A My Bloody Valentine le basto haber sacado solamente dos discos de estudio para que se convirtieran en un grupo de culto y el favorito por los críticos. Liderada por Kevin Shields, y con Bilinda Butcher, Colmó Cíosóig y Debbie Googe, en 1991 lanzaron uno de los discos más reconocidos por la crítica musical: Loveless.

El obsesivo y meticuloso Kevin Shields mantuvo la idea de “grabar discos perfectos, si no, es mejor guardar silencio”. Va totalmente a contramano de una industria ansiosa de un tiempo donde ser prolífico es una virtud. Hoy cumple 25 años uno de los discos que enamoraron a una generación: Loveless suena como un viaje sin destino por el mar de deseos y temores de Kevin Shields. Acompañado de cuerdas sobrepuestas y un muy ingenioso juego con el trémolo de la guitarra, afinaciones diferenciales y un uso constante de samples, dejando las voces de Bilinda y Kevin como un sonido más que acompaña las ondulaciones de las omnipresentes guitarras.

En el tema de apertura “Only Shallow”, se puede escuchar reptidamente el sonido de la guitarra distorsionada, como si fuese una especie de mantra, con unas estrofas súper surrealistas, que bien podrían ser pasadas por alto, consiguiendo un tema instrumental cuasi-perfecto.

My Bloody Valentine logró crear también el idioma de los músicos estáticos mirando el suelo, perdidos en su propio ruido, a la cual la prensa bautizó shoegazing (la mirada clavada en los zapatos). Para otros, es ese subgénero de guitarras reverberadas y voces etéreas que se instaló a la sombra de los éxitos comerciales del momento. Las comparaciones son varias, van de Spacemen 3 a The Jesus & Mary Chain; cualquiera sea el caso, lo cierto es que no suenan como nadie más, son únicos en la escena: Sacaron dos discos y un conjunto de EPs para marcar una época y convertirse hoy por hoy en un mito.

Fue una experimentación sin precedentes, con el rango sonoro que ofrece la guitarra mediante el uso de la barra de trémolo y juegos con diversos ecualizadores. Además se le atribuye a Shields la invención de esta técnica, llamada glide guitar.

Cuando se pensaba que ya todo estaba hecho, llegó el majestuoso Loveless a romper todos los paradigmas: el segundo disco de la banda es considerado una obra de culto por músicos y fans y es recordado como uno de los discos más influyentes lanzados en 1991. En ese momento, Shields, el artista pálido y contrariado que cree en la inspiración, se prometió nunca sacar algo peor que ese disco. Desde entonces, My Bloody Valentine se sumió en una existencia casi espectral.

El vacío que siguió a Loveless tiene su explicación técnica: después del tortuoso proceso de grabación (contrataron y despidieron a 18 ingenieros y pasaron por casi la misma cantidad de estudios a lo largo de más de dos años), sumado a que las ventas distaron de ser las esperadas (el álbum no pasó del puesto 24 en los charts de Gran Bretaña), el entonces dueño de Creation Records, Alan McGee, que rozó el colapso nervioso durante el período (según el relato, al ¿para cuándo?, Shields le respondía con nombres de canciones: “To Here Knows When”, “When you Sleep”, “Soon”), los echó de la discográfica. Firmaron con Island que, bajo protesta, les financió la construcción de un estudio que nunca funcionó. Llegó el ’94 y My Bloody Valentine no tenía nada nuevo para ofrecer. Ante la incertidumbre, la bajista, Debbie Googe, y el baterista Colm ó Cíosóig, buscaron nuevos rumbos. Shields y la segunda guitarra y voz, Bilinda Butcher, siguieron grabando esporádicamente hasta el ’97, momento en que el sello les cortó los víveres; y ahí, prácticamente, se les pierde el rastro. En adelante, se sabe que Shields tocó con Primal Scream, produjo bandas como Placebo y Yo La Tengo, y firmó un par de covers, mezclas, remixes y varias colaboraciones.

Hablar de My Bloody Valentine es hablar de cuatro personas de los que poco se sabe, que parecieran haber vivido siempre en una foto en blanco y negro, o en un video como el de “Only Shallow”: borroso y con imágenes superpuestas. El punto de encuentro entre los cuatro era el vivo, cuando cada uno se concentraba en lo suyo para crear una música entera y catártica, que alcanzaba el clímax al final de cada show, con una versión de “You Made Me Realise” tan larga, agresiva y estridente que al set lo llamaban “el holocausto”. El estudio, por su parte siempre fue tierra de Shields, la cabeza creativa del asunto, un convencido de que es preferible hacer una sola cosa bien que varias más o menos. Así, en lugar de preocuparse por convertirse en un músico exitoso, se dedicó a perfeccionar un estilo propio, sabiendo que es posible ser completamente expresivo tocando una misma nota y añadiendo efectos que rompan, saturen y complejicen el sonido. Esa distorsión adquiere melodía con las voces lánguidas de Shields y Butcher, que repiten incoherencias hermosas y potencian lo indescifrable de My Bloody Valentine, de esa oscuridad adolescente que gusta tanto no se sabe bien por qué. Porque escucharlos provoca un placer casi sádico, incómodo; como el goce, que puede ser tan perturbador como adictivo. ¿Cuál es el fuerte de la banda? ¿Qué es lo que resulta tan seductor? No hay una respuesta exacta. My Bloody Valentine es grandiosa por lo enigmática; y es precisamente ese punto indefinible lo que la hace verdadera. Es en esa imperfección donde el que escucha puede reconocerse.

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My Bloody Valentine – Loveless

1991 – Creation

01. Only Shallow
02. Loomer
03. Touched
04. To Here Knows When
05. When You Sleep
06. I Only Said
07. Come in Alone
08. Sometimes
09. Blown A Wish
10. What You Want
11. Soon