El 2017 fue un año plagado de propuestas escénicas a lo largo y a lo ancho del país; no obstante, como siempre, la concentración de obras se aglomera en la cartelera porteña y los teatros independientes rebosan de gente. La significativa y tan esperada reapertura del Teatro San Martín hizo que se reavive la producción de obras interdisciplinarias, con un público tan heterogéneo en edad como en linaje. Sin embargo, la balanza se sigue inclinando hacia la movida independiente multicultural que no para de crecer y perfeccionarse. Ciencia ficción, crónica, representación dentro de la representación, el juego entre ficción-no ficción, una vuelta al género fantástico, el cruce entre danza y teatro, la tecnología entretejida con el arte, la recuperación en nuevos pensamientos de obras clásicas y de dramaturgos inolvidables, son algunas de las cosas que pasaron por los escenarios argentinos. Las 10 obras del teatro en clave indie que nos volaron la cabeza este año están acá:

Diarios del odio

Autoría y dirección: Silvio Lang. Actúan: Marcos Arriola, Marcio Barceló Mannelli, Eva Calderone, Augusto Chiappe, Juan De Rosa, Tomás Deías Spreng, Julián Dubié, María Jesús González Landeta, Ramiro Guggiari, Rodrigo Hache, Julia Hadida, Soledad Marrero, Hugo Martinez, Javier Olivera, Rodolfo Opazo, Nahuel Vec, Valentin Piñeyro, Juanse Rausch, Flor Sanchez Elía, Nehuen Zapata, Gianluca Zonzini. Universidad Nacional de General Sarmiento; Caras y Caretas; Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

La obra se basa en una recopilación de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny de comentarios de foristas de las versiones digitales de Clarín y La Nación durante la década kirchnerista. La transfiguración que propone la obra de afirmaciones racistas como si fueran joviales canciones de pop evangélico parece en primera instancia chocante y contradictoria, pero termina por tener el mérito de revelar la íntima conexión de ambos discursos como las dos caras discursivas de las derechas contemporáneas. En nuestra querida Argentina macrista encontramos en circulación varias verdades de perogrullo que “se” dicen, impersonales e incorpóreas, en un taxi, en una casual conversación callejera, en el frenesí de un cacerolazo, en las redes sociales o en los foros de los diarios online. La llamativa brutalidad de estos discursos suele despertar en general al despistado la misma pregunta: ¿a quién se le ocurre decir semejante guasada? O también: ¿en qué clase de cuerpos se encarnan estos incorpóreos discursos fascistas? Estos interrogantes parecen ser la columna vertebral de la obra. William Burroughs dijo alguna vez que el verdadero arte es un instante helado en el que todos ven lo que ignoraban que colgaba en la punta de sus tenedores. Pareciera difícil que alguien quede indiferente ante la impactante puesta en escena de esta obra, que da cuerpo al fascismo y al odio anónimos de las redes sociales, y que es una necesaria reflexión sobre el viejo fantasma fascista que recorre Latinoamérica y que hoy en día está más despierto que nunca. Michel Nieva. Reseña completa.

Cosas que pasan

Autoría y dirección: Luis Biasotto. Actúan: Luciana Acuña, Luis Biasotto, Gabriel Chwojnik, Gabriela Gobbi, Matthieu Perpoint, Agustina Sario y Paula Russ. Centro Cultural San Martín y “La Villette-Paris -Residences d’artiste 2015”.

Siguiendo con la negación a la forma por la forma, y deslindada de la iconografía clásica de la danza, la obra trabaja con cuerpos históricos y expresivos, ligados a lo experimental y a lo vital más que a la técnica. La manera de moverse y de concebir los cuerpos es la misma que se entiende cuando se intenta licuar lo pasado para presenciar lo futuro, sopesando los accidentes que emergen en la causalidad y coagulando lo efímero. Se es testigo de asesinato, canto operístico rudimentario (adrede), construcciones atolondradas en escena de narraciones burdas, rusos bajo la nieve, textos andantes por el fondo del proscenio, objetos colgantes que operan por diégesis icónica y un bosque que se arma in situ, con lobos de dos patas que miran interpelando al público y, en conjunto, parecen encarnar lo sublime romántico. La ficción hace su aparición de manera onírica y lírica recuperando la idea de Wilde respecto a la estética del arte, en tanto ésta se sirve de la mentira para hacernos ver que los seres fantásticos existen. Todo lo antedicho pareciera ser reflejo de aquello que el elenco entiende por drama: la mentira como acto necesario de creación, la máscara como aquello que habilita la imaginación y el arte como presencia de lo ausente. La obra se dedica a desarticular y a destapar lo velado con el rostro enmascarado para que las cosas sigan siendo futuras, aunque sólo se las imagine. – Eugenia Lino. Fragmentos de la entrevista a Luis Biasotto y a Luciana Acuña, publicada en Revista Artes Críticas.

Las piedras

Autoría y dirección: Agustina Muñoz. Actúan: Bárbara Hang, Denise Groesman, Rafael Federman, Vladimir Duran. Centro Cultural San Martín. Primera versión estrenada en febrero de 2016, en Ámsterdam (Países bajos).

Podría decirse que la función cardinal que aborda la obra es la evanescencia de lo que conocemos y la esperanza de que nada se agota, sino que se transforma; y lo hace en torno a las piedras, como elementos que condensan al mundo. Entonces surge la pregunta por cómo se hace historia, y desde cuándo: ¿a partir de las palabras y sus ecos o a partir de la sociedad que fue solamente ruido? La ironía es una figura clave a la que se acude más como estética del lenguaje teatral que como norma y grado en los diálogos. Ahí, en el habla, se entusiasma más el absurdo como táctica de fuga a esas cuestiones que hacen mella en la vida de esos protagonistas. Aquello de lo que nos perdemos en la causalidad del tiempo puede transformarse y converger en un relato tergiversado para dejar de ser una impresión de lo sensible. No obstante allí las piedras: éstas se infiltran entre los testigos historicistas siendo la perdurabilidad de la infinitud que la comunicación no puede ni aprehender ni presenciar. En ellas –relegadas a la construcción y a la jactancia pomposa– vive la pérdida y su conservación y, en lugar de ir a su encuentro en busca de respuestas, elegimos contar historias sobre esos disparates que nuestra mente distorsiona. – Eugenia Lino. Reseña completa.

El gato no vuelve a casa

Autoría y dirección: Nahuel Martínez Cantó. Actúan: David Subi y Julieta Timossi. Teatro Polonia.

La obra pareciera estar signada por un tiempo suspendido, un tiempo alejado que nos es siempre próximo y que flota entre la cotidianeidad: eso que llamamos nostalgia. ¿Se puede revivir un recuerdo más allá de las imágenes? ¿Es posible el encuentro con ese tiempo trunco? ¿Existe acaso un corrimiento de la línea temporal que haga posible el retorno hacia el hecho convertido en ruina? De la privación momentánea de la vista, producto de la imposibilidad de ver determinadas acciones en la representación, se desprende la intención de pensar a la imagen como impresión fotográfica de la mente, como aquello que abre un campo dilatado y confuso a la vez; un espacio que es finito pero permanente, y que se siente aprehensible. La obra muestra que no hay acto que le permita a un ser humano retroceder, mas sí hay una acción en ese volverse hacia otro tiempo que permanece abierto como una hendija, siempre presente. El tiempo no retiene pero el humano sí; y las imágenes (de un acontecer siempre idealizado en su posteridad vuelto recuerdo) se fijan en la memoria en formato de fragmentos testimoniales que pujan por actualizarse. – Eugenia Lino. Reseña completa.

Otra vez lunes. Crónica autómata.

Autoría y dirección: Pablo Bellocchio (dirección y dramaturgia) y Cecilia Grüner (dirección general). Actúan: Marianela Avalos, Fernando Del Gener, Nicolás Dezzotti, Florencia Lamas, Omar Morón, Delfina Oyuela, Josefina Rotman, David Subi y Marivi Yanno. NÜN Teatro Bar.

Crónica de un autómata o de varios; crónica de todos nosotros: hijos del sistema capitalista, dependientes de los vagones de subte o tren apelmazados de más gente como uno, maratonistas profesionales de las veredas de las grandes ciudades, desgarrados por historias de amor que terminan en desamor, angustiados por no poder destacarnos con nuestras singularidades sin recurrir a las particularidades que exige el sistema. Recorte de un boliche de música electrónica con todos esos cuerpos diluidos; tráiler de la estrategia de venta de las personas (personas que deben vestirse con onda pero acordes, sonreír a tiempo completo y seducir constantemente al prójimo); esteros accidentados por la frenética idea que desde el siglo XX nos atraviesa: somos objetos de consumo y consumo de objetos. La obra exhibe, mediante la sátira, la conversión del sujeto en mercancía y proclama una repuesta al desamor que reina en nuestro tiempo. – Eugenia Lino. Reseña completa.

El diccionario

Autoría y dirección: Manuel Calzada Perez (autoría); Oscar Barney Finn (dirección). Actúan: Marta Lubos, Daniel Miglioranza y Roberto Mosca. El Tinglado.

La obra retrata la trayectoria de María Moliner, quien supo construir un extenso diccionario con definiciones alternativas a las del diccionario de la Real Academia. Explora la tragedia personal de ir perdiendo la propia memoria en un camino sin retorno de alguien que toda su vida luchó por encontrar el lenguaje justo para ver cómo las palabras la abandonan. La interesantísima vida de la lexicógrafa se plasma en sus conversaciones con su médico y con su marido. Mientras vemos cómo avanza el franquismo y las consecuencias que el régimen tiene en las vidas de los españoles, escuchamos algunas de las brillantes definiciones de Moliner y también asistimos a su deterioro. Con un sobresaliente trabajo de dramaturgia, actuaciones conmovedoras (deslumbra la interpretación de Marta Lubos) y una dirección que contempla todos los detalles, esta obra que ya lleva su tiempo en cartelera, se sigue consolidando como uno de los grandes acontecimientos teatrales de los últimos años. – Milly Vázquez

Los invertidos

Autoría: José González Castillo. Versión y dirección: Mariano Dossena. Actúan: Fernando Sayago, Florencia Naftulewicz, Hernan Muñoa, Ulises Pafundi, Livia Fernan, Daniel Toppino, Osky Ramaglia, Alejandro Falchini, Gabriel Serenelli y Mora Monteleone. El galpón de Guevara.

Poniendo en evidencia la doble moral de una época, esta pieza de José González Castillo de 1914 indaga los prejuicios y las miradas condenatorias sobre la homosexualidad a principios del siglo XX. La puesta de Mariano Dossena va en búsqueda de lo esencial y llega a la médula del conflicto, basándose en un texto sencillamente perfecto que cierra por todas partes con un final escalofriante. Quizás esta puesta quede en nuestra memoria al igual que trascendió la de Alberto Ure. Las actuaciones son todas dignas de ser destacadas y logran una intensidad que habla de los instintos más básicos que regulan los vínculos humanos, de esas pasiones que mueven al hombre y pueden conducir a un trágico final. El homosexual, visto como un ser enfermo y monstruoso, es el invertido que debe esconderse para poder sobrevivir. La obra es una aguda crítica de esta visión; encara un tema muy vigente y nos brinda la posibilidad de acceder a una historia demoledora que nos deja sin palabras. – Milly Vázquez

Antígona

Autoría y dirección: José Watanabe (autoría) y Carlos Ianni (dirección). Actúa: Ana Yovino. Versión libre de la tragedia de Sófocles. Celcit.

Hace doce años que esta puesta de Antígona transita la cartelera local. Este unipersonal es una obra que nadie que ame el buen teatro debería perderse de ver. Potenciando tanto el lenguaje hablado como el corporal, poniendo cuidado en la pronunciación de cada palabra, la reconocida y premiada actriz encara el texto de José Watanabe con suma fidelidad y entregando todo su talento. En este guion, la historia de Antígona nos es relatada por varios personajes: Creonte, Tiresias e Ismene, pero todos interpretados por la misma actriz. Ella, la desobediente, se afirma como la heroína que desafía las órdenes humanas para dar sepultura a su hermano Polinices. Lo sagrado se impone ante lo humano y Antígona sufrirá todo el peso de la ley, pero no dudará en hacer lo que debe hacerse. Watanabe, autor peruano, escribe esta pieza luego de las dictaduras en Latinoamérica y le añade así otra interpretación: el texto también alude a las madres que luchan por encontrar los restos de sus hijos en las fosas comunes. – Milly Vázquez

Hacela corta Beckett

Adaptación y traducción: Hugo Halbrich y Rubén Pires. Dirección: Rubén Pires. Actúan: Carlo Argento, Gerardo Baamonde, Celeste García Satur, Eduardo Lamoglia, Jessica Shultz, Martina Tamar. Obra supervisada por Lucas Margarit. El Tinglado.

Presentando obras breves y no tan conocidas del célebre autor irlandés, esta puesta indaga en el valor de lo poético, conjugando palabra e imagen de forma magistral. La adaptación, supervisada por Lucas Margarit, consigue traducir estos textos difíciles y acercarlos al espectador de hoy, despertando el interés por conocer más de Beckett. Con audacia, inteligencia y sensibilidad, los intérpretes de Hacela corta… muestran lo absurda que puede ser la existencia humana, aunque también nos hablan del valor del arte para rescatarnos del absurdo. Tres amigas que balbucean sin sentido, un triángulo amoroso, una mujer en una mecedora, una misteriosa aparición. Lo repetitivo es el eje sobre el cual se construyen estas historias, una repetición que parece no tener fin y a la que todas estamos condenados. La muerte y la vida entrelazadas inevitablemente son las dos pulsiones que articulan este relato: un relato donde reina lo fragmentario, pero donde al mismo tiempo, podemos pensar en un hilo conductor, la fuerza de la palabra es la que anima todas estas piezas. – Milly Vázquez – Reseña completa

La música

Autoría: Marguerite Duras. Dirección: Graciela Pereyra y Lili Popovich (asistente de dirección). Actúan: Débora Longobardi y Ulises Puiggrós. Teatro La comedia.

El amor aparece como esa música que nunca se apaga porque cuando es verdadero dura para siempre. Ulises Puiggrós y Débora Longobardi asumen los roles de dos que fueron pareja y ahora toman caminos separados. Se encuentran en un hotel para terminar sus trámites de divorcio; pronto se darán cuenta de que despegarse del pasado no es tan fácil como parece. El diálogo será contundente; las emociones, contenidas. Cada uno intenta rehacer su vida; no obstante el vínculo entre ambos no se disuelve. Grandes actuaciones para un drama potente en el cual el espectador se podrá sentir identificado por momentos. Puiggrós y Longobardi encuentran el tono adecuado para poner en escena la tristeza que conlleva todo final de un amor, la desolación, el desconcierto. La puesta generó un clima íntimo en la pequeña sala 3 del teatro La comedia. La dirección de Graciela Pereyra y el coaching actoral de Lili Popovich contribuyeron a realzar este bello texto, de una gran escritora como lo es Marguerite Duras. – Milly Vázquez