Todos los años, el Fondo Nacional de las Artes entrega doscientas becas de $50.000 para promover la creación de proyectos a artistas visuales, escénicos, escritores, arquitectos, diseñadores y por supuesto, músicos. Una de esas doscientas fue para Sobreviento, una banda de rock experimental con tintes de folklore, de canción y un camino firme en la autogestión.

Sobreviento nació en 2012 fiel a la definición de su nombre, como un “golpe de viento impetuoso”. O en palabras de Flor Wosh (cantante), “como una corazonada”. Pablo Boyé (guitarra) y Seba Verdún (bajo) son amigos desde siempre, y después de probarse en el Club Atlético Independiente con resultados desastrosos decidieron que mejor se dedicaban a la música. Empezaron como se suele empezar, con una guitarra. “Con Seba y con Jordan (Zagatti, primer baterista) alquilamos una sala. Cuando llegamos nos dimos cuenta de que faltaba algo, y es así como Seba aprendió a tocar el bajo”, cuenta Pablo entre risas. Un tiempo después la vida y los amigos en común los cruzaron con la otra pata que faltaba, un cantante. “Cuando nos conocimos con Flor fue un click —dice Seba— algo pasó “. Era el comienzo de todo.

Los primeros pasos, por supuesto, no fueron fáciles. Componer, ensayar, encontrar un sonido propio, lugares donde tocar, arreglos con muy poco beneficio, en fin, derecho de piso y condiciones no muy tentadoras. “Teníamos una idea muy vaga de lo que queríamos, y no sabíamos bien cómo movernos —dice Flor—. Hasta que conocimos a los chicos de Damasco”.

Damasco es la productora de Cielo y Caer (2015), el primer disco de Sobreviento. Pero lo que cambió no fue grabar un disco ni encontrar productor, sino una filosofía de vida. “En la misma casa donde tienen el estudio, los chicos hacían noches de cantautores y eran parte de una movida autogestiva que nos cautivó —sigue Flor— y eso para nosotros fue una semilla”. De los brotes de ese encuentro Sobreviento empezó a ramificarse, e impulsados por este nuevo golpe de aire organizaron en Circe un ciclo propio, el Ciclo Habra Música, que hoy va por su tercer año consecutivo y escaló de cuatro miércoles por medio a diez viernes consecutivos durante el invierno. “Fue revelador entender al que está del otro lado —dice Seba—. Nos cambió completamente la perspectiva de laburo”.

El ciclo superó las expectativas y Sobreviento aprovechó el impulso para seguir. Organizaron dos ciclos más, Entramados y Nuevos Trapos, este último en Vuela el Pez, y lanzaron una revista digital sobre música y cultura que estrenó este mes su séptimo número aniversario: Vamos por las Tramas. Músicos, productores, editores, aunque las ramas de Sobreviento son muchas el objetivo es uno solo y el mismo: generar espacios de conexión, de cruce, establecer lazos y crecer. Son muchísimas las bandas con las que compartieron no solo escenarios sino también formas de pensar y de hacer. Dice Pablo:

“Tenemos un concepto más de la peña que del rock, del conjunto, y hacer música es laburar con gente. Si no hay química a nivel humano no va a pasar nada musicalmente”.

Antes de cada ciclo, Sobreviento se reúne con los artistas que participan para contarles cómo es el proceso de armado de cada fecha y preparar juntos el show. “Tocar es una responsabilidad enorme y creo que ahora podemos asumirla con espalda —sentencia Seba—. La gente que paga una entrada se merece tener todas las condiciones dadas para recibir lo que el músico le da, y el músico todas las condiciones para poder dárselo. Hoy podemos hacernos valer, y apostamos a que todos los artistas podamos trabajar en buenas condiciones”.

En cinco años Sobreviento pasó de ser una banda de cuatro amigos a una banda multifacética con miles de amigos más, cientos de compañeros de equipo, de hermanos de la vida y también de seguidores. “No podemos creer lo rápido que pasó, y a la vez la cantidad de cosas que pasaron en este tiempo” dice Flor abriendo enormes los ojos. Por su parte Pablo agrega que “Todo lo que venimos haciendo está influyendo mucho en nuestra música. Estamos bajando a tierra y plantándonos más firmes, y se viene un gran cambio de etapa”. Parte de ese cambio viene de la mano de Agustín Piva, que entró en 2016 como nuevo baterista. “Agus viene con otras influencias y otros gustos musicales, y con la entrada de él reinterpretamos todo nuestro sonido”.

La beca del Fondo Nacional de las Artes los encuentra en un momento muy especial, y aunque puede que sea casualidad, para Sobreviento es una recompensa por todo lo que pasó. “Y una ayuda inmensa para meternos en el estudio a grabar nuestro segundo disco, que ya está ahí, como un bebé de cuatro meses” bromea Seba.

Para festejarlo, y también para despedir un ciclo que se cierra y darle la bienvenida a uno nuevo, Sobreviento celebra sus cinco años con una fecha en el Emergente Bar, el próximo domingo 19 de noviembre, pre-feriado.

Escuchá su disco Cielo y Caer (2015):