El artista británico, de identidad misteriosa, volvió a sorprender con su street art político y rupturista, esta vez en la ciudad de París. Poco tiene de azaroso el día en el que fueron descubiertas las nuevas pinturas urbanas que se le atribuyen a Banksy: el pasado 20 de junio, Día de los refugiados, se encontró la imagen de una niña cubriendo una esvástica negra con flores rosadas.

Tampoco es casual el espacio, ya que se encuentra frente a la Chapelle, a unos metros del primer centro de refugiados de París.

Otra de las pinturas más imponentes, que también ha sido compartida desde la cuenta de Instagram del artista, es la de Napoleón, haciendo referencia al retrato que Jacques-Louis David hizo del mismo, pero Banksy eligió cubrir la cara del militar con el manto rojo que en la pintura original le otorga tanto heroísmo.

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La figura de varias ratas también están cubriendo algunos sitios parisinos y parecen formar parte de la reciente intervención del artista urbano. También, cerca de la Sorbona, se puede ver un hombre ofreciendo un hueso a un perro, pero en su otra mano oculta una sierra con el parece haberlo cortado una de las patas al perro.

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El historiador de arte Paul Ardenne, afirmó:

“Es totalmente el estilo de Bansky en los años 2000, hay una escritura muy particular, el color, el trabajo, el hecho de tomar las fotografías y readaptarlas al gráfico: podemos decir que es un Banksy o una muy buena copia”.

Banksy, siempre político y controversial, llenó una vez más las calles de imágenes que interpelan a los transeúntes, que comienzan a formar parte del paisaje urbano y que marcan en las paredes las historias que en la lógica urbana parecen ignorarse. El arte de Banksy denuncia lo que es obvio en el diario vivir, lo que ya forma parte de la vida de una ciudad, pero que impacta al verlo sellado en una pared, enorme e ineludible.