vez me pidieron que siga. Es un oficio que satisface mi gusto por la escritura y por las cosas de mundo. Soy muy curioso y escribir siempre fue una buena una excusa para echar un vistazo. Además, haciendo revistas he sobrevivido durante años. Vivía escribiendo, y al mismo tiempo tocando por ahí. Así que yo lo recibí con gusto al periodismo. Con la música siempre me había costado mucho vivir, pero nunca dejé de hacerla. Ahora después de tantos años de estar en movimiento, parece que las cosas se equilibran un poco y quizás cada vez más mi trabajo sea hacer música y un poco menos escribir. Igual no me quejo, son dos trabajos geniales. De niño, a los cuatro años más o menos decía que iba a ser cantante y escritor. De a poco voy cumpliendo”, cuenta.

Unir el periodismo con la música ya se convirtió en un oficio para Pato Lange, cada una de sus cosas las hace con las misma intensidad, estética y profesionalismo. Él mismo explica:

“Cuando decidí estudiar periodismo yo ya había sacado dos discos con Setnova y tocaba en vivo desde hacía más de diez años sin parar, desde los trece, con mis bandas de rock en Morón, en Haedo, en Castelar, en Capital y en algunas provincias. Salía a pegar carteles, componía mucho, a los 18 o 19 ya tenía fans, muchos, en el barrio que pasaban en autos y tenían puestas mis canciones en el estéreo o en los shows se cantaban los temas como si fueran hits que no sonaban en ninguna radio. Por un tiempo nos pasaron en MTV y en MuchMusic, pero yo no tenía tele. Todavía no había redes sociales casi. Al mismo tiempo vivía siempre muy mal de dinero. No sé a dónde había leído que Caetano Veloso, el gran autor brasileño, había trabajado como periodista haciendo reseñas sobre cine en algún momento de su vida, yo soy fan de Caetano y pensé: puedo tocar y escribir, ¿por qué no?”

Con el mismo espíritu hedonista que a los 12 años ya componía canciones y alimentaba su ADN a base de discos y libros, Pato Lange llegó a escribir en revistas de renombre y a componer, después de varios años de actividad, su primer disco solista. “Mientras estudiaba vivía de dar clases de música en una casa vieja en una esquina en Castelar, a tres cuadras de donde había nacido, cerca de la plaza de Los Españoles, se me caían pedazos de revoque en la cabeza. Antes de terminar Periodismo empecé a publicar en una revista independiente de rock (Mavirock) y al poco tiempo asistí al taller de la argentina Leila Guerriero, una estrella del periodismo latinoamericano, que asumí como maestra y me fascinó, me inspiró muchísimo. De golpe no paraban de salirme notas aquí y allá y así fue como me enamoré del periodismo y las revistas y me dejé llevar. Se pueden hacer varias cosas. ¿Por qué no? Se puede hacer cualquier cosa que uno quiera”, cuenta.

El universo de Pato Lange está cargado de influencias que van desde los Stones pasando por Dylan y desembocando siempre en el rock nacional de Moris, Fito Páez y un largo etc.

“A los diez años estaba loco por Fito Páez. El amor después del amor es el primer disco que aprendí de memoria y todavía puedo cantar verso por verso todas las canciones. A mí Fito me llevó a Charly y a Spinetta. Como que seguí el árbol genealógico al revés. También me encanta el folclore argentino, la música popular brasileña y el jazz. Así que mi mundo musical está formado por todo eso y el input constante que recibo de nuevas cosas que veo en Spotify, YouTube, Instagram, Netflix y redes sociales. Y también llevo una vida cultural y bohemia en Buenos Aires, siendo músico y estando al frente de mi centro cultural que es como una factoría de cosas locas, y a la vez haciendo revistas, recibo mucha data variopinta. Aunque a la hora de escribir, creo que hago canciones clásicas”.

Oscar Wilde decía que la única manera de alejarse de la tentación era caer en ella, y Pato Lange parece caer en la tentación de escribir artículos precisos y canciones con el pulso del rock, el pop y cuanto genero se cruce en su camino. “La verdad es que quiero subirme al escenario y cantar para la gente treinta o cuarenta veces al año y eso es bastante difícil si me quedo todo el tiempo en Argentina. Por eso creo voy a tener que empezar a viajar para poder tocar más. Todavía no tengo del todo claro cómo, pero supongo que tendré que hacer suficiente dinero tocando para poder sobrevivir, y tendré que ver cuál es el flash de mi vida con la música, si vivir de la música y jugar el juego como en cualquier negocio o vivir para la música. Lo bueno es que estando de viaje puedo escribir mis artículos y mandarlos a revistas del mundo, cada tanto, si quisiera. O hacer un libro. Quién sabe. Me entusiasman muchas cosas. Sobre todo escribir canciones”, reflexiona Pato Lange.

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Pato Lange se presenta el sábado 23 de junio en La Confitería (Av. Federico Lacroze 2963, CABA) y el domingo 8 de julio en la Usina del Arte (Agustín R. Caffarena 1, CABA) en marco del Ciclo Transformador.