Elvira Sastre (Segovia, 1992) acaba de publicar su quinto libro, Aquella orilla nuestra (Alfaguara, 2018), un libro de aforismos y textos en prosa ilustrado por el artista uruguayo Emba.

Hablamos sobre su obra poética y su participación por vez primera en la 44° Feria Internacional del libro de Buenos Aires.

Acabas de publicar tu último poemario Aquella orilla nuestra por Alfaguara. En una entrevista dijiste que Benjamín Prado te decía que el último libro siempre debe ser el mejor. ¿Qué sentís a nivel del lenguaje poético y de tu obra, qué lograste con este libro a diferencia de los anteriores?
Este libro es distinto, muy diferente a todo lo que he publicado hasta la fecha. Es un libro conjunto, hecho mano a mano con Emiliano (Emba), y lo siento de los dos en todo momento. Es lo que es gracias a su trabajo. En cuanto a mi contenido, es un libro de aforismos y textos en prosa.

Participaste por primera vez como invitada en la 44.° Feria Internacional del libro de Buenos Aires: ¿Qué te llevas de tu experiencia en Argentina y particularmente de la feria del libro?
Fue una experiencia increíble. Aparte de la organización, que es muy buena y fue muy amable y atenta conmigo, el público argentino me conquistó. Los siento como si fueran amigos. Me gusta mucho su carácter y el cariño que me han dado me lo quedo para siempre. Ya tenemos ganas de volver.

Además de tu participación en la feria, junto a Andrea Valbuena llenaron tres salas Siranush, con el recital de música y poesía que brindan. ¿Te sorprendió? ¿Cómo sintieron la recepción del público argentino?
Sí, claro, nos sorprendió mucho. Nosotras habíamos calculado un aforo de trescientas personas para nuestra primera vez y al final tuvimos que hacer tres funciones con mil personas y se agotaron las entradas en cuestión de días. Fue una pasada.

Respecto a tu obra sos una escritora muy prolífica, a tus 26 años llevas 5 poemarios publicados. ¿Escribís a partir de la intensidad de tus vivencias? ¿Es necesario vivir intensamente para poder escribir? O dicho de otra manera ¿de qué intensidad emocional se nutre tu escritura?
Escribo siempre que lo necesito, y es cierto que estos últimos años he vivido muchas cosas diferentes que me han hecho necesitar del papel para volcar todo eso. Aprendo mucho de lo que vivo, como todos, lo que pasa es que lo que realmente me sirve es escribirlo.

Mucho se ha dicho sobre el uso de las redes sociales, y sin ser reiterativa en ese aspecto creo que las redes sociales generan cierto inmediatismo a la hora de escribir y postear, y una necesidad si se quiere de mantener interesado al público virtual. ¿Crees que hay que prevenirse de este inmediatismo a la hora de trabajar la propia escritura? ¿Cómo llevás las relación entre intimidad de la escritura y lo público que se genera en las redes?
Las redes sociales me han acompañado desde siempre y es un mundo en el que me siento muy cómoda. He aprendido, con el tiempo, a usarlas para compartir mi trabajo y poder tener un contacto inmediato con los lectores sin necesidad de que medie un tercero, que es probable que nunca lo haga tan bien como uno mismo. A la hora de escribir las olvido, no las tengo presentes; es en el momento de publicar cuando recurro a ellas. Creo que eso libra a mi escritura de esa inmediatez y ese carácter público. Yo escribo sin que nadie me vea.

En uno de los conciertos que diste en la Sala Siranush, bromeaste sobre la idea de que siempre parecía que estabas mal, sentimentalmente hablando. Concretamente: ¿qué lugar crees que tienen las experiencias dolorosas en tu escritura y cuál las vitalistas?
Sí, al final uno siempre relaciona la poesía con los momentos tristes, pero no creo que sea algo exclusivo. Yo escribo cuando necesito sacar algo de adentro, cuando hay algo que me incomoda u ocupa un lugar que no le pertenece, ya sea ansiedad, rabia, frustración, pena, emoción… También escribo aquello sobre lo que quiero aprender, y eso normalmente se encuentra en el dolor.

Mucha de tu obra poética está construida haciendo referencia a un otro al que le hablás, persona o sujetx amoroso; y se me viene a la mente el manifiesto de Frank O’Hara que habla del personismo, un movimiento que pone al poema directamente entre el poeta y la persona a la que va dedicado ese poema. Lo sin duda particular que sucede con tu obra poética, es que al hablarle y destinarle el poema a un otro en particular generás una gran empatía con un amplio público. ¿Por qué crees que sucede esto? ¿Sos consciente a la hora de escribir de la mirada del “gran público” o escribís el poema particularizando hacia personas o vivencias concretas más allá de quienes lo lean?
No soy consciente porque no suelo analizar mis poemas, pero entiendo lo que decís. No sé, no escribo en base a una teórica clara, solamente escribo lo que me sale en el momento. Suelen estar siempre dirigidos a alguien, aunque al final los escribo para mí. Sólo hay dos sujetos, entonces, la persona dirigida y yo. No presto atención a nadie más.

En un poema de Baluarte (Valparaíso, 2014), “País de poetas”, hacés referencia implícita a la crisis económica que atravesó España, y en la Sala Siranush al leer este poema, te referiste a que los argentinos también habían pasado por momentos complicados y reivindicaste su lucha. ¿Cuál pensás que puede ser el aporte de la poesía a las cuestiones políticas?
Creo que el hecho de escribir un poema que hable de algo social ya es en sí un gran acto reivindicativo, que se agranda al leerlo en voz alta y poder explicarlo más ampliamente. A mí me da mucha fuerza. La palabra es siempre la más poderosa.