Todo parece indicar que si comparamos los himnos pop de décadas recientes con los de los ’80 y ’70, parecen mucho más depresivos que los que cantaban nuestros padres.

La noticia ha trascendido por medio de Associated Press, entidad que reportó que luego haber analizado casi medio millón de canciones en un amplio estudio llevado a cabo para la Royal Society Open Science por la Universidad de California, se encontraron resultados poco alentadores en cuanto al ánimo de la música que solemos escuchar en general, o al menos la que más rota en las radios y medios dominantes.

Se analizaron entonces cientos de miles de temas publicados entre 1985 y 2015 y se observó como tendencia sostenida que cada vez eran menos alegres la mayoría de pistas. Lo más llamativo de la tendencia es que al mismo tiempo sucede algo inesperado, según comentó Natalia L. Komarova, una de las encargadas de tal investigación:

“A su vez, las canciones está empezando a ser más bailables y más fiesteras”.

Y si esto último les parece incoherente o poco posible, piensen en casi cualquier canción de New Order. Así que a pesar de las penas, parece que todos quieren bailar y olvidarlas, según también reconoce Komarova.

Dentro de los ejemplos oficiales de esta tendencia que el estudio revela se nombraron “Stay With Me” de Sam Smith y “Whispers” de Passenger, que comparadas con éxitos de 1985 como “Freedom” de Wham! y “Glory Days” de Bruce Springteen son básicamente casi fúnebres. Y eso que ejemplificaron con Lana Del Rey.

Y pese a todo lo anterior, lo curioso es que a pesar de que cada vez más los compositores prefieren escribir canciones más tristes, estas no son necesariamente las más populares en los charts, aunque cada tanto alguna se cuela. Natalia entonces concluyó:

“El público parece preferir canciones más alegres, pese a que más y más canciones tristes se lanzan cada año”.

No somos entonces tan masoquistas, aunque los artistas sí estén enganchados con esa tendencia. De cualquier forma, algo que sí se hizo evidente en ese mismo estudio es el declinar del rock como género y el ascenso del pop liderado por figuras femeninas. Ese último es un dato que creo que no nos toma por sorpresa.