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Durante días enteros, con un amigo nos pasábamos inventando categorías para clasificar la música. Estas respondían más a un criterio subjetivo y sensitivo que a cualquier rigor. Sin embargo, en la mayoría de los casos coincidíamos, lo que habla de una percepción similar entre dos persona que –criados en distintos lugares, en contextos variados y con acercamientos a la música radicalmente opuestos- siendo distintas, pueden compartir una apreciación sobre una canción. Perdidos en nuestras palabras, no dejábamos de pensar que a la mayoría de los amantes de la música les debía pasar lo mismo, que no le daba lo mismo escuchar un determinado disco un lunes lluvioso a la noche que un caluroso sábado al mediodía yendo a Necochea. De esta manera pensábamos los discos en veraniegos, invernales, nocturnos, soleados, para momentos tristes, para estar enfermo (mi amigo decía que cuando uno tenía fiebre tenía que escuchar Ammnesiac de Radiohead para poder ver cosas en el aire), para caminar por la ciudad, para escuchar en la ruta, etc. Con el tiempo, mi amistad se terminó pero mi desbocada imaginación continuó creando sub-categorías que rayan lo fantástico como “Discos para escuchar cuando estás siendo secuestrado por una guerrilla”, “Melodías cuando estas descongelando el freezer con un martillo”, “Canciones para abrazar a tu abuelo”.

Recientemente, Jack White declaró que su próximo disco, el sucesor de Lazaretto (2014), presenta “música para hacer jardinería, o arreglar el techo o para ser apuñalado en un callejón”. En 2007, el sello Becuz editó un compilado –que incluye temas de Él mató, Fantasmagoria y She Devils entre otros-, llamado 25 canciones para escuchar mientras te haces una tostada. Estos dos ejemplos nos sirven para observar que los artistas también tienen en consideración el momento, el lugar, el estado de ánimo y la circunstancia donde su música puede encontrar una mejor recepción.

Podría seguir buscando ejemplos para justificar mi punto de vista, presente, creo, en la mayoría de las personas, al menos en todas las que cuando uno les pregunta “¿Qué música escuchas?” No responden “De todo un poco” o “Todo me da igual”. Para los que no les parezca igual Miranda! que Slipknot, les voy a dejar a continuación una selección caprichosa, sumamente aleatoria y para nada exhaustiva de algunos discos para escuchar en este caluroso verano:

Blur – Parklife

1994 – Food / SBK

El brit pop en su momento más radiante, más optimista y luminoso antes de pasar a esa etapa lúgubre que Radiohead inaugurará más tarde (y otros copiarán con mayor o menor talento, como Travis, Keane, etc). Canciones chispeantes para disfrutar al costado de una pileta, en un club, recibiendo el sol en la cara y agradecido por el mundo de colores que nos rodea –el pasto, las mallas, los cuerpos en movimiento, el cielo – y plenamente satisfechos por el, quizás, mejor disco de la mejor banda de Damon Albarn.

Valentín y los Volcanes – Todos los sábados del mundo

2012 – Triple RRR

En días donde el calor amenaza con incendiar la ciudad, el disco de los platenses asegura un recreo necesario, un refresco agradable. Sus canciones, hermosas y resplandecientes, suponen un júbilo absoluto que convierte el día en un momento disfrutable. Sus canciones, tan dignas de un karaoke a persianas bajas mientras se hace de noche, hablan del sol, de la playa, e invitan a reconectarnos –en este momento de pausa que significan enero y febrero- con nuestro costado más infantil. Los dos versos más soleados y logrados del disco son: “Vimos una nube con la forma del desamor, creo te lo escribí en una carta que nunca llegó”.

The Black Keys – Turn Blue

2014 – Nonesuch

Así como cuando estamos tristes buscamos esos discos que agudicen el malestar, (si viajamos en un coche por la ruta en un día de 40° de térmica, sin aire acondicionado y a las dos de la tarde, Turn Blue no nos va a refrescar en lo más mínimo, pero se va a mimetizar con ese calor que no afloja aunque las ventanillas estén abajo. El paisaje desértico es la postal recomendada aunque las sierras de Balcarce yendo para la costa atlántica funcionan. ¿A lo lejos te parece ver un oasis? Es la música que empieza a hacer efecto.

The Killers – Day & Age

2008 – Island Records

Seguimos en la misma ruta pero ya es de noche. Faltan unas horas para llegar al destino. Es en ese momento donde este disco encuentra su momento. Canciones áridas y nocturnas, que se mezclan con las nubes de polvo que levanta el camión de lácteos que tenemos adelante y que no cuesta pasar. La voz de Brandon Flowers no es para nada invasiva y al mismo tiempo nos ayuda a estar atentos. La última canción, “Good Night, Travel Well”, dice eso de que el universo está en reposo. El impulso necesario para entrar al lugar donde nos dirigíamos con una sonrisa.

Babasónicos – Miami

1999 – Sony Music

En composse con los anteriores, el quinto álbum de estudio de los baba –personalmente, el mejor de toda su discografía-, aplica a un viaje por un México profundo, lejos de las grandes ciudades, donde podemos jugar a ser los desfachatados del video, levantando polvo, provocando estampidas, generando destrozos y subiendo chicas al carro. La psicodelia experimental que desprenden las 18 canciones–que podemos linkear con Pánico y locura en las vegas, la novela de Thompson-, son de todas maneras, un viaje en sí mismo que podemos hacer sentados en el inodoro de nuestro monoambiente en Urquiza. Un clásico como este, funciona en casi todo momento. Menos en misa.

Bestia Bebé – Bestia Bebé

2013 – Discos Laptra

Cuando ese amigo de Boedo nos invita a tomar una cerveza a ese kiosco que –milagrosamente-conserva el metegol en la vereda, debemos llevar el disco (en el celular al menos) y darle play cuando la bola empiece a rodar. Canciones urbanas, ligeras, amigueras con grandes componentes de verano en la calle, para disfrutar sin tiempo, pensando en cuanta birra tomaremos y porqué siempre perdemos en el metegol (quizás sea hora de empezar a hacer molinete).

Stereolab – Margerine Eclipe

2004 – Elektra Records

Desde el comienzo, la melodía de “Vonal Declosion” nos proporciona la liviandad de una brisa que nos eleva en concordancia con un precioso día, más ventoso que húmedo. Las canciones son ideales para acompañar una merienda entre amigos tomando licuados de banana con leche, para cerrar los ojos y dejarse llevar por los sonidos que –lejos del barroquismo que puedan suponer por la cantidad de arreglos-, son pura frescura, como un chapuzón refrescante aunque estemos en un departamento en Caballito.

Los Espíritus – Agua Ardiente

2017 – Independiente

El último disco de Prietto acompaña las largas tardes tediosas en la ciudad, en especial si uno debe hacer trámites o todavía es cadete (tranquilo, ya vas a encontrar otra cosa). Si uno no tuvo la suerte o las ganas o el dinero de irse de la ciudad en esta época, las melodías calurosas son bienvenidas desde la silla de plástico que tenemos en el balcón mientras disfrutamos de una cerveza helada y vemos cómo el tiempo cobra una dimensión tangible, concreta y cargada humedad.

Scissor Sisters – Night Work

2010 – Polydor Records / Downtown Records

Todos los días, durante un enero de antaño, en una de las ciudades balnearias, escuchaba este entero disco mientras caminaba por la rambla. Las canciones movilizan, son como shocks de tequila que nos llenan de una energía inesperada y convierten nuestros pasos en una secuencia de baile (sin darnos cuenta). Las canciones –que según la banda- son muy sexuales, nos sumergen en un pop bien arriba, atrevido que nos saca a flote nuestro costado más erótico ideal para buscar pareja en la playa o yendo al encuentro de una persona con la que matcheamos a través de alguna red social.

Morcheeba – Fragments of Freedom

2000 – Sire / Reprise / Warner Bros. Records

Este es un disco veraniego para la noche, o para ese momento entre la tarde y la noche, cuando llegás del trabajo con la cabeza quemada y querés que algo te desconecte, te relaje por media hora antes de conectar con el mundo. Modo de uso: apagamos el celular, nos servimos algo fresco, nos tiramos en el sillón o en la cama, le damos Play y cerramos los ojos. La voz de Skye Edwards y el trip hop que la contiene es un viaje oscuro pero suave, como una cadencia agradable ideal para una cena romántica pero relajada.

Aterciopelados – Gozo Poderoso

2000 – BMG

El quinto disco de los colombianos irradia una luz que si despertáramos y el día estuviera nublado, seguro que al ponerle Play, el sol despejaría a las nubes y encontraría su lugar definitivo en el cielo. Canciones para escuchar con auriculares, tirado en el pasto, con los brazos cruzados por sobre la cabeza, disfrutando de la vida, del calor y de la sensación de estar vivo acorde a la espiritualidad cósmica que transmite Andrea Echeverri, fundamentalmente cuando nos dice “El cielo es azul, el espacio está lleno de luz”. Si tuviéramos la posibilidad, perfecto para disfrutar mientras recorremos la selva tropical del Parque Nacional Tayrona, en el norte de Colombia.

Vampire Weekend – Modern Vampires of the City

2013 – XL

Este disco nos pone inmediatamente de buen humor. La banda de Nueva York presenta canciones pop-rock bien optimistas, que las adivinamos llenas de sol. Suena muy bien en el estéreo del coche cuando estamos yendo a la costa. También nos acompaña perfectamente mientras vamos en el colectivo yendo a encontrarnos con una amiga, antes de tomar un helado y caminar por una Buenos Aires medio vacía, pero siempre hermosa.

Leo García – Mar

2001 – EMI

Ya sé, es un clisé enorme, pero no podía dejarlo afuera (otra fija muy obvia sería The Beach Boys). El disco empieza con el sonido de las olas, y luego sigue con todo un cancionero para escuchar en una playa más bien poco concurrida, con los pies en la orilla, mientras vemos como se hunden en la arena, y la espuma va dejando pedacitos de nubes en los charcos hasta que el agua venga de nuevo a borrar las marcas de lo inevitable. “Morrissey”, que no es la más escuchada en Spotify (la primera es “Tesoro”), nos habilita un cabeceo mientras no dejamos de ver a la gente que en cualquier momento va a ser tirada de la banana acuática.

Gossip – Music for Men

2009 – Columbia

Cuando nos levantamos el sábado a media mañana tras un merecido maratón de Dark por Netflix, el disco de Ditto contiene lo necesario para terminar de despertarnos y ponernos las pilas para hacer el desayuno, ordenar un poco la casa, hacer la cama y quizás, barrer. Las canciones tienen un groove rockero muy bailable que nos llena el espíritu adormilado, la percusión está tan marcada que nos define los movimientos y nos deja listos para empezar el finde de la mejor forma.

Beck – Colors

2017 – Fonograf / Capitol

El último disco del güero es ideal para una reunión nocturna donde las chicas piden algo para bailar y vos no estás dispuesto a negociar un solo tema de cumbia. El funk alla Prince, que desprenden las canciones, es un éxito que levanta cualquier evento. Algunas, como “Dreams”, hasta invitan a un pogo livianito (estamos en una casa y hay cosas que pueden romperse), otras invitan a mostrar las patéticas condiciones de baile que podemos exhibir y provocarles risa a los demás. De cualquier forma, un disco recomendable y también puede acompañar largas caminatas diarias si tenemos que seguir trabajando.

107 Faunos – Creo que te amo

2010 – Discos Laptra

Las canciones del segundo álbum de la banda platense son livianas como una musculosa y breves como un soplo de aire fresco sabor a menta. El verano late en su poética desde siempre. Las letras hacen un culto a la estación más calurosa del año (“Lunes es el fin del verano. No va a volver, todo terminó”, cantan en el EP El tesoro que nadie quiere) y hablan entre líneas y no tanto (“Pequeña Honduras”) del calor de La Plata, de aquellos días donde recorrer la ciudad en bicicleta se presenta como el mejor y único plan mientras todos duermen la siesta. Este clásico del indie, calza como un guante desde una pelopincho, mientras todos corean ohoooo ahhhahh ohhhh pa-pa-pa ohooo de “Pretemporada”.