Foto: Cari Aimé

Gustavo Yuste es periodista y escritor. Publicó Obsolescencia programada (Eloísa Cartonera, 2015) y Tendido eléctrico (Objeto editorial, 2016) previamente a que Editorial Santos Locos publicara Las canciones de los boliches a comienzos de 2017. Gustavo nació en 1992, por lo cual forma parte de la selección sub 30 de la poesía argentina. Le comento que cuando leí el título del libro pensé en esos boliches con tipos tomando ginebra, a los que suelo frecuentar. Cuestiones generacionales. “Yo me refiero más a barcitos que se convierten en una suerte de boliches y entonces pasan la misma música. De todas formas no soy de ir a bailar…”

Si van yo voy si van yo voy

“Lo que me pasó siempre, desde adolescente, es que no entendía mucho eso de ir a bailar, ¿entendés? Es como que tenés que ir: van tus amigos y vas vos, va la chica que te gusta y vas vos. Pero no lo entendía. Iba y no hacía nada de lo que supuestamente tenía que hacer. La chica que me gustaba, básicamente, estaba con otro. ¿Viste cuando estás adentro de un rito y no lo terminás de entender? Empezás a ver todo con otros ojos. Y entonces cuando estás contra la pared de un boliche y ni siquiera estás tomando algo, ¿qué hacés con las canciones? Las escuchás, mínimamente.” Por eso afloran, en el recuerdo, esas canciones: “Cuando yo arranqué, sería 2007, había como un pre reggaeton, todavía no habían ganado tanto terreno esos temas. Y lo que había eran canciones bastante melancólicas, no eran alegres. Fui menos de diez veces a bailar y me di cuenta de que no era lo mío. Te das cuenta que no tenés talento en un boliche y lo tenés en otro lado, tal vez.”

Las canciones de los boliches suman a la melancolía de sentirse fuera de foco:
“Parece mentira que todavía nos dé vergüenza / escuchar nuestras voces por teléfono / y que no te haya podido confesar / que las canciones de los boliches / siempre me parecieron demasiado / melancólicas”

“Si te fijás bien, las letras siempre son melancólicas. No estoy hablando de ‘Vení Raquel’ y esas canciones tipo Los auténticos decadentes… o algunas de Damas Gratis, aunque hay algunas de Damas Gratis que sí son melancólicas, las de Gilda muchas son melancólicas, lo mismo Rodrigo. Los hitazos mayoritariamente son melancólicos. Y cuando no tenés mucho que hacer y te quedás escuchando la canción, te das cuenta.

Un desamor bailable: siempre van por ese mambo más que por el lado del amor o la felicidad, que no siempre son lo mismo. En definitiva, asociar esa melancolía con las canciones que suenan en esos lugares fue un concepto que me surgió cinco años después de fracasar rotundamente en los boliches. Las cumbias pop que están sonando ahora son, también, bastante melancólicas. Los ritmos, también. No soy muy buen músico, pero de seguro están llenos de acordes menores. Me acuerdo que me pasó algo divertido en la última Feria del Libro. Había una charla de poetas sub 35 y me invitaron. Yo estaba con la gente de La Coop y me quedé cerca de la mesa por si alguien se acercaba. De repente llega una mujer joven, de unos treinta años, y se pone a leer el libro. Se queda un rato largo mirándolo y yo me pongo contento, hasta que de repente se da vuelta y le dice a la persona con la que estaba: ´Este libro se llama Las canciones de los boliches, pero no tiene ni una canción de las que pasan en los boliches y no tiene nada que ver.’ Estaba indignadísima: quería un cancionero y se irritó.”

Comentamos con Gustavo sobre la presión de salir, de ir a bailar, de ciertos mandatos: “La presión social, la presión de ‘sos hombre y tenés que ir a levantarte a una mina.´ Si te corrés apenitas de eso, ya la estás pasando bastante mal. Y todo sale plata. Es como un gran mecanismo para deprimirte pagando, un negocio bastante malo. Cuando recibí comentarios del libro, vi que esa melancolía se leía en casi todos los poemas, lo cual era un poco el objetivo.”

Fracasa otra vez, fracasa mejor

Las canciones de los boliches tiene un epígrafe de Joaquín Gianuzzi: “Como casi todo el mundo fracasé sin hacer ruido; / bostezando al caer la noche murmuré mis decepciones. “

Gustavo Yuste responde a mi pregunta sobre su modo de fracasar: “Si no estuviera fracasando no estaría acá. Cuando terminé el libro y de la editorial me pidieron agradecimientos, citas , esas cosas, justo estaba leyendo a Gianuzzi y me acordé de unas citas que tenía en la cabeza y revisando las marcas encontré esos versos que, para mí, definen a la perfección ese fracaso al que refiere el libro.” Tal vez sea un comentario gastado pero el ejercicio de la literatura es, sí, una apuesta a fracasar, como ir, tal vez, a los boliches: “Sobre todo la poesía, que se hizo mala fama a sí misma: sabés que vas a sacar el libro, pero hay un techo que no vas a romper. Un techo de acero que se hizo a base de elitismos o falta de una conexión más fuerte con lo que está pasando en la calle. Por ende, si la derrota está asegurada, tratemos de fracasar bien.”

Fabián Casas

“Cuando todavía estaba en una época de formación, me acuerdo que lo que me rompió la cabeza fue Fabián Casas. Yo venía teniendo lecturas más romanticonas, tipo Mario Benedetti, y un amigo me pasó un libro de Casas. Fue revelador, me dije: este tipo está vivo, tiene cuarenta y pico de años, es de Boedo, está acá nomás. No hay decenas de fotos en blanco y negro del autor, por ejemplo. Además era alguien que escribía como yo hablo, algo que siempre quise hacer y creo que lo estoy logrando. No me molesta que alguien de Perú escriba con verbos compuestos porque habla así, pero yo no tengo que hablar de tú ni usar palabras que nunca uso en mi poesía. Y Casas para mí tenía un montón de eso y dije: acá hay otra cosa. A partir de ahí pareció Laguna, apareció Pavón, Cucurto. Y yendo para atrás Gianuzzi, que me viene volando la cabeza.”

Poesía argentina

“Es difícil tratar de definirla. Se podría ser muy polémico sólo para parecer irritante, pero no creo que eso sea productivo. Se está escribiendo mucho y, como en todo, hay cosas que no me interesan pero eso no significa que sea malo, simplemente yo no voy por ahí. Todo lo que es el Slam, por ejemplo, no va por mi carril, pero cada tanto escucho algo y digo: mirá, está bueno, no es lo que yo haría pero puedo encontrar, a pesar de las diferencias, algo que me guste y me sea útil. Creo que hubo una necesidad, en algún momento, de despegarse de los noventa, que habían calado muy hondo. Pero tal vez nos fuimos a un extremo y nos despegamos demasiado y hay un par que queremos volver, tal vez, a algo intermedio. Hay mucha movida, lo cual está bueno. El tiempo decantará lo que permanece o lo que no. Seremos muy posmodernos, pero el tiempo sigue pasando de todas formas y va a decantar un poco todo.”

Vicente Luy

En Las canciones de los boliches, el otro tiene una presencia fuerte: las relaciones, la mirada, la justificación del otro/a. “Me animé a ser más directo en ese sentido. Ni siquiera son todos para una misma persona, sólo que en este libro hice esto de expresarme como se hace cuando uno le habla a otro directamente. ¿Viste el yo poético? Esto es el otro poético. Lo que hago es ficcionalizar, las historias que están en el libro, muchas, no pasaron realmente. El poema sobre mi viejo: es verdad que mi papá se murió, pero no tuve que soñar eso para escribir ese poema… Es esa cosa de ficcionalizar a partir de ese morbo medio autobiográfico que tiene la poesía. Al lector le interesa eso de qué pasó. Eso me llamó siempre la atención en la poesía: si lo que se escribe es sobre algo real se le presta más atención o se ve si realmente pasó… Medio me molesta esa cosa de intentar saber si es verdad o no, porque le quita un poco el valor literario a la poesía. Yo con algo construyo otra cosa, no es que si estoy triste escribo un poema sobre que estoy triste y focalizado en eso. Cuando hablamos de Lorca: es interesante su biografía. O Goethe, Baudelaire, hay cierto morbo… O más moderno: Vicente Luy, se volvió loco, se suicidó y recién ahí entonces nos interesa. Si hay un alguien que era un genio pero no se volvió loco, ya es otra cosa.”

-¿Para vos el texto está atravesado por la biografía del escritor?
-Sí, pero no hay que descansar en eso, sino en las palabras.

Poesía en la cocina

“Primero leamos lo que está escrito. Todo el resto te puede ayudar a entender al autor o a su obra, pero los textos tienen que valerse por sí solos.”

Le pregunto a Yuste sobre su mecanismo de escritura. “Para mí en toda poesía que intente estar bien escrita –no sé si es mi caso–, no mostrás todas las cartas. Sería aburrido. Si vos tenés algo muy claro para decir y lo decís tal cual, entonces hay algo que, tal vez, no funcionó.

Tardo mucho en escribir un poema. Lo cocino días. Tengo tal vez la frase disparadora… la mayoría de las veces tengo frases y voy macerando la idea y después vuelvo. Siempre escribo a mano, por lo que trato de tener una birome y algo para escribir a donde vaya. También tiene que ver con mi trabajo, que es escribir todo el día en la computadora, y entonces a veces no quiero saber más nada con una pantalla.”

Gustavo Yuste recomienda el disco Different Class de Pulp (1995). “Por cuestiones de edad yo llegué bastantes años después de que se lanzó, pero escuchado hoy en día sigue siendo muy moderno. Hay un juego con el ritmo y las letras que se alejan del brit-pop que reinaba en esa época (por más que a mí Oasis me gusta mucho) y logran algo más profundo. Tanto las canciones lentas como las más movidas van por el mismo lado: un fracaso bailable, un pop más cálido. Babasónicos también tiene mucho de eso. No lo había pensado con detenimiento, pero Different Class seguro fue una clara influencia a la hora de escribir Las canciones de los boliches.”