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El proyecto Jägermeister Kunst surgió hace ya varios años con la idea de celebrar la leyenda de San Huberto, un elemento clave detrás de la iconografía de la marca. Huberto fue un noble que vivió en el siglo XVIII y se destacó por ser un tanto reaccionario. Ante una desoladora experiencia personal, decidió vivir en rebeldía con las normas de su tiempo y cazaba hasta en los días sagrados. Cuenta la leyenda que durante un día de caza, al internarse en el bosque, lo impactó un silencio devastador: su jauría había dejado de ladrar. Al alcanzar a sus perros, los encontró en contemplación del más majestuoso ciervo que jamás se haya visto: el animal llevaba entre su cornamenta una resplandeciente cruz.

De vuelta en Buenos Aires, en la plaza Seeber de Palermo, en diagonal al Monumento a los Españoles se encuentra una espléndida escultura de un orgulloso ciervo, realizada por Arthur J. Leduc, que forma parte de un tríptico de esculturas. Inspirados por su presencia, los miembros del equipo de Jägermeister visualizaban nuevos proyectos a su alrededor, pero fueron sorprendidos por la vandalización de la escultura. Motivados por la idea de devolver a la ciudad un poco de la inspiración que les brinda día a día, nace el proyecto Kunst.

Para ello desafiaron a la muralista Fio Silva, con la cual ya habían trabajado en el Proyecto 56 (el número de ingredientes de Jägermeister), para que convirtiese una de sus intensas ilustraciones en una escultura. Tras escuchar la leyenda, ella decidió unirse con el escultor Juan Del Prado para materializar la obra.

El resultado está a la vista: no importa si es una pintura que se volvió escultura o una escultura pintada en el espacio, se trata de la materialización de una presencia mística.