Es al menos significativo que el logo de La bestia equilátera sea un distraído hombre de sombrero con un libro que sostiene pero no lee, porque sus ojos apuntan al suelo, como si hubiese perdido algo. Hace rato que la editorial que lleva adelante Luis Chitarroni viene publicando libros raros y desconocidos. Raros por lo que son los libros en sí mismos y desconocidos porque en su catalogo están Julian MacLaren-Ross, Muriel Spark, Alfred Hayes, Michael Holroyd, y Maurice Renard, autores a los que conviene acercarse en principio por curiosidad, autores que hasta hace poco jamás había escuchado nombrar.

Ahora es el turno del italiano Roberto “Bobi” Bazlen, otro que no tenía ni puta idea quién era, parece que Bazlen leyó de primera mano lo más selecto de la literatura europea y sus opiniones tuvieron tanto peso que de él dependió el futuro de algunos libros; su publicación o el olvido.
Bazlen trabajó como asesor literario para Einaudi y Adelphi, para ellos escribió una cantidad considerable de informes de lectura, de los cuales acá se publican algunos, y el libro se completa además con las cartas que cruzó con su amigo Eugenio Montale.

Los ratos libres los dedicó a El Capitán de altura, una novela tan eterna que nunca terminó, y tan secreta que jamás quiso publicar.

Bazlen nació en Trieste, en 1902. Y en su abnegada tarea abrió el campo de lectura en su país a tipos como Musil, Gombrowicz, y Hermann Broch.
Para tener una idea más acabada sobre quién era Bazlen basta leer a su amigo Sergio Solmi quien lo recuerda en el prologo:

“Si tuviera que resumir la enseñanza vital de Bobi, que nunca se consideró un maestro, diría que en su mayor parte consistió en invitarnos a retroceder continuamente y a cuestionar las que podían parecernos, alguna vez, nuestras líneas de llegada: una invitación a dar siempre la máxima apertura a nuestro compás, aun a riesgo de sobrepasar el círculo más grande”.

Bazlen escribió sobre todos, incluso sobre John Cage, en la época en que el músico norteamericano arrojó ese baldazo de agua fría que llamó 4´ 33”.

A modo de rescate/ homenaje, transcribo un breve y honesto comentario que Bazlen hizo sobre Cage:

“Por un camino inusual llegué a la conclusión de que, a fin de cuentas, podría ser un acierto publicarlo, pero únicamente como los ensayos de un músico; por lo tanto, a condición (y aquí no estoy en condiciones de juzgar: sé, entiendo y escucho poco de música moderna) de que Cage tenga verdadera importancia, no solo sintomática, sino como invención, o al menos como postulación de problemas, dentro de esa extraña actividad que será o no música, pero que sin duda es una aventura sonora endiabladamente significativa, y de la que ya es posible, entrever la fertilidad de las consecuencias”.

Informe de lectura / Cartas a Montale

Roberto Bazlen
2012 – La Bestia equilátera