A menudo se suelen encontrar extrañas joyas perdidas en las filmografías de los directores de cine, registros audiovisuales que terminaron en documentales como fragmentos de películas que nunca se hicieron. Jim Jarmusch esconde algo mucho más formado, finalizado y con una pequeña historia que duró un par de años en la década del ’80, paralelamente a su carrera como cineasta que estaba floreciendo con sus mejores películas. Ese algo es una banda llamada The Del-Byzanteens, donde tocaba el teclado y aportaba su voz, a veces en coros y otras veces más protagonismo, sus demás integrantes eran Josh y Dan Braun (percusiones y baterías), Philippe Hagen (bajo) y Phil Kline(guitarra y voz).

La música y el director estadounidense siempre estuvieron interconectadas en su marca autoral, ya que en todos sus films podemos encontrar alguna seña que da cuenta de su pasión por la música. Desde su primer película Permanent Vacation, en la que un joven escribe con aerosol en una pared gastada “Allie Total Blam!”, hasta su último documental sobre The Stooges. Como si el personaje de su primer película ya tiene la necesidad de dejar su firma marcada y esa escena sirva como metáfora para decir lo literal: la firma de Jim Jarmusch siempre se vincula con la música. Iggy Pop participa no sólo en documentales, sino que actúa en sus ficciones, Coffee and Cigarettes y Dead Man. Después podemos encontrar otras apariciones de músicos como Tom Waits y John Lurie. Otro documental sobre Neil Young. Y un universo dentro de sus guiones que nunca la dejan afuera, “…-Ahí vivía el pequeño Jack White…”, recuerdan los vampiros de Only Lovers Left Alive, al estacionarse frente a una casa en uno de sus paseos nocturnos por la ciudad.

The Del-Byzanteens es su proyecto musical por excelencia porque se corre del detrás de cámara y entra de lleno agarrando el teclado. Sólo sacaron un disco llamado Lies To Live By y dos EP’s. No hubo demasiadas presentaciones en vivo a lo largo de los años, ya que todos se dedicaban a otras cosas (como el periodismo o la pintura) y la banda sólo era un pasatiempo. Los ensayos no eran tan frecuentes, ya que ninguno de ellos soñaba ser una estrella de rock. Pero en su único disco podemos encontrar algo que suena muy particular y se codea con varios géneros del underground neoyorkino que abrieron el panorama. The Del-Byzanteens tiene mucho del post-punk fruto de la no-wave que estaba haciendo estragos, pero a la vez también tiene el free-jazz muy asimilado, inspirado en genios del saxofón como Ornette Coleman y John Coltrane. Y detrás, toda una poesía que tenía raíces en Ginsberg o Elliot y en sus presentaciones en vivo apostaban al azar de improvisar para dialogar con la pintura de Pollock. Los ’80 fueron la relectura de los sesenta de todo lo que había emergido en todas las artes de Nueva York como la nueva metrópolis, con todas sus instituciones, pero también con una poderosa contracultura.

The Del-Byzanteens se formó bajo el lema de Do it yourself , con un espíritu vivo y juvenil de encontrar distintas formas de expresión y de que todas las personas podían hacerlo. Esto en la música inspiró luego a toda una corriente de directores cinematográficos de la zona. Todo tenía que ver con todo y Jim Jarmusch estaba ahí presente, absorbiéndolo todo. Una banda que llevaba toda la amargura y el humor del existencialismo profesadas en letras agobiantes bajo el techo de los rascacielos. Su música era una declaración de guerra que mezclaba lo apocalíptico de lo cibernético con una fuerte denuncia social de los sectores marginales.