Polygondwanaland

ATO

Si creíamos que los King Gizzard nos habían sorprendido suficiente en este 2017, nos encontrábamos equivocados. La ocasión para la nueva sorpresa fue el lanzamiento de su cuarto LP, y el modus operando fue la subida de todo el material en su página oficial para la libre descarga y reproducción del público, en algo que parece ser el siguiente paso a lo que fue la movida comercial que hizo Radiohead con In Rainbows.

Polygondwanaland es completamente gratis y cada uno es responsable de generar una copia física, hacer vinilos, CD’s, cassetes, descargarlo, remezclarlo y hacer más o menos lo que quiera con él. La banda sólo le brindó a la gente la música y el arte de tapa, dando lugar a un despliegue de creatividad por parte de sus fans. Movimientos como estos, sumados al carisma que tiene la banda en vivo y en entrevistas genera un gran cariño hacia ellos, como si se tratara de amigos que viven en el otro lado del mundo.

Musicalmente, los diez primeros minutos que abren el álbum hacen recordar a Nonagon Infinity, a partir de las polirritmias, letras enigmáticas y una idea de loop asomando, pero a su vez, sumando los elementos que incorporaron este año, como las escalas microtonales.

Situaciones de tensión absoluta como a las que nos condujeron en Murder of the Universe, resueltas con sintetizadores arcanos y percusiones implacables vamos a encontrar en este álbum, pero también hay lugar para paisajes que se mezclan entre Sketches of Brunswick East y Paper Maché Dream Ballons, como los del tema que da nombre al disco. Guitarras acústicas, sintetizadores intrigantes pero amenos, y un ritmo rebuscado liderado por el bajo y adornado por los hi hats permiten una obra muy disfrutable.

Algo para destacar en este álbum es el rol protagónico que asumen en varios temas el bajo y los sintetizadores con tintes ochentosos, dando a pensar inevitablemente en la aclamada serie de Netflix, Stranger Things. Líneas seductoras y arpegios espaciales lideran el asunto en “Deserted Dunes Welcome Weary Fee” y “Loyalty“, logrando converger de forma muy elegante nuevamente elementos pasados, como el jazz de Sketches y el aura apocalíptica de Murder of the Universe (la frutilla del postre son las flautas traversas en mood Paper Maché).

Uno de los puntos más altos del álbum lo encontramos en “Inner Cell“, ya que el grupo se adentra en una mixtura entre escalas occidentales y orientales, jazz y math rock, guitarras acústicas y eléctricas, estructuras rítmicas anárquicas y un despliegue de talento total.

Los últimos 10 minutos del disco son un cierre digno para otro álbum de mirífica calidad a la que nos acostumbraron los Gizzard. “Searching…” por un lado utiliza claras referencias orientales en modo de polirritmia, sintetizadores intrigantes y percusiones efervescentes sumamente detallísticas que terminan de enjaezar el tema. Pero esto no es todo. La transición de esta canción con la última del disco es tan sutil y elegante que uno no puede evitar ponerse de pie y empezar a saltar y mover la cabeza en ese riff digno de los primeros sonidos garageros de los aussies. “The Fourth Colour” maneja intensidades y matices, susurros y alaridos, percusiones y contratiempos, y una armónica que recuerda al I’m in Your Mind Fuzz. Por cuarta ocasión en estos 12 meses, el septeto australiano nos hace cuestionarnos sobre cuál fue el mejor disco del año. Chapeau por ellos.

Utilizando elementos e infuencias previamente exteriorizadas, como el folk, jazz, math rock, música oriental y el garage rock más sucio, todo embadurnado de una psicodelia deliciosa, los Gizzard logran excavar en nuestros cerebros una vez más. Porque un álbum de ellos es imposible de escuchar como fondo en una conversación con amigos. De una forma u otra, ellos te hipnotizan y cautivan, construyendo, destruyendo y rearmando nuevamente nuestros sentidos.

Gumboot Soup

Flightless Records

Para empezar a hablar de Gumboot Soup, es ineludible mencionar que los King Gizzard lanzaron previamente cuatro álbums a lo largo del año, todos de destacada calidad y larga duración (40 minutos promedio). Aclarado esto, cabía la posibilidad de que el quinto y esperado disco no fuera tan notorio como sus predecesores (al fin y al cabo, estos lagartos son humanos).

Sin embargo, los temas que conforman el álbum son buenas obras, aunque tiendan hacia el lado B de la obra Gizzardiana, más que contar con el potencial de ser canciones a recordar en un futuro. A diferencia de lo que suele pasar en sus discos, en los que la escucha global del mismo es mucho más disfrutable que el aislamiento de cada canción, en Gumboot Soup la audición general no se hace tan necesaria. Posiblemente esto sea a causa de la falta de un hilo conductor, un concepto como el que trabajaron en los predecesores: el microtonalismo en Flying Microtonal Banana, el progesivo Murder of the Universe, el jazzy Sketches of Brunswick East y el polivalente Polygondwanaland.

La falta de un concepto unificador es algo que le juega en contra, sobre todo porque es parte de la insignia de la banda. De todas formas, la capacidad de hacer deliciosas composiciones está en cada uno de los siete integrantes, como la jazzera “The Last Oasis“, que bien podría estar en Sketches, al igual que “Greenhouse Heat Death“, o “All is Known“, que se puede percibir como un B side de Flying Microtonal.

Claramente no es el mejor álbum que lanzaron los King Gizzard en este año, pero esa tarea rozaba lo imposible teniendo en cuenta el altísimo nivel que mostró la banda este año. Posiblemente sí sea el mejor álbum de B-Sides del año, lo que no es poca cosa. A fin de cuentas, el septeto australiano liderado por Stu Mackenzie nunca decepciona.

A modo de conclusión de la discografía emitida por los Gizzard este año, podríamos afirmar sin temor alguno que terminaron de consolidarse como LA banda del momento para los seguidores de la psicodelia, y es cuestión de tiempo que sean catapultados hacia un público más masivo. Su capacidad de utilizar recursos de cada rincón del mundo e insertarlos en el universo sonoro que ellos mismos crearon -con una cohesión admirable- la intrepidez de sus movimientos atreviéndose a explorar y mezclar distintos géneros musicales ampliamente distantes, sumados a su enérgica y repleta de calidad performance en vivo, son los puntos más sobresalientes de una amplia lista de virtudes.

En una reciente entrevista, Mackenzie prometió el delirante número de 12 álbums para el 2018. Qué hermoso sujeto. Por mi parte, que lancen la cantidad que quieran, pero dándose el tiempo para permitirse una escapada al otro lado del mundo, que en Argentina y toda Sudamérica hay muchos que los estamos esperando ansiosos. Antes de que destruyan el universo otra vez más.

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