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Foto: Cortesía de Cynthia Langier

Cynthia Langier es psicoanalista y poeta. Y la gata se relame (Modesto Rimba, 2016) es su primer poemario. En él se esconde una crítica a la burocracia de los cuerpos, a la heteronorma y también, porque no, una bitácora de la cotidianidad exaltada. Existen en el libro instantes de dulzura corporal, de éxtasis, de juego. Como una gata que se relame, que sabe que su tarea está hecha.

En los agradecimientos del libro hablás de tres momentos claves en tu vida en los que era ineludible escribir.

Si, hago referencia en los agradecimientos a tres momentos fundamentales de mi lazo a la escritura : cuando aprendí a escribir, luego con la muerte de mi papá y finalmente tras sufrir un accidente grave en el cuerpo. En los poemas del libro de alguna manera están presentes estos temas. El libro surge en una instancia posterior pero muchos de los poemas que lo integran nacen de una manera puramente orgánica. Cuando lo único que podía hacer era escribir o morir. Así lo sentía. Ante el dolor en el cuerpo, el miedo a la vida truncada tras un tumor en la cabeza y lo demencial de irme a dormir una noche cualquiera y despertar días después en una sala de terapia intensiva, solo pude escribir. Después vinieron tres cirugías difíciles y la pérdida parcial de algunas funciones, entre ellas la motricidad fina. En ese momento tuve que volver a aprender a escribir. En esta coyuntura surgen los poemas que además me llevan de paseo por la infancia, el recuerdo de mi padre y el amor – que fue – junto con la escritura, sin ninguna duda, lo que me sobrevivió.

El cuerpo parece tener un lugar predominante en tu poesía

Sí, seguro. En la punta de mi cuerpo está la palabra. Es desde allí que escribo casi siempre y en particular así fue la escritura de “Y la gata se relame” ya que surge de un agujero absoluto, real que a su vez causó el deseo de palabra, la necesidad de expresión y de allí , la poesía. Como un cuerpo hablado por el lenguaje poético o un cuerpo intervenido por la poesía.

Rozo mi cráneo con la punta de los dedos
hay una hendidura justo en el medio
que me parte la frente en dos.
Del lado izquierdo del lóbulo frontal
hay una prótesis bastante irregular con tornillos.

Cada tanto la cabeza me duele.
Me asusta que el cuerpo se vuelva a agitar
quedarme frita,
que siga una película de terror
(preferiría dejarme ir).

[Veo el ojo inyectado en sangre de la enfermera de terapia
Intensiva. Estoy inmensa y deforme en el mismísimo infierno.
Estoy violeta. Yo veo dos palomas grises en una ventana pintada en la pared.
Llamo a mi mamá.]

Ahora me pongo el camisón de flores amarillas.
Me duele la cabeza (creo que eso ya lo dije).
Al mínimo signo pienso que todo puede volver a pasar.
Me doy un baño para que si ocurre me encuentre limpia.
Soy pudorosa y ni en el peor momento pierdo
la dignidad o la vergüenza.

[Me agarran los brazos los pies las manos y pinchan como si fuera
un muñeco de trapo/la sangre sale a borbotones/ ponen la chata
y me piden que cague como si fuera posible hacerlo en público.
Como si ellos pudieran]

El predominio de la cotidianeidad

Creo que la referencia a lo cotidiano tiene que ver con un modo de recuperar la experiencia cotidiana. Que no se escurra, que no se pierda. Entonces se vuelve una forma de mirar o de estar en el mundo. Puede estar ladrando un perro o pasando un auto en este preciso momento que estoy sentada en el comedor de mi casa y esto lo percibo y lo guardo a través de la escritura. Entonces me detengo en las sombras que los objetos de este espacio dibujan en las paredes, o tomo registro del beso de la mañana de mi compañera o de mis hijos, me lo apropio, y lo escribo. Es el modo que yo encuentro para vivir y que no se me extravíe la experiencia. Precisamente de lo cotidiano que es de lo que estamos hechos, también, aunque a veces pareciera que lo trascendente está en un lugar mucho más inhallable o mucho más hondo, pero lo cotidiano forma parte de la experiencia y de algo que no quiero de ninguna forma, que se me pierda.

Al leerte recordé Hospital británico de Viel Temperley. ¿Cuáles fueron tus principales influencias?

Me resulta difícil recordar cabalmente ya que ha sido mucha la lectura de poesía y también de narrativa. A la poesía llego de la mano de Margarita Roncarolo, mi primera y gran maestra de vida. Una fortuna haberla hallado. Luego vinieron otros maestros también. Como principal influencia sobre todo Idea Vilariño, Raymond Carver, Cristina Peri Rossi, Susana Thenon, Lamborghini, Clarice Lispector, José Sbarra. Carson MacCullers, Szymborska, Georges Perec, Humberto Constantini, Aurora Venturini. Son muchos los autores que tuvieron influencia en mí, y Hospital Británico de Viel por supuesto que también lo leí pero fue posterior a mi accidente en el cuerpo. Siempre estoy descubriendo autores nuevos.

Por qué poesía

La poesía surge en mí como una decisión espontánea; tiene que ver con la mirada. Tiene que ver con un modo de estar en el mundo. Un modo de sentir. No concibo otro modo de estar que no sea a través de ella. Siempre tendí en la escritura a la síntesis, quiero decir: yo puedo tener montones de ideas, muchas ideas confluyendo en mi cabeza, pero a la hora de escribir, casi de manera espontánea, tiendo a la síntesis. Se me representa en una imagen fotográfica toda una cadena de pensamiento o de observaciones. Una mirada fotográfica que se plasma en un poema. O una melodía, un aroma, una vivencia. Una experiencia que se traduce en un poema. Por eso: la poesía. No puedo entender de otra manera la vida que no sea a través de la poesía.

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