Foto: Juan Pablo González

“Escribo con la esperanza de encontrar un lugar desde el cual narrarme, una voz que integre en una caligrafía, y en un tono, un paisaje interior con aquello que acontece por fuera de mí. Escribo para encontrarme con los otros. Desde un yo apenas visible que tal vez incluya a un nosotros casi siempre invisible. Quizá la escritura funcione como una política de los sentimientos. No sé. Del otro lado de los textos hay lectores ocasionales que no admiten por momentos clasificación alguna, por simpleza, por espontaneidad, por timidez y sin saber bien cómo, terminan por ingresar a los poemas o los poemas, a la inversa, llegan desde quién sabe dónde hasta ellos. Muchas veces no hay lectores especializados sino lectores inclasificables llenos de preguntas e inquietudes al igual que yo. Y creo que la escritura como la experiencia tiene capas, zonas oscuras que lentamente, con trabajo, encuentran una traducción en la palabra justa. Y si yo lo puedo leer puede que otros también.

Las coordenadas desde donde escribo son móviles, vivo en Río Cuarto, provincia de Córdoba. Por ejemplo la semana pasada falleció Walter Romero, un cantante increíble que se crió cruzando la Av. Argentina, un barrio muy pobre ubicado pasando el puente carretero que une Banda Norte con el Centro. Y pensaba si Walter Romero hubiese nacido en Inglaterra a lo mejor hubiese sido un Nick Drake o un Ian Curtis pero nació en Río Cuarto y murió en Río Cuarto a los 34 años. Si nacía en Bristol hoy lo hubiésemos llorado como a un ícono del trip hop. El paisaje engendra sus caracteres, digamos. Y yo no me puedo, ni quiero tampoco, desprender del lugar que habito.”

“Vuelvo: las coordenadas desde donde me toca escribir son móviles porque no vivo en un lugar que se identifique con el centro sino más bien con una región alejada de los espacios de agenciamiento de la literatura y si bien no pierdo mi propio centro de gravedad, una idea que me dio en su momento mi amigo Gabriel Pantoja, me conecto a las redes, o me traslado de un lugar a otro para no aislarme de la lectura y de la escritura ni de lo que ocurre por fuera de mi geografía.

Hay días en los que algunos versos funcionan como talismanes, la poesía ayuda a alinear, u ordenar, el caos. Hablo por mí. Por ejemplo ahora estoy releyendo Las instrucciones de Neil Gaiman, y subrayo líneas como: Recordá tu nombre./ No pierdas la esperanza -lo que buscás va a ser encontrado-. Confía en los sueños./ Confía en tu corazón, y confía en tu historia/ Y, entonces, volvé a tu hogar./ O hacé una hogar./ O descansá. Como si la escritura fuese parte de una épica minúscula, personal, en la que la imaginación parece un faro que recubre de significación todo a nuestro alrededor como un chispazo, o un relampagueo, en el vacío.”

Formas

“Pienso en una forma de la voz más cercana al universo lírico pero sin ser confesional, sin ser intimista, como lo planteó alguna vez Irene Gruss, intento ensayar una voz distante, atravesada por la bruma del lenguaje enunciada desde un lugar alejado, un lugar desde el cual se pueda actuar sobre la anécdota, o lo vivencial, en otras palabras, que el sentimiento esté contenido de manera intensa, sí, pero en la forma. Y eso sin olvidar la idea de lírica de la que habla Diana Bellesi en la que el poema termina siendo la voz donde el mundo nos canta con su variedad de afectos y de sentidos, porque una forma vacía de la lengua por sí misma no significa nada.

“el viento hizo su propia ciudad/ en una morada imposible”

No sé si hay misterio, supongo que todo texto poético de alguna manera depende del horizonte de lectura que activan los lectores ¿no? Me dejo llevar por esa idea, y me gusta también pensar en una forma de una sensibilidad puntual donde entre líneas, y sin darnos cuenta, ingresamos al universo de la escritura y dialogamos con el poema, por ahí en los sentidos borrosos el lector se gratifica. En lo que no se comprende, en las grietas, en aquello que no se puede leer con fluidez está la gracia y el sentido de la lectura, para mí.

El dragón

Es un texto escrito a fines del año 2011. Pensé en un paisaje oriental muy lejano que dialogue con elementos de una especie de mainstream occidental, elementos de la ficción, propios del imaginario de oriente integrado a figuras de las narraciones con las que hemos ido creciendo en este hemisferio. Supongo que no hay tradición literaria más allá de lo que el libro anuncia por sí mismo. La figura del dragón es una excusa para hablar de aquello que nos demanda un poco más de concentración a la hora de pensar en cómo llegamos a ser lo que somos ahora. Podría ser otra figura. Si miráramos en modo retrospectivo nuestro pasado esa figura sería el guía de los momentos más significativos donde está presente lo efímero, lo fugaz. E intenté, fuera de toda representación acartonada, que funcionara como una suerte de certeza interior sobre los errores, o faltas, que no terminan de resolverse sino por una forma sentimental.

El arquero real

El arquero real es un libro de poesía escrito a fines del año 2011. Es una épica familiar, una narración sobre cómo los vínculos se construyen, se sostienen y se disuelven. Leandro Llul, un poeta genial, y de perfil bajo, de Rosario, hace poco me decía: “es como el carbónico de Newton y yo”, digamos como las huellas de una grafía de un texto anterior que se fue descubriendo de a poco. Con los borradores del libro en el año 2012 obtuve un primer premio en la Bienal de Arte de la UNL, en el jurado estaba Santiago Venturini, el año pasado tuve la suerte de conocerlo en El Foro El Argentino en Santa Fe y charlamos sobre una escritura que oscila entre un tono lírico y un registro más llano del habla.

Se lo podría pensar como una bildungsroman, un relato de la infancia, de la experiencia de la infancia contenida en los límites de la palabra alrededor de una voz sentimental que despliega una iconografía familiar. Y un libro que borra sus instrucciones de lectura en el momento mismo en que las enuncia como una luz que se enciende y apaga continuamente.

Ahora tuvo la suerte de encontrar una editorial de Córdoba, Borde Perdido, que tiene un catálogo que integra autores como Mario Bellatín, Silvio Mattoni, Alejandro Schmidt, Roberto Videla, Silvina Mercadal, Germán Arens, Ioshua, Liria Evangelista, Gustavo Borga entre otros. Una editorial que realiza un trabajo sobre el libro entendido como objeto artesanal. Los textos tienen una circulación subterránea entre ferias, librerías y redes sociales, esto último creo que puede también dirigir nuestras lecturas hacia otro punto a la hora de decidir cómo leer como si El arquero real fuese parte de una constelación.

Marcelo Díaz recomienda “Esperando“, de Walter Romero.
Walter Romero, ex líder de Banda XXI, se suicidó hace unas semanas a los 34 años.

El arquero real se presenta en el marco de la feria de editoriales independientes el día 6 de mayo a las 19:00hs en Río Cuarto. Córdoba. Biblioteca Mariano Moreno. Presentadores: Joaquín Vazquez, Nicolás Ghigonetto y Sebastián Maturano”

Marcelo Díaz, 1981. Publicó los libros de poesía “La sombrilla de Wittgenstein” (2007), “Newton y yo” (2011), “El fin del realismo” (2014), “Bosque chico” (2016), “El astronauta (2016) y “El arquero real” (2017). Ha ganado la beca de creación literaria del FNA y es colaborador de las revistas Op Cit y Otra Parte.