Foto: Gentileza La Gaceta/ Antonio Ferroni

Este año se cumplen diez años de la muerte de una de las voces poéticas más exquisitas y secretas, Dora Fornaciari (1933-2007). Poeta, periodista y critica literaria ejemplar, fue autora de dos poemarios esenciales: el galardonado Con uno, ese demonio (Premio Jaime Freire) y Luz que cierra, un registro formal dotado de sobriedad y concisión, una claridad en estado de constante eficiencia poética. “La pasión del pensamiento hecho poesía”, como afirmó Arlette Neyens, la mujer que acompañó durante 36 años a la poeta tucumana una vez radicada en la Patagonia, y que acaba de publicar Vida y obra de Dora Fornaciari (Ediciones Rey Balduino), libro que reúne la obra lírica completa de Fornaciari, además de incluir una cantidad importante de poemas inéditos de raíz metafísica, a los que Neyens agrupó bajo el certero título de “Páginas inesperadas”. Oportunidad ejemplar para leer a una autora pudorosa que supo, con una dicción despojada, conjurar de manera sostenida el poderío conjetural de la muerte, pero, sobre todo, lo fantástico de la vida.

La escritora Neyens, ha realizado una exhaustiva tarea de rescate que obliga a reconsiderar, una vez más, el siempre arbitrario mapa poético argentino.

-¿Cómo se presentó la posibilidad de escribir un libro como éste?, ¿Alguna vez Fornaciari insinuó querer reunir su obra poética en un único tomo?
-No, Dora nunca manifestó reunir su obra en un sólo volumen. Hasta el momento sólo tenia sus dos únicos libros anteriores, Con uno ese demonio y Luz que cierra. Esa decisión no la tomé de inmediato. No era una cosa fácil, debía darme mi propio tiempo interior. Y ese tiempo no incluía revisar, ni su escritorio ni su biblioteca. En algún momento sus sobrinos me pidieron si podía encontrar las fotos de familia que ella tenía en una carpeta. Lo cual me obligó a revisar su biblioteca. Yo sabía que allí había una carpeta con las fotos familiares que ella me había mostrado más de una vez. Al abrir encontré fácilmente la carpeta de fotos, pero al lado había otra. Al abrirla me encontré con una cantidad de poemas, algunos manuscritos y otros pasados a máquina. Quedé estupefacta. Nunca supe que Dora tenía semejante cantidad de poemas escritos. En ese momento decidí poner manos a la obra. Fueron muchos días descifrando los manuscritos, dándome cuenta que allí estaba la génesis de sus libros publicados. Descubrí cual era su forma de trabajar. Para empezar era un gran lectora, una gran pensadora y una gran creadora. Nunca fue una repetidora de las lecturas. Era un ser sumamente reflexivo. A esto se unía una sensibilidad extrema, de lucidez implacable. Invocaba a Vallejos, el poeta peruano, y decía “sufro, sufro porque vivo”. Eso es lo que le pasaba a Dora. Solía acostarse muy tarde, nunca supe bien a qué hora se iba a descansar. Por lo que se deduce que a esas horas en que el mundo duerme “y la ambición descansa”, ella plasmaba en poesía lo que pasaba por su alma, a veces desolada por la condición humana y sus miserias. Pero sobre todo, por el gran interrogativo frente al misterio del Universo, por qué, para qué, hacia dónde, en función de qué el Hombre en este Universo, con lucidez para interrogarse y el temblor metafísico ante el silencio sin respuestas. Pues, todo esto fueron las razones de incorporar lo que he llamado las “Páginas Inesperadas” porque de eso se trató. De un descubrimiento inesperado.

-Dora Fornaciari falleció hace una década, no obstante, su poesía metafísica no ha envejecido, al contrario. ¿Es posible referirse sobre los valores atemporales de su propuesta lírica?
-Proviene de una familia de escritores de Lucca, Italia, y según parece los toscanos son metafísicos más que líricos y Dora parece continuadora de esa estirpe. Este año 2017 se cumplen 10 años de su muerte, y estoy segura que pasarán cientos de años, pero la poesía de Dora Fornaciari siempre estará vigente, por la profundidad de su pensamiento, por la belleza de su decir poético. Está más allá de la moda y de los estilos. No son arranques de pasión lírica, en todo caso es la pasión del pensamiento hecho poesía.

-Dora era muy crítica con lo que escribía. Más allá de su timidez, ¿por qué cree que fue tan reticente a la hora de difundir su obra?
-Creo que por dos razones, una porque era extremadamente exigente con la literatura, y otra por su enorme pudor, por lo que en las páginas inesperadas que ella mantenía , digamos en secreto, eran demasiado expuestas y metafóricamente las “podaba” y “descarnaba” hasta entregar el hueso.

-¿Qué poetas admiraba?
-Le encantaban los poetas ingleses, griegos, franceses como Baudelaire, Rimbaud. De Borges le gustaba mucho su poesía, también Vallejo. La filosofía, ensayos y la ciencia ocuparon un lugar muy importante en su biblioteca, también la astronomía y la física cuántica. Esto último se encuentra en algunos de sus poemas. Su vasta cultura y su capacidad de explicar lo que parecía abstruso, podía ponerlo en lenguaje comprensible para cualquiera, por lo que su conversación era sumamente atractiva.

-Si bien ella vivió durante muchos años en la Patagonia, Tucumán, su provincia de origen, permanecía muy presente en su memoria… ¿cómo explica eso?
-Nadie olvida el país de la infancia. Sobre todo una infancia en el tiempo y lugar donde nació y vivió. La infancia, antes, era un mundo muy imaginativo y de las aventuras de los chicos. Esa pandilla infantil que se llenaba de pequeñas aventuras diarias. A Dora le encantaba referirse a esas aventuras de niña. También a la creatividad en que asoman las actitudes convertidas en juegos. Era un mundo sin la esclavitud de los celulares. Juegos que a veces inciden fuertemente en la vida adulta y en la elección del camino. Eso era para Dora Tucumán y más fuerte aún Tafí Viejo, al que le dedica su hermoso poema inconcluso “Tafí la gran abuela”. Un ejemplo, a los 8 años había inventado con una amiguita, hacer una biblioteca, y para comprar los libritos inventaron un juego, en el que para participar los chicos tenían que poner cinco centavos. No importa si lo logró o no, pero ya tenía la impronta de los libros en la mente y el corazón. Para confirmar este sentimiento nada más claro de Dora, que esta anécdota: en la Patagonia vivió 36 años y cuando se presentaba ante alguien decía “pero yo soy tucumana”. Dora es un patrimonio de lo tucumanos, sin dudas. Agrego su propia palabra en este escrito encontrado: Trasplante de Norte a Sur. Pérdida de conexión telúrica (los poetas pertenecen a su tiempo y a su tierra). La poesía se vuelve metafísica. La palabra instrumento prostituido. La palabra sirve para engañar, simular, escamotear… no para tomar por “asalto” a las cosas mediante la metáfora y forzarla amostrar sus secretos.

-Arlette, cuando leemos su poesía reunida, por momentos se tiene la impresión de que Dora pudo haber sido una mujer melancólica, ¿piensa que lo fue en cierta medida?
-Dora nunca fue melancólica ni triste, por el contrario tenía un extraordinario sentido del humor. Se reía con mucha facilidad. Nos hemos divertido mucho en especial cuando se compartía con los amigos almuerzos o comidas. Pero una cosa no quita a la otra. Sus conversaciones a las que sabía poner el toque justo de cultura y conocimiento, estaban siempre al nivel cultural de su interlocutor, y podía hablar de las cosas más difíciles de la ciencia y eran comprensible a todos. Sus amigos me decían “pagaría por escuchar a Dora”. La risa y el sentido del humor nunca se contraponía a su enorme lucidez, a su pensamiento profundo. Y el que es lúcido, lo es en su totalidad, con las verdades y las mentiras.

-¿Piensa que los paisajes de Villa La Angostura se ven reflejados en algunos poemas suyos?
-El paisaje externo, la naturaleza imponente de la zona patagónica no creo que haya sido fuente de inspiración para su poesía y sus meditaciones. No nos olvidemos que Tucumán es también una tierra de montañas y además de una vegetación feraz. Ella hablaba de sus paisajes interiores, y eso creo, que se refleja en su poesía, en sus cuestionamientos frente a un universo misterioso y complejo “cuyo centro es la Vida” como dice en su poema “El Infinito”.

-Hay un poema suyo ejemplar “Teoría del universo”, que me gustaría que Ud glosara. Creo que ilustra bien un aspecto de su personalidad.
-Efectivamente creo que el poema ilustra su profunda preocupación por el significado del Universo. Es casi una descripción del Universo en el cual pareciera que somos –hasta ahora- los únicos, unos seres extraños que razonamos, tenemos conciencia, nos cuestionamos el por qué. Y además tenemos sentimientos y emociones, más allá de las reacciones instintivas de la preservación de la vida. Su personalidad compleja a los ojos comunes. Tenía preocupaciones metafísicas en primer lugar.

-Hay también un corpus ensayístico valioso. Por ejemplo su interés por las comunidades mapuches tanto de la provincia de Río Negro como de Neuquén. ¿Llegó a recuperar mitos y leyendas de esa zona?
-Sí, fue un trabajo que hicimos conjuntamente en la década de finales del 75 y del 80. Ambas trabajamos visitando los grupos indígenas esparcidos por la llamada “Línea Sur” de la provincia de Río Negro Sur. Esos trabajos los enviábamos a la Dirección de Acción Social de la Provincia. No existía el internet ni nada parecido y se enviaban los trabajos por correo. En varios años de trabajo nunca obtuvimos respuestas y no sabemos qué pasó con aquellos trabajos. Pero más allá de ello, conservamos un audiovisual (con diapositivas) sobre una Camaruco (ceremonia religiosa que ellos definen como una Rogativa a su Dios Nguenechen). También tuvimos una experiencia única con respecto a la diferencia de reconocer y respetar el pensamiento mágico de los mapuches mayores (los jóvenes lo han perdido) que se diferencia del pensamiento lógico heredado de Grecia. Este pensamiento mágico se encuentra en otra comunidades por ejemplo las de México sobe el que ha escrito un libro formidable Rodolfo Kusch llamado El pensamiento Indígena. Describir este pensamiento merece un capítulo aparte. Pero retuvimos muchos casos, mitos y leyendas verdaderamente interesantes. Sin embargo, sí aclaro que los mapuches, no son originarios de Argentina, ellos son de origen chileno, y después de la conquista española en 1823 se vieron expulsados y muchos atravesaron la cordillera hacia la región del sur de Mendoza, Neuquén y parte de Río Negro.

-Es interesante saber que además de extraordinaria poeta, Dora llevó adelante, una vez radicada en Río Negro, una labor ejemplar en su periódico El Pionero. ¿Qué era lo que ella más disfrutaba de esa tarea?
-Bien debo decir que Dora fue periodista en el diario La Gaceta de Tucumán -uno de los más importantes del país. Siempre me decía que la próxima vez que hiciera periodismo sería con un medio propio. La oportunidad se dio en Villa La Angostura cuando aquí estábamos entre los 3.500 y 5.000 habitantes. El periódico se llamó El Pionero en función de que Villa La Angostura fueron los pioneros, los primeros (valga la redundancia) que llegaban a estos lados, tal como ocurrió en Bariloche. Es decir buscamos un nombre que representara a la comunidad y fuera afectiva a ella. El periódico daba noticias e información de toda vida comunitaria desde política hasta cultural, educativa, económica, deportiva y del Concejo Deliberante. Pero lo más importante fue su creación de la columna “Apuntes de Bolsillo”. Pasaban muchas cosas como en todos los pueblos del mundo y en especial en el espacio de lo político, que por supuesto los actores de ella no daban información oficial. Por lo tanto los “Apuntes de Bolsillo”, se desarrollaban imaginativamente en un bar donde se juntaban los de siempre a comentar lo que sabían. Los personajes tuvieron varios nombres. El intendente era “el lord Mayor”, los radicales eran “los radichas, el “sigiloso” era el silencioso que contaba cosas por lo bajo, los peronistas pasaron a ser “los peronchos” y así los otros personajes como el viejo que hablaba por experiencia y el joven por ilusiones. Dora decía que esto era el revés de la noticia, que permitía informar lo que no se informaba. Creo que debiera recopilarse y publicarse esas columnas porque tienen el privilegio de ser universales. Lo que allí se cuenta ocurre en todas partes. La maestría fue justamente poder decirlo, porque el periodismo debe ser los ojos y oídos de lo que ocurre en el poder.

-Cuénteme de su experiencia con la presentación de este libro en la provincia de Tucumán, el año pasado, y donde tuvo una acogida muy positiva.
-Fue extraordinariamente interesante y también emotiva y al mismo tiempo muy profesional aunque no sé si le corresponde ese adjetivo. Hubo tres personas que se preocuparon mucho para lograr una presentación de alto nivel intelectual: su sobrina Carola Farhat de Fornaciari, las Dras. Nilda María Flawiá y Mirta Estela Assis de la Universidad Nacional de Tucumán que valoraron realmente la obra de Dora. Expusieron las Dras. Liliana Massara y Ruth Ramasco abordando la obra desde la Filosofía y desde la Literatura. Fue una clase magistral. Los alumnos de Letras de varias Universidades, escritores, intelectuales amigos y familiares colmaron el Salón del Centro Cultural Rougés de Tucumán. En Tafí Viejo estuvieron presentes los afectos de una comunidad que se enorgullecen de tener semejante poeta. La sorpresa fue que la Municipalidad propuso y el Concejo Deliberante aprobó la Ordenanza por la cual se puso el nombre de Dora Fornaciari a una calle de Tafí Viejo en eterno recuerdo de su nombre.

-Ha vivido junto a ella casi cuarenta años. Si debiéramos adscribirnos a dos o tres palabras para representar su singularísima personalidad, ¿cuáles serían?
-Inteligencia, lucidez y sensibilidad extrema.

La autora de Con uno, ese demonio, en su juventud – Foto: Arlette Neyens