Martín Glozman – Foto: Iair Kon

Cómo escribir. Para qué y para quién. Bajo qué coordenadas establecer los nuevos criterios que refunden la novela. Dónde acentuar. Dónde colocar los puntos y las comas. En dónde se inscribe el verso y en qué lugar se sitúa la prosa, y por último y no por eso menos importante, cómo sobrevivir al fragmento.

Nada de esto cuestiona Documento de María, al menos no de manera directa y sin embargo al concluir el extraño volumen de Glozman la pregunta queda flotando en el aire: Qué es la literatura.

La apuesta es feroz. El riesgo enorme y finalmente lo que subyace es la construcción de un texto tan despiadado como poco condescendiente:

“Voy a entrar en la lengua, basta de cortar párrafos” dice en la entrada 118 al tiempo que la maquinaria no se detiene. Al tiempo que la maquinaria continua cortando, triturando y demoliendo, es la Máquina Glozman en acción. Un dispositivo narrativo que por momentos se contradice con la forma, y en ese decir, la paradoja no solo se vuelve moderna, sino también eficaz y de alguna manera irreductible.

“Bailemos en la fiesta de las palabras” dice, piensa y escribe María o Martín Glozman. Palimpsestos, fragmentos perdidos de historias perdidas que revelan un devenir tan silencioso como ensordecedor.

Algunos recordarán que el más alto poeta francés de la historia, decía “Yo soy un otro”. Y cómo será el paso del tiempo y el arrastre de las influencias que si hay algo de lo que se retroalimenta la literatura es de esa suerte de hipnótica y seductora esquizofrenia.

Un poco más acá también Pessoa y sus heterónimos hicieron de las suyas. Y un poco más acá aún Martín Glozman y María lo vuelven a reformular.

“Bienvenida sea la sexualidad de la palabra. Las corporalidades desnudas” dice en uno de los 386 fragmentos. Dice y lo suscribo en voz alta, bienvenida la sexualidad de la palabra.

Bienvenido el choque que nos pegamos tras la lectura. Bienvenido el incendio que arrasa con toda la escritura somnolienta que nos rodea.

Bienvenidos a las cenizas, a la resaca, a los residuos, a las esquirlas, bienvenidos por ahora porque más temprano que tarde no quedará nada.