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Vestida, loca y alborotada (Modesto Rimba, 2017) es un libro de relatos actual, femenino y satírico que toma las problemáticas de una mujer de ciudad para plasmarlas en una especie de mapa, tejiendo un mundo geográfico pero también sensitivo sobre las peripecias e ironías de transitar el mundo contemporáneo.

¿Cómo fue tu acercamiento a la escritura?
Empecé a escribir cuando tenía 12 años. Escribía en el colegio. Fui a un colegio católico y vivía en un pueblito pequeño, en Cerrito (Entre Ríos). En ese momento tenía muchos pensamientos así que incursioné en la poesía al principio sin métrica y luego agregué la métrica. Estos pensamientos eran más bien taciturnos, contemplativos. Más que nada dudas e interrogantes que me surgían y después con el tiempo me di cuenta que tenía mucho más para decir que hacer juegos de palabras con la poesía. Así que empecé de a poco a escribir en prosa. Luego por el 2002 realicé mi primer blog que se llamaba “Yo soy PICO” donde empecé a explorar eso de “contar historias”, más que nada también de cosas que observaba. Por ese entonces me había mudado a Rosario a estudiar y creo que el paso de la vida del pueblo a la ciudad fue un bombardeo de sensaciones y nuevas experiencias, de ver cómo se conectaba la gente. En esos dos contrastes es donde yo encontraba las historias. Allí surgió el origen de lo que escribo ahora: relatos y crónicas. Hubo una época donde escribía de todo un poco y lo mezclaba con poesía, hasta que hace dos años me di cuenta que lo que más me gustaba era contar historias con relatos. Creo que esas historias salen de lo cotidiano, de mi amor por lo cotidiano.


¿Qué es este ser diferente que emerge de la voz de la narradora?
El “ser diferente” es un poco de lo que yo hablo y es el puntapié de este libro y de muchos de los relatos del mismo. Cuando me mudé a la ciudad me sentía diferente porque arrastraba muchas cosas de pueblo. Estaba acostumbrada a caminar 10 cuadras y que todo el mundo me conociese y en la ciudad no me conocía nadie, por eso, tuve que empezar a hacerme mi lugar. Y en esa vida citadina, a veces sobresalía porque tenía una tonada muy marcada o tenía dichos muy particulares que conservaba de mi vida de Entre Ríos, como en vez de decir “los chicos” o “las chicas” yo decía: “los gurises” y eso me hacía “diferente” en algunos espacios de encuentro. También siempre fui muy verborrágica, ya cuando vivía en mi pueblo y eso me enseñó –con sus momentos buenos y malos– que muchas veces las personas juzgan lo diferente, lo atacan, porque no saben cómo comportarse frente a eso o los toma por sorpresa. Ante la duda, ante lo desconocido muchas veces rechazamos o prejuzgamos hasta que nos animamos a experimentar con la diferencia del otro y en esa diferencia, enriquecernos. Con el tiempo empecé a pensar que eso de “ser diferente”, aunque a veces un camino sinuoso, es una oportunidad. Que se pueden encontrar interlocutores que te van a rechazar o no se van a sentir interesados por tu forma de ser particular y en otras oportunidades vas a encontrar personas que son diferentes a vos pero que viven la diferencia de la misma manera. Entonces el libro un poco ya desde el título Vestida, loca y alborotada busca reflexionar sobre esto, desafiar la idea de que porque somos diferentes tiene que ser algo raro, sospechoso y vivirlo más bien como una aventura, lo que también se relaciona con el alboroto, que me parece un término desafiante en tanto que concibe la vida como movimiento y una oportunidad para enriquecernos de nuestras experiencias.

Loca y el feminismo

La relación entre loca y el feminismo es una relación que atraviesa todo el libro y tiene dos patas o partes. Por un lado la idea de que por ser mujeres independientes, modernas, resueltas no quiere decir que debamos renunciar a nuestra femineidad. Antes las mujeres estábamos atrapadas por un estereotipo que nos decía que debíamos comportarnos de tal manera, maquillarnos, vestirnos de tal o cual forma para ser consideradas tales; creo que hoy no es necesariamente así lo cual a mí me parece interesante y extraordinario porque también es una manera de proyectar nuestras particularidades y nuestra diversidad como personas. La otra pata de esta relación es la que, a través de un humor a veces un tanto polémico, me hace cuestionar esta idea de la defensa del feminismo desde una postura extremista. En el libro aparecen una serie de relatos que se llaman los “operativos tacón alto” que hablan de que si estás despechada podés abrazar el despecho y transitarlo, reírte de tus propios momentos y sensibilidades; abrazar incluso la bronca contra el género opuesto si sos heterosexual y te gusta un hombre que te abandonó y te trató muy mal, que son momentos, que es la vida pero que es mejor no quedarse solo en eso sino intentar fluir. Bueno, básicamente en eso creo que reside la relación entre feminismo y loca, aunque como ya dije, atraviesa todo el libro. Por ser mujeres más masculinas –es decir, ocupando espacios que antes se creían solo destinados para los hombres– no significa renunciar a nuestra femineidad o emocionalidad, dependiendo del caso. No es tan lineal. Todavía podemos ser nuestra propia garantía y las proveedoras de nuestra vida y eso no significa necesariamente no estar con alguien, no necesitar de alguien. Mi postura crítica hacia los extremismos nace de la idea de que las posturas extremas a veces velan un mensaje mucho más importante y ellas no nos llevan a una mayor comunicación sino que cierran puentes. Es como eso que dicen que el que grita más fuerte no necesariamente tiene la razón siempre.

Pin Up Drésis (Pin Up Dresses)

“(…) Dicen que todos tenemos nuestra época soñada para vivir. Hay una película de Woody Allen que explota de lleno ese argumento, así que no descubrí la pólvora ni mucho menos. Se llama Midnight in Paris.

Siempre dije que me equivoqué de época… debería haber vivido en los cincuenta en los Estados Unidos o los setenta en la Argentina… mi vieja dice que en cualquiera de los dos casos hubiese muerto joven. Nunca trato de hacer interpretaciones sobre qué quiere decirme pero imagino que viene de la mano de mi mágica habilidad para estar siempre donde hay quilombo. Ella lo llama un delicioso e inexplicable sentido catastrófico de la oportunidad.

Con los años de tanto darle vuelta a la fantasía esta, he llegado a la conclusión de que en el fondo lo que me seduce es la idea de sentirme útil: ¡Qué lindo debe haber sido tener algo con qué soñar!

Hoy por el contrario, de a ratos, o casi siempre, no sé, uno siente que no queda mucho por hacer o imaginar… a lo sumo quedan pendientes los autos volando, aunque creo que ya hay prototipos, pero no son para perejiles como uno; entonces, quedarían pendientes cosas como la socialización del DeLorean, algo así como donde hay una necesidad hay un derecho, donde hay un sueño volador hay un DeLorean (…)”

¿Por qué el relato?
Respecto del relato como género creo que al principio fue un poco un proceso de búsqueda, sentía que la poesía me limitaba y la novela me parecía demasiado larga. Quizás sea un proceso de madurez y más adelante me sienta más a gusto con una novela pero me parece que también es por mi relación cuasi-lúdica con el estilo que representa el relato porque no es tan extenso y me permite saltar de un tema a otro y a la vez jugar a interconectar un tema con otro a través de micro-relatos. También tiene que ver con el hecho de que es mi primer libro y eso me permitió abrir un abanico de temas y sondear la relación con el lector. Las novelas obviamente deben ser emocionantes para captar la atención de alguien pero por lo menos a mí en este tiempo, desde que salió el libro que salió hace tres meses, los relatos me permitieron obtener devoluciones de infinidad de lectores quizás por una sola línea. En la fanpage de Vestida, Loca y Alborotada por ejemplo los lectores suelen mandar fotos de los lugares donde están leyendo, su texto favorito y me dicen cosas como “ay este cuento de los imanes me hizo acordar a mi infancia o a mi tía Pepa que también colecciona imanes”. Creo que es un poco eso, jugar con los textos cortos, a armarlos en forma de secuencia y quizás sea una manera de manifestar la vertiginosidad con la que se mueven los pensamientos que tengo en la cabeza, lo que lo hace más entretenido y emocionante para mí como escritora.

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Pico recomienda:

“Recomiendo uno que es habitual para mí y que me gusta mucho porque me hace sentir alegre, que es de Jack Johnson –In Between Dreams– porque contiene una de mis canciones favoritas: “Banana Pancakes“, ideal para quedarse en casa un día de lluvia en pantuflas leyendo Vestida, loca y alborotada.”