discos 90

01. Radiohead – OK Computer

1997 – Parlophone / Capitol

Radiohead - OK Computer

No hablaré del arte de tapa. Tampoco de la fecha de edición; no me detendré en un análisis sobre el momento en el que se encontraba la banda cuando grabó OK Computer. No analizaré la compleja relación que un grupo como Radiohead pudo tener con eso que dio en llamarse “Britpop”.

Hoy suspendemos la información. Hoy viajamos a esas dimensiones que conocimos cuando escuchamos OK Computer por primera vez. Hoy nos vamos del mundo. Hoy nos importa todo muy poco, excepto aquello que este álbum siga teniendo para decirnos.

OK Computer es un disco que marcó a quienes lo vivimos. No se trata de haberlo escucharlo. A este disco es necesario vivirlo.

En el interior de OK Computer habita un limbo difícil de describir; un limbo que nos invita a hundirnos en una reflexión atemporal sobre lo que somos aquí y ahora. Un aquí y ahora reminiscente, repetitivo, que retorna como una experiencia espesa del existir cotidiano, invitándonos a prefigurar nuevos escenarios. Pero esos mundos posibles no prometen felicidad, aunque tampoco nos condenan a la desazón. En ese mundo hay que atravesar el limbo, transitar la ceremonia, cruzar el desierto, para posteriormente avenir transfigurados de tal experiencia.

OK Computer es una de las mejores pinturas que el rock contemporáneo supo dar sobre dos tópicos clásicos del arte: la melancolía y el drama. Quizá sea el mejor trabajo de la historia del rock elaborado a partir de esos elementos.

No es un disco depresivo, aunque sí melancólico. Pero en OK Computer la melancolía no se presenta como introyección del objeto amado, para destruirlo junto con la consecuente autodestrucción. Es posible que el collage entre dramaticidad, melancolía y reivindicación que a lo largo del disco se despliega, sugiera a nuestra percepción que la tristeza es un aspecto que define la naturaleza del álbum. Pero lo más sincero y al mismo tiempo brillante que opera en el limbo emocional de OK Computer, es que después de ese tránsito calamitoso, se vislumbra, a lo lejos, un horizonte trazado por nosotros mismos.

La recompensa de un viaje errabundo por los misteriosos túneles de nuestra subjetividad, es el encuentro con un universo al cual podremos regresar cuando nos lo propusiéramos, tal como un hallazgo perdido: como esa persona que vimos sólo una vez; como una barra nocturna, en la cual vivimos y morimos. En fin, como un espacio propio.

De la experiencia de OK Computer nos llevamos una paleta y un lienzo, para trazar, a partir de los imagos de nuestra experiencia, las dimensiones de aquél limbo; pero las figuras serán distintas en cada nueva experimentación que hagamos de este álbum, porque jamás lo escucharemos de la misma forma, aunque siempre retornemos a ésa sustancia: la paleta, el lienzo, nosotros y el mundo.
Hubo quienes interpretaron a OK Computer como una crítica a la época; esto es, a la vida alienada del consumo. Seguramente hay algo de eso, y se deja ver con nitidez en experimentos como “Fitter Happier“. Pero la dramaticidad que ofrecen los climas de cada canción dan cuenta de la trama introspectiva que se entreteje en medio de alegorías universales: lo íntimo y lo eterno, lo esotérico y lo exotérico, lo subjetivo y lo externo que se palpita en cada canción, nos permiten abrir puertas y encontrarnos con los dramas de un mundo exterior desacralizado y encaminado hacia un ignoto pero intuido futuro.

Pero vamos partes.

Airbag“. Una canción del futuro. Es una canción-escrita-desde-el-presente-pero-en-el-futuro. Uso los guiones porque el futuro será linealmente guionado. Son los tiempos de aquel Ahora: un episodio que se repite. Son los tiempos de OK Computer, los tiempos sin cortes. ¿Acaso no perciben esa sensación de continuidad que no cesa? Los días, las semanas, los meses, los años, todo se vuelve confusamente monadológico y se funde en una misma trama, y lo único que nos permite diferenciar una cosa de la otra son los éxtasis, los momentos en los que todo explota, como en la pista siguiente…

Paranoid Android“. Muchos dijeron que Thom Yorke estaba loco, que era un paranoico. “Cuando sea el Rey, tú serás el primero contra la pared”. Sí, suena a venganza. Parece que Thom está enojado. Escuchemos el riff. Escuchemos las guitarras; todo está suelto, todo flota en partes, y esas partes están despedazadas, como retazos diseminados en una canción nuevamente elaborada con guiones. Una canción guionada desde la ruptura. Las partes parecen una sola cosa que se encamina hacia-algo-después-de-la-canción. Y las guitarras que siguen haciendo fricción con nuestra mente. Pero de repente todo se suspende. Tres minutos treintaitrés segundos: que la lluvia caiga sobre nosotros, desde una gran altura; que la lluvia nos salve de esto. No sabemos de qué. Somos jóvenes, adultos, adolescentes, no sabemos nada. La canción es un llamado a alguna medicina escondida en los pliegues de la lluvia, en los intersticios del agua; y entonces el pánico, el vómito y Dios. Dios ama a sus chicos, y la ironía emerge con un riff que parece aplastar la cabeza de todos los dioses. ¡Está todo mal, pero está todo terriblemente bien! En esa incertidumbre nos deja “Paranoid Android“, para darle lugar a lo que sigue.

Subterraenan Homesick Alien“. Bajamos de la previa manía que nos envolvía. Destellos de un intermitente optimismo. Ese optimismo inocente con el que sorteamos las figuras del piso que miramos y al que nos entregamos menos por miedo que por resignación, como una parábola del shoegazing pero sobre la base del andar cotidiano. Todo anclado en ese pavimento que Yorke nos muestra resquebrajado. La libertad, el miedo y el optimismo, todo en ese pavimento al que dirigimos nuestras imaginarias figuras, esas mismas que se desdibujarán para siempre y que sólo vemos en el sueño de la próxima pista.

Exit Music“. “Despierta de tus sueños, sécate tus lágrimas”. En esta canción partimos. ¿Hacia dónde partimos? El limbo, otra vez; esa atmósfera oscura que dibuja un mapa a lo largo de todo el disco, un mapa íntimo que cada quien recorre con sus trazos e impresiones. Todo escape se hunde en el duelo. “Hoy escapamos; hoy escapamos”; “escapamos antes de que todo el infierno se desate”. Pero Yorke nos ofrece respirar, y nacen luces del mismo limbo acobijado en las teclas que las yemas de los dedos de Jonny Greenwood presionan. Y no queda otra que ir cayendo, dejarse caer. Confiar en la caída. La voz apenas viva de Thom nos dice que esto termina. No sabemos cómo, pero termina. Y la salida del infierno tiene su puerta a los dos minutos cincuenta segundos. Vemos una luz a lo lejos, algo se asoma, aceleramos el paso y a los tres minutos veinte segundos amanece. Escapamos y esperamos que se asfixie, y todavía seguimos esperando…

Let Down“. Describir esta canción es imposible. Hay cosas que el lenguaje jamás podrá capturar, ¡y qué buena ilusión aquella que sugiere que algo escapa a lo eterno del lenguaje! Esta pieza es, sencillamente, la mejor de todo el disco.

Karma Police“, “Electioneering” y “Climbing Up the Walls” (con el interludio de “Fitter Happier” entre las dos primeras). Tres canciones estremecedoras. Tres piezas alucinantes. Tres túneles que conducen hacia la tercera parte del álbum: “No Surprises“, “Lucky” y “The Tourist“. La primera tal vez sea la pieza más sensible de todo el disco. La segunda, un manifiesto (y cada uno entenderá). La tercera, onírica, flotante, sinestésica, alejada del drama.

Cada uno vivió este disco desde sus propios ecos, transitándolo con sus más íntimos fantasmas. Todos experimentamos las mismas sonoridades, los mismos climas armónicos, y sin embargo, cada cual, en el limbo de su intimidad, tendrá una historia universal para contar sobre este inmenso trabajo.
Adrián Rocha