Hace ya unos años detectamos una tendencia en la música que nos encanta. Pasamos del garaje rock de los ’00 a la mutante (y violenta) transformación del dubstep, el EDM y el pesado trap a tomarse las cosas con calma.

Una evolución que comenzó por el 2009 con Toro y Moi y el “chillwave”. Su estética retro, lo-fi ochentosa que nos invitaba a escapar a la playa en una hooverboard pero antes pasar a jugar una ficha en el arcade. Más que el sonido lo que quedó fue su filosofía. Hoy podemos citarlos como uno de los primeros gérmenes de esta nueva tendencia.

En estos tiempos globalizados donde nuestras vidas son lideradas por el estrés, la ansiedad y la conexión 24/7, la respuesta directa de la música como escape es relajarse.

Es como si la escena hubiera sido sobrepasada por la fiesta y, de camino a casa, están disfrutando de la bajada. Hablamos de la nueva ola chill/relax, que, más que un género en sí mismo, puede ser definido como una tendencia musical que está ganando terreno lenta y suavemente dentro del rap, pop, rock y tecno mundial.

Tanto que hace poco, una banda ultra reconocida como los Arctic Monkeys ha dejado los estadios de lado para resguardarse detrás del piano y explorar estas nuevas vibras delicadas y dulces como sólo algunos pueden hacerlo.

Por eso, les dejamos 10 discos New Relax nuevos y no tan nuevos para comenzar a entender por dónde viene esto. Así que recliná la silla, subí los pies y dale play a estos discazos (haciendo clic en las portadas vas a Spotify) mientras leés el resto del artículo.

Mac DeMarco – Salad Days

2014 – Captured Tracks

Pionero de esta movida, mil veces imitado, llegó a la escena con su inconfundible guitarra allá por el 2012. Suena auténtico, suena real y honesto. Es él y su guitarra y sus canciones. Desde los guiños a Dire Straits hasta baladas chamber/pop espaciales de otra era como “Chamber of Reflections”, toda su discografía fue cementando las bases de lo que hoy calificamos de new relax.

Frank Ocean – Blonde

2016 – Independiente

El mayor exponente este nuevo R&B bañado por el humo de la marihuana de la costa oeste. Canciones que te ponen los pelos de punta, un sentimiento inigualable, una composición impecable donde la suma de las partes es mucho más grande. Frank Ocean es personal, desgarrador y espléndido. Uno de esos artistas que vienen una vez cada varios años. Recomendamos escuchar toda su discografía, pero al uso de este artículo puden comenzar por Blonde y ponerlo en repeat.

Mild High Club – Skiptracing

2016 – Stones Throw

Tyler lo referencia en una de sus letras y es un espectacular descubrimiento. Mild High Club es el proyecto solista de Alex Brettin, fiel discípulo del sonido de Mac DeMarco. En este disco podemos encontrar canciones de una consciente producción en capas y algunos pianos hammond que nos recuerdan a MGMT. Toques ácidos y psicodélicos que construyen tensión hasta que llega la guitarra suave que nos rescata mientras el bajo nos mece en su warm groove. Por momentos recuerda a las primeras épocas de Pink Floyd, los Beatles, Tame Impala, algo de Ariel Pink, King Gizzard and the Lizard Wizard pero chill. Un disco fresco, lazzy, ideal para dejar de fondo o prestar atención a cada sonido de su producción.

Tyler, the Creator – Flower Boy

2017 – Columbia

Desde el minuto 0 nos encontramos a un Tyler menos enojado explorando su canto. Hablando de su sexualidad, de aburrimiento, de refugios en jardines, de amor, de brillantina y cupidos. Un disco producido en casi enteramente por él mismo, mucho más musical, con acordes y tonalidades propias de esta nueva ola. Se destacan colaboraciones acertadas como Kali Uchis, Frank Ocean y Anna of the North. A pesar de que en medio nos topemos con dos temas pesados y violentos, como la colaboración de ASAP Rocky en “Who Dat Boi”, y el rap mariachi desquiciado de “I Ain’t Got Time”, el disco es perfecto para sesionar en un unplugged en una sala pequeña, con un sol de color miel de tarde entrando por la ventana y coros pegadizos que te van a acompañar por el resto de la semana.

Cigarettes After Sex – Cigarettes After Sex

2017 – Partisan

Otro nombre que describe a la perfección su sonido. Cigarettes After Sex es estar tirado en la cama, mirando cómo el humo azul va dibujando figuras sobre unas medias de red. Una voz andrógina y embriagadora nos habla de amor al oído mientras que el eco de la guitarra pinta un escenario de ensueño sobre las sábanas. Canciones de algún recuerdo, que encajarían perfectamente en Twin Peaks, nos invitan a estar cálidamente en soledad.

Kali Uchis – Isolation

2018 – Virgin EMI

Nos encontramos con ella hace ya varios años en Soundcloud, donde tenía colgado 5 o 6 temas y una colaboración con Snoop Dogg. Su estilo altamente influenciado por cantantes de los ’50 como Ella Fitzgerald y la nube embriagadora de los acordes reggae y su calor tropical/colombiano es el cocktail perfecto para refrescar el vibe californiano. Kali Uchis es sin duda una de las artistas más interesantes de esta nueva ola chill. Fusionando el rap con marimbas, algunas regaetoneadas y composiciones más comerciales (da la sensación que se las imponen sus productores), donde todavía se ve la veta chill que traía a la escena. Temas como “Coming Home” y “Body Language” con tintes brasileros están muy bien.

Khruangbin – Con todo el mundo

2018 – Night Time Stories

Funk de los ’70 de Tailandia. Estos tipos puede que no hayan inventado este sonido tan cool, pero definitivamente han acertado en revivirlo. El baterista es un relojito que marca bases completamente seguras y grooveras sin florituras para que el bajo de Laura Lee nos haga mover la cabeza. Por arriba danzan las guitarras con escalas índicas y los “uuhhh” “aahhh” nos acarician como el viento de una palmera en la playa. El background de esta gente es tan ecléctico como maravilloso. Ella es licenciada en historia del arte. Él baterista, tocaba (y todavía toca) en la banda de la iglesia de Huston Texas. Y él un investigador insaciable de la música del sur de Asia y las “islas tailandesas”. Ah, y además usan unas pelucas geniales. Recomendamos empezar por el Tiny Concert de NPR y verán lo que les digo.

Arctic Monkeys – Tranquility Base Hotel & Casino 

2018 – Domino

La pandilla inglesa se sube a esta nueva ola desde un concepto todavía no explorado pero totalmente válido. Cuelgan sus chaquetas de cuero, se aflojan dos o tres botones, se piden un whiskey y se sientan en el piano bajo una luz tenue que baña una alfombra de terciopelo. Su nuevo disco suena a Las Vegas cuando ya se han ido todos los turistas. Suena a hotel, suena a casino, suena a una incursión en otro sonido ajeno a ellos, lejos de los grandes escenarios, más personal y de recarga de baterías. Los Arctic encuentran otra galaxia en la que había una fiesta y se acercan a ver qué pueden hacer ellos allí. Un disco experimental en su repertorio, tal vez buscando reinventarse (tal vez buscando no morir) nos deja un resultado que, lejos de ser excepcional, entra en nuestra lista como uno de los más grandes exponentes de esta tendencia.

Beach Fossils – Somersault

2017 – Bayonet

A diferencia de varios de los artistas que nombramos antes, ellos vienen de la costa este, precisamente de Brooklyn, barrio que se convirtió en el epicentro cultural de Nueva York. Son reconocidos por su sonido lo-fi atmosférico, con tintes surf, dream-pop y hasta shoegaze. Nos recuerdan a Real Estate, algo de DIIV, Best Coast o Deerhunter. Pero lo interesante es ver cómo este sonido, como el de tantas otras bandas, ha llegado a trascender géneros, causando un conjunto de músicos que comparten un espíritu universal en común, el zeitgeist de nuestra era Trump-Kim-Brexit-Zuckerberg-Macri-Stress.

Perras on the Beach – Flow de Cuyo

2018 – Independiente

Crudeza y sinceridad joven y transparente. El tono de las guitarras de Mac DeMarco es tocado por unos pibes de Mendoza, Argentina, que lo toman y transforman. Dentro de este chill entra el rap, el punk, el surf, la psicodelia, saxofones. Una joyita, una de las bandas más frescas y prometedoras que cantan la verdad de toda una generación latinoamericana que puede revivir sus letras en cada barrio, en cada plaza, en cada salida. El odio a la policía, a la municipalidad, a los posers que van de gangsters; el amor no en palabras de poetas, sino en el estómago de primeros amores. Erutos, amigos, pianos, peso existencial y paraguayo. Cosas que nos recuerdan “al otro yo” y a una actitud puramente teen como un “big fuck you” a todo. Este disco es raro porque es tan chill que nos da ganas de saltar, romper vidrios a piedrazos y robarle la gorra a un policía y salir corriendo. Sin duda uno de los discos más interesantes de los últimos años.