Aunque Scott Crawford diga que “ni el libro ni la película están destinados a servir como un nostálgico libro de recuerdos”, Spoke claramente se despliega como un mapa, una extensa carta de amor hacia una época que ya no existe.

“La edición de Spoke se debió a una serie de encuentros y casualidades. En 2015 se proyectó en el BAFICI el documental Salad Days, que rearma la historia del hardcore de Washington D.C. En esa oportunidad entrevisté al director Scott Crawford para mi sitio Walden, gracias a la ayuda de una amiga. En 2017 conocí a Jonathan Rivas, que trabajó con Scott para hacer aquella movida; terminamos entrevistando a Bob Gruen para The Bubble y Walden. Al salir del encuentro me comentó que Scott acababa de sacar un libro que funcionaba como anexo del documental, Spoke. Nos pusimos a trabajar de inmediato en el proyecto de traducción”. Quien relata la aventura es Ariel Pukacz, editor de Walden y responsable de la publicación en español de Spoke.

El flamante libro está relatado por los protagonistas de la escena (músicos, editores, fotógrafos y fans). Además, cuenta con una selección de hermosas fotografías en blanco y negro que retratan la efervescencia de la época.

Junto a la voz de Ariel Pukacz, a continuación se rescatan algunos fragmentos, imágenes que sobreviven en la memoria de los actores de aquella aventura.

Breves apuntes sobre la escena

John Stabb (Fundador de Government Issue)
La inocencia e ingenuidad de la escena era mi parte favorita. Éramos todos chicos bobos divirtiéndonos, pero éramos puros y honestos. Una vez que se tornó demasiado popular se contaminó.

Tim Green (Guitarrista de The Nation of Ulysses)
Éramos lo suficientemente jóvenes como para mantener la energía siempre arriba (en las giras), además estábamos emocionados por tocar, incluso si no había nadie en el concierto, lo que sucedía la mayoría de las veces.

Ariel Pukacz (Editor de Walden)
La escena hardcore en Washington D.C. es muy importante porque me marcó mucho de adolescente, proponían desde el straight edge hasta ir en contra de la cultura del rock que tanto había mamado el punk, cuando eso llegó a su límite se reagruparon en una línea más melódica con lo que los medios llamaron “Emocore”, y luego apareció Fugazi que revitalizó los noventa fuera del radar de MTV. Toda esa escena cada vez se resignifica más, porque cuando llegué a esa música e ideas, quienes habían formulado todo eso me llevaban un puñado de años y ahora casi los doblo en edad y puedo ver la inmensidad de lo que hicieron y su legado.

Jim Saah (Fotógrafo y editor)
Vi a Fugazi en Berlín en 1992 y en un momento del concierto Ian comenzó a gritar a través de los micrófonos de su guitarra “¿Cuántas expediciones hubo hoy? ¿Cuántas expediciones hubo hoy?”. La guerra del golfo había terminado pero continuaban sucediendo ataques aéreos estadounidenses. Fue un momento conmovedor. Me hizo comprender el poder de la música de protesta.

Fugazi, Bad Brains y después

Ariel Pukacz (Editor de Walden)
Ambos grupos siguen teniendo una fuerte influencia en DC y en el hardcore. Hasta John Frusciante hizo covers de Bad Brains y Fugazi. Actualmente hay bandas con deuda a Fugazi, algunas desde el modo de manejarse y otras desde lo sonoro.

Damon Locks (Vocalista de Trenchmouth y Protem )
Bad Brains era una furiosa combinación de catarsis sónica. En los ataques irregulares y las descargas melódicas de su música se capturaban la intensidad, la teatralidad, la espiritualidad, la destreza y la identidad.

Dave Grohl (Baterista de Scream y Nirvana, guitarrista/ vocalista de Foo Fighters)
Todos querían ser como Bad Brains. Absolutamente todos.

Miguel Zeballos
Si hay algo que se puede rescatar del punk más allá de su sonido, es su posición política, entendiendo política como esa obstinación de reflexionar y protestar contra el presente, esa contemporaneidad tan vivaz y elocuente fue marcada a fuego por gente como Ian MacKaye o por bandas como Fugazi, quienes por ejemplo, a pesar de haber superado el millón de ejemplares vendidos, rechazaron todas las ofertas de las grandes empresas discográficas, demostrando que una banda podía ser exitosa manteniendo su espíritu ideológico intacto.

Brendan Canty (Baterista de Fugazi, entre otras bandas)
Nunca hubo ni la más remota posibilidad de que firmáramos con Atlantic Records. Me gusta contar la historia, pero a la larga firmar hubiese sido el mayor anticlímax en toda la historia.

Ariel Pukacz (Editor de Walden)
MacKaye es el responsable de gran parte de lo sucedido en D.C., gracias a la influencia primal de Bad Brains. Fundó Teen Idles, Minor Threat, Embrace, Fugazi y Dischord Records, sello dedicado a documentar exclusivamente la escena de su ciudad.

Embrace, Gray Matter

Ariel Pukacz (Editor de Walden)
Embrace es de mis favoritas. De la camada de grupos que fundaron el Emocore. Eran los Faith con Ian MacKaye en voz.

Ivor Hanson (Baterista de Embrace, entre otras bandas)
Embrace fue una banda que funcionaba en la teoría pero no en la realidad.

Ian MacKaye (Guitarrista/ Vocalista de Fugazi, Embrace, Minor Threat, entre otras)
En lo que a mí respecta, el punk es emocional desde el día uno.

Steve Niles (Bajista de Gray Matter)
Cuando me uní al grupo tenía un bajo pero no sabía cómo tocarlo. Todos seguíamos en el secundario. Fui aprendiendo sobre la marcha.

Ariel Pukacz (Editor de Walden)
Gray Matter tenía mucha influencia Beatle pero con alto nervio punk en clave pop.

The Nation of Ulysses, Fire Party, Soulside: Retazos

Ariel Pukacz (Editor de Walden)
The Nation Of Ulysses eran unos distintos. Sonido extremo y un concepto estético a su alrededor que deja a los MC5 como unos Grand Funk.

James Canty (The Nation Of Ulysses)
Girar era imposible y adictivo al mismo tiempo. Nuestra Van se rompía, nos peleábamos, nos quedábamos sin dinero, pero todo se amoldaba sobre el escenario (…)

Natalie Avery (Guitarrista de Fire Party)
Cuando comenzamos nuestra banda queríamos ser tomadas en serio, no solo como músicas sino como contribuyentes a nuestra comunidad. Permitir que se nos definiera como “una banda de chicas” minimizaba lo que estábamos intentando hacer y nos marginaba hacia un lugar del que tratábamos de escapar.

Fire Party

Mark Andersen (Autor de Dance of Days y All the Power, cofundador de Positive Force, activista)
Amy Pickering es una fuerza de la naturaleza. Apodada “La madre de la Revolución” por Thomas Squip de Beefeater por su rol detrás de escena al catalizar el Revolution Summer, dio un paso adelante como cantante de Fire Party. Su sonido era denso y agitado, con las guitarras de Natalie Avery colisionando con la voz de Amy y la implacable sección rítmica de Kate Samworth y Nicky Thomas en una tirante tormenta sonora. El hecho de que fueran cuatro mujeres jóvenes apoderándose del escenario en una escena con un núcleo donde la presencia femenina escaseaba, insisten en que fue un accidente. Sea como fuere, su intensidad y creatividad despejó el terreno para el movimiento Riot Grrrl que pronto surgiría en la escena de DC (…)

Johnny Temple (bajista de Soulside y Girls Against Boys y fundador de Akashic Books)
Las giras de Soulside siempre contaban con una sana dosis de violencia (…)

Scott McCloud (Guitarrista de Soulside entre otras bandas)
Solíamos discutir sobre el contenido de las canciones de Soulside. Sentía que algunas no solo eran demasiado políticas, sino que decían cosas con las que ya todos acordábamos. Estábamos predicando al ya converso. Yo intentaba llevarnos a algo más personal, escribir sobre cosas con las que quizás no estuviésemos cómodos (…)

El fin de todo

Miguel Zeballos
El caos y la distorsión no hacen otra cosa que asumir como símbolo un estado de plenitud anárquica.
De aquel florido árbol llamado Punk había brotado toda la furia y el descontento de una generación, por allá eran tiempos de Reagan, por acá la democracia prometía más de lo que finalmente iba a dar.
De cualquier forma, fue un tiempo maravilloso que el capitalismo, por supuesto, se encargó de sepultar.
Entrados los años noventa, el grito sagrado empezaría a mutar en nuevos formatos -mucho menos radicales- con tal de no desaparecer definitivamente.
El punk terminó, y la música de protesta es ahora una caricatura de lo que alguna vez fue, un sueño deslucido, desdibujado y perdido en el viento.