¿Cómo escribir sobre Malvinas, sobre la guerra de Malvinas? O mejor dicho: ¿Cómo escribir sobre un conflicto típico del horizonte de expectativas del siglo XX, de sus coordenadas y problemáticas, desde las complejas aguas del siglo XXI? Pueden ser las preguntas, entre otras, que trata de responder Puerto Belgrano (Random House), la nueva novela del escritor y crítico Juan Terranova.

A partir de estas preguntas es que es posible rastrear las decisiones estéticas que Terranova pone en marcha. La primera decisión es genérica: Terranova, que coordina el área de investigación del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur y está en contacto constante con veteranos y el archivo del conflicto, en vez de la crónica o el testimonio (géneros típicos para narrar las tragedias bélicas de la segunda mitad del siglo pasado), elige la novela como forma literaria para narrar los hechos que rodean, antes y después, inclusive el futuro, al hundimiento ARA General Belgrano.

Y de esta decisión tan significativa se desprende, tal vez, la más atractiva del texto: la elección para el narrador del teniente de navío y médico cirujano de la Armada, Eduardo Dumrauf, descrito como un hombre capaz, taciturno y germanófilo. La elección de un protagonista militar, orgulloso de serlo y preparado para la guerra, desmarca la novela de Terranova respecto al resto de la literatura argentina (y el cine y el arte en general) que aborda el período comprendido entre 1976-1983, tan propensa a un relato derrotista e indignado que tiene a la sociedad civil o los personajes conscriptos como protagonistas excluyentes, siempre poniendo al frente la víctima con la amarga voz del sufrimiento y la denuncia retrospectiva. En este sentido, la novela de Terranova se aleja de obras que transitan, o bordean, el conflicto en el Atlántico Sur, como Los pichiciegos de Fogwill o Dos veces junio, y se acerca más a una literatura bélica o de espionaje más tradicionales y cercanas al patriotismo, pero sin caer en vicios nacionalistas. Cualquier forma de denuncia o reclamo sobre la soberanía que esté solapado en el texto, siempre se encuentra rigurosamente justificado.

Esto último, su filiación con la literatura bélica y de espionaje, es fácilmente reconocible por un uso prolijo y preciso de escenas y clichés que parecen salidos de cualquier película de guerra digna de ser llamada así. El compañerismo entre Dumrauf y Bustamante, la carrera sobre la cubierta del Belgrano con una lluvia torrencial y un frío que se calaba hasta los huesos, la promesa de repetir la carrera en las islas, algún día, la trama de espionaje del enigmático Reina y los militares soviéticos que aparecen de la nada y se esfuman de igual manera, son escenas y tópicos recurrentes que ponen en evidencia la cintura y el oficio de Terranova como escritor.

Los que seguimos a Terranova en su producción periodística y crítica, sabemos de su desconfianza ante categorías como posmodernismo. Estas ideas lo acercan a críticos como Perry Anderson que ven en las encrucijadas históricas del Tercer Mundo, las mismas que dieron origen al modernismo europeo a principios del siglo XX. Para Anderson, el modernismo surge de la triangulación de tres coordenadas: un pasado aristocrático que sigue moldeando la cultura, el desarrollo novedoso de la tecnología y la expectativa de una revolución socialista. Desde esta perspectiva, se puede entender mejor el alcance de la propuesta estética de Terranova. Para un conflicto tan anclado en el siglo XX, necesita una estética propia de ese tiempo, una estética que ponga en diálogo en la literatura, en la palabra, al centro y al borde, a Europa y América, al Primer Mundo y al Tercer Mundo, de la misma forma que dialogaron por las armas en el campo de batalla de Malvinas. Para este fin, Terranova parece traducir esas coordenadas en la segunda mitad de la novela a la transición que significó la vuelta de la democracia. El personaje de Dumrauf se ve desorientado ante la disolución del mundo militar del que él era parte cuando llegan los funcionarios públicos y desmantelan los restos de la dictadura, como a su vez, duda, gobierno tras gobierno hasta llegar a nuestros días, de si la promesa latente de prosperidad que la democracia siempre enuncia algún día llegará a cumplirse.

Juan Terranova recomienda:
Me gustaría recomendar el “Tannhäuser y el torneo poético del Wartburg“, la ópera que me acompañó durante toda la escritura de la novela. Hay muchas versiones en YouTube. Los temas principales de la ópera son la lucha entre el amor sagrado y profano, y la redención a través del amor. Es la quinta ópera de Wagner. El libreto fue escrito entre 1842 y 1843 y la música entre 1843 y 1845.