Este fin de semana el hip hop hizo historia de la mano de Kendrick Lamar: por primera vez se otorgó un premio Pulitzer a un artista de este género.

La premiación más prestigiosa del periodismo, en lo que a música respecta suele premiar a artistas de música clásica o jazz, pero esta vez el hip hop irrumpió con su fuerza y actualidad mediante el disco DAMN (2017), cuarto trabajo en estudio de Kendrick Lamar. DAMN representa una reinvención del hip hop clásico con gran contenido social en sus letras que apunta la mirada a la comunidad afroestadounidense, características que han conquistado al jurado, que lo definió como:

“Una colección virtuosa de canciones unificada por su autenticidad vernacular y dinamismo rítmico, que ofrece conmovedoras viñetas en las que captura la complejidad de la vida afroamericana moderna”.

El álbum, nominado a Mejor álbum del año en los Grammys, que también encabezó los rankings estadounidenses y fue muy aclamado por la crítica en general, mixtura la narración, el rap y las melodías mientras el cantante de Compton, Los Ángeles, denuncia la situación de su comunidad, y otras veces refiere a los caprichos de la fama de manera introspectiva. Lamar ha sido celebrado también por sus actuaciones en vivo y por el eclecticismo de género con los que mezcla el hip hop.