Son más que conocidos (y casi incontables) los casos de obras de la literatura que terminan en la pantalla grande: desde Shakespeare hasta Harry Potter o los Juegos del Hambre, muchos de los más famosos autores del mundo moderno terminaron, eventualmente, siendo adaptados al cine o la televisión. Pero, ¿qué pasa con la música? Te contamos cinco casos de escritores o libros que, en lugar de pasar al formato cinematográfico, terminaron siendo grabados en el estudio.

1. El siniestro de Edgar Allan Poe

El rock progresivo parece haberse fascinado en algún momento por las obras de Edgar Allan Poe. En 1976, el Allan Parsons Project sacó el disco Tales of Mystery and Imagination, basado en historias y poemas del autor. El disco, que llegó al número 38 de la lista Billboard de álbumes pop, retoma partes del poema “El Cuervo“, narrado nada más ni nada menos que por el mismísimo Orson Welles. En un tema de dieciséis minutos, además, el proyecto de Parsons reescribe la historia de “La Caída de la Casa de Usher“, una de las obras más siniestras y góticas escritas por el autor. Años más tarde, en 1991, Peter Hammill y Chris Judge Smiths -dos de los fundadores de Van der Graaf Generator- harían lo mismo en el disco homónimo, donde se dedicarían únicamente este último –y quizás uno de los más famosos– cuento de Poe.

2. Gabriel García Márquez y el antiimperialismo de Radiohead

Más allá de inspirar canciones tradicionalistas latinoamericanas, el gigante García Márquez cruzó las fronteras al país enemigo: en la canción “Banana Co”, Radiohead se hace cargo de la voz anglosajona y denuncia, como lo hace el libro, los peligros del imperialismo norteamericano. En el libro, la empresa Banana Co. llega al pueblo mítico de Macondo (que existe, con menos nivel de delirio, en la geografía real) para ejercer poder político y cultural, destruyendo así parte del legado latinoamericano en la historia de los Buendía. En 1993, la canción llegó a los estudios originalmente producida como un tema acústico, para terminar en el lado B del EP Itch.

3. Tolkien: la fantasía no es sólo para ñoños

El Señor de los Anillos influyó la cultura de hoy más allá de inspirar series y juegos en internet y Led Zeppelin es, quizás, uno de los mayores ejemplos de esto. El tema “Ramble On“, en el disco Led Zeppelin II, tiene referencias directas al señor de los anillos con letras como “‘Twas in the darkest depths of Mordor / I met a girl so fair” (Fue en las profundidades oscuras de Mordor / que conocí a una chica tan bella). La primera frase de la canción es, de hecho, una cita directa del poema de Tolkien Namárie, para después recurrir a imágenes y personajes del libro como lo son Gollum o Sauron (referido como “the evil one”). Más tarde, la canción “Misty Mountain Hop” se puede pensar también como una referencia directa a la Misty Mountain del Hobbit, así como “The Battle of Evermore“, en su cuarto disco, puede estar basada en El Retorno del Rey y lo que ocurre en el mundo ficcional hacia el final de la trilogía.

4. La ópera Orwelliana de Muse

En el 2009, la banda inglesa Muse sacó su disco The Resistance que tiene, según el mismo cantante Matt Bellamy, una fuerte influencia de la distopía de vigilancia total que presenta Orwell en el libro 1984. Sin embargo, el disco presenta una visión particular sobre el libro de Orwell, y casi una lectura: “cuando leí el libro esta vez”, dijo Bellamy en el 2009, “me sentí mucho más atraído por la historia de amor en el libro”. Esto lo deja claro la banda en una de las primeras canciones del disco, donde se enuncia “love is our resistance” (“el amor es nuestra resistencia”), para después entrar en temas más políticos como en “United States of Eurasia“. El disco, escrito justamente en una Londres que en ese momento se armaba de cámaras en cada esquina de la ciudad, se vuelve incluso más actual con una revisión de los hechos de Snowden y Glenn Greenwald, además de tener una calidad musical indiscutible y una potencia que recorre todo el disco.

5. José Hernández, Nac & Pop

Si el Martín Fierro fue hecho para ser cantado, entonces Juana Molina se hizo cargo de este plan: no en una pulpería, sino en su estudio y con el sonido particular que la caracteriza, Juana grabó la canción “Martín Fierro“, donde retoma las letras del poema emblemático. “Aquí me pongo a cantar”, enuncia Juana en el disco Segundo, “que al hombre que lo devela una pena extraordinaria, como el ave solitaria, con el cantar se consuela”. Después de este gesto, la compositora y cantante recorre partes de las letras más conocidas y repetidas de la obra de Hernández (como la citadísima “hacete amigo del juez”), acompañando la vigüela con armonías experimentales y psicodélicas que recorren el resto del álbum, así como la discografía de Juana.