Escribir sobre mí es fácil. Es tan fácil que puedo hacerlo mientras hago otras cosas, como ver Intrusos o escuchar a través de la ventana el ritmo de la cumbia que los vecinos ponen a todo volumen. Puedo escribir sobre mí sin pensar, o pensando en varias cosas a la vez. Algo parecido hay en Perec, y esa coincidencia pelotudamente mínima me da una agradable sensación de cercanía, cuando leo necesito sentirme cerca, necesito saber que me habla a mí, no a un lector equis, tiene que ser personal, tiene que ser íntimo y honesto, eso necesito cuando leo, sino la lectura se me complica, por supuesto que esta especie de hermandad rara vez sucede.

La parte de los sueños

Durante años Perec anotó lo que soñaba. En 1968 escribió cinco sueños, en 1969, siete, en 1970, veinticinco, y en 1971, sesenta: “De una manera más bien confusa, me parecía que venía a inscribirse en un proyecto autobiográfico” dice el autor sobre su delirante empresa. Yo también solía escribir mis sueños al levantarme, están desordenados en alguna carpeta que no recuerdo el nombre, pero hace años que dejé de hacerlo, y el otro día me dieron ganas de empezar otra vez, lo hice durante una semana entera, todos los días, y luego, abandoné con el mismo rigor con el que había comenzado.
Había quedado que en 1971 anotó sesenta sueños. Desde 1972 en adelante Perec no dice nada al respecto. Posiblemente los anotó y no lo está diciendo. En literatura es más importante lo que se dice que lo que se calla, suena obvio, pero no lo es.

La literatura

Me gustan las dificultades, las reales y las literarias, a veces son parte de lo mismo. La mayor dificultad que se le presenta a Perec es cuando decide encerrar su propia vida en un solo volumen.

Imaginen la cantidad de veces escribiendo la misma frase de diferentes maneras, lo mismo pero diferente, lo que tengo para decir no es importante, o si, no importa, lo que importa es como lo digo, como lo digo es literatura: “Nací el 7 de marzo de 1936. Punto final. Es lo que hago desde hace varios meses. También es lo que hago desde hace 34 años y medio, ¡hoy!
En general, se sigue. Es un hermoso comienzo, que requiere precisiones, toda una historia”.

Es evidente que el objetivo es avanzar de manera zigzagueante. Es así que opera su literatura, zigzagueante, inasible suena mejor, pero zigzagueante me gusta más. Salto de una cosa a otra porque no me sale de otra manera. Sospecho que Perec hacía lo mismo:

Encerrarme no sé durante cuantas semanas, meses, o años, en el mundo cerrado de mis recuerdos, repetidos hasta la saciedad o el hastío

Las lagunas de la memoria

Perec (ya dije muchas veces Perec, lo sé) supo escribir desde joven una obra que a esta altura tiene más libros póstumos que los que editó en vida: otra ironía de la industria cultural en la que no tengo intenciones de entrar en detalles, hacerlo sería volver sobre el capitalismo y esas cosas que a todo el mundo le aburre.

Escritos que van desde 1959 a 1981 (un año antes de su muerte), textos que desbordan por sus diversas formas; la carta programática, (que aun ignoro lo qué es) el guión para radio, el cuento, la entrevista, y varios etcéteras.

Una vida signada tanto por los retazos que despedaza la memoria, como por sus lagunas.

Nací” es la prueba y el error; el work in progress al que tenemos acceso privilegiado, porque a Perec, más allá de las trágicas circunstancias que lo rodearon (y ahí se las dejo picando para que investiguen por su cuenta), lo que siempre le interesó fue desenmascarar su propio lenguaje, llevarlo a un lugar de disfrute, tan sencillo como “escribir libros que se devoren panza abajo en la cama”

La muerte

Algunas de las cosas que en todo caso tendría que hacer antes de morir cierra el viaje, la llegada a la playa, no hay nostalgia, solo una brisa melancólica saturando el aire en la lista de cosas pendientes; aprender a tocar la batería, encontrar la solución del cubo mágico o emborracharse con Malcom Lowry.

Ahora que cerré el libro recuerdo que había una frase, en realidad no la recuerdo pero sé que hablaba de la muerte, lo abro otra vez, me lleva algunos minutos pero acá está, página cuarenta y ocho:

“la muerte, al fin y al cabo, parecerá constituir ese límite exigido a partir del cual la vida volverá a encontrar su carácter de evidencia”.

Nací

Georges Perec
2012 – Eterna Cadencia Editora