El cuadro “El Grito” pintado por el noruego Edvard Munch generó, desde la creación de su primer versión en 1893, un sinfín de teorías sobre la expresión del hombre retratado que se tapa los oídos y el colorido cielo inmortalizado por el artista.

Con los años se llegó a aceptar la versión que aseguraba que el paisaje estuvo inspirado en una puesta de sol volcánica que Munch visualizó tras una de las tantas erupciones del volcán Krakatoa, las cuales, no sólo tuvieron consecuencias que pudieron ser vistas en muchos lugares del globo, sino que también terminaron destruyendo parte de la isla del mismo nombre perteneciente a la provincia indonesia de Lampung.

Otra de las interpretaciones afirmaba que, en realidad, el pintor había retratado el avistamiento de nubes estratosféricas polares, un fenómeno meteorológico bastante común al sur del país natal del artista durante los meses de diciembre y marzo.

Ahora, un estudio realizado por especialistas de las universidades de Rutgers de Nueva Jersey, Oxford y Londres, hizo que la hipótesis de las nubes ganara más fuerza que nunca.

Según un extenso escrito publicado por la Sociedad Meteorológica Americana, el grupo de científicos liderado por Fred Prata, Alan Robock, y Richard Hamblyn estudió los colores y los patrones de la obra y, gracias a diferentes pruebas mediante las cuales compararon fotografías reales de atardeceres normales, volcánicos y de nubes estratosféricas con la pintura, llegaron a la conclusión de que los tonos utilizados por Munch se asemejan en un porcentaje mucho mayor a los de una puesta de sol cuando aparecen las también denominadas nubes nacaradas que con un fenómeno volcánico.

Aún así, este estudio apoyado en investigaciones previas de 2017, también reconoce la implicancia de la erupción de Krakatoa y sus fuertes ruidos en el producto final del artista:

“Aunque muchas personas miran la pintura y piensan que el personaje está gritando, debido a la boca abierta, desde la narrativa de Munch se desprende que es el cielo el que grita y la figura se cubre los oídos en un intento inútil de sofocar el sonido”.