Luciano me dice que está bien, que una vez al año, al menos, hay que volver a leer a Salinger. Bueno.

I

El guardián entre el centeno, su hit, no me provoca gran devoción, así que no lo he leído más que una vez. Prefiero cualquiera de los cuentos que incluyan a un miembro de la familia Glass. Preferir no es el verbo.

Los hermanos Glass son sofisticados y brutales. Son tan frágiles. Hablan entre sí y un mecanismo delicado hilvana relaciones entre las cosas. Es un mecanismo que va puliendo las palabras hasta dejarlas temblando, como temblaría un hombre en la noche del desierto o en un barrio de Manhattan. Es un mecanismo que perfecciona la tristeza.

Salinger se enamoró de ellos, y flipó. Como dice Fabián Casas, convirtió a sus criaturas en Santos y les fabricó altares a medida. Yo creo que son altares con ceniceros repletos de colillas.

II

Los Glass son una familia de siete niños sabios y (claro) torturados. Padre y madre son comediantes de vodevil retirados. Seymour es el fantasma que habita todas las conversaciones y todos los paréntesis. Es el hermano mayor. Y el soldado suicida.

Los otros seis se acorralan unos a otros por culpa de su lucidez y de su desconcierto y mientras tanto, fuman. Se hartan de sus propias voces, piensan en los niños que caen por el hueco del ascensor, en la Filosofía Oriental, en la vanidad y en los programas de televisión. Y fuman. Escriben cartas y diarios y cuentos. Se adoran unos a otros. Dicen que no buscan ni el espacio ni la temporada del consuelo. Buscan algo que sea por una vez verdadero. Satori. El sonido de la palmada de una sola mano.

Franny, la menor, aseguraba ser capaz de volar por el departamento cuando tenía cuatro años si no había nadie en casa. Boo Boo deja mensajes en el espejo empañado del baño. Mensajes como: “Levantad, carpinteros, la viga del tejado”. Zooey es actor, y cree firmemente que cualquier persona de más de dieciséis años que no tenga una úlcera, es un maldito espía. Buddy escribe todo esto. (Parece que Buddy es el alter ego de Salinger, y también parece que sería el escritor de El Guardián entre el centeno).

III

Luciano me cuenta que Jerome David Salinger bebía su propia orina, y que una de sus primeras novias lo dejó para casarse con Charles Chaplin. Después hablamos de los escritores que fueron a la Guerra y de todos los boludos que dicen que Salinger hace literatura pop.

Cuando estoy volviendo a casa pienso que yo también amo a los Glass, y que también podría enloquecer por ellos. Podría, por ejemplo, prender siete velas en cada uno de sus altares; y rezar para que de una vez por todas salga a la luz algo de lo que este viejo histérico y desequilibrado venía escribiendo y guardando en esa maldita caja fuerte.

Jerome David Salinger nació en 1919 en Nueva York. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue reclutado por el servicio de contraespionaje militar norteamericano. Luego de hacerse famoso con la publicación de El guardián entre el centeno en 1951, se recluyó en su casa de New Hampshire, negándose a aparecer en público. Una de las últimas fotografías en la que podemos verlo, es una instantánea de su cara enfurecida frente a un paparazzi. Publicó además los libros 9 cuentos, Franny y Zooey, Levantad carpinteros las vigas del tejado y Seymour, una introducción. Luego se dedicó a escribir sin publicar. Murió por causas naturales en enero de 2010. Tenía 91 años.

El 8 de diciembre de 1980, después de disparar cinco balas con un revólver calibre .38 a John Lennon, David Chapman sacó de su bolsillo un ejemplar de El guardián entre el centeno, y se predispuso a esperar la llegada de la policía.