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Mientras en los pasados premios Oscar, y a nivel mundial en general se ha hecho evidente una excelente acogida de la cinta dirigida por Luca Guadagnino, basada en la novela homónima autoría de André Aciman; desde el gabinete episcopal argentino algunos miembros han decidido no guardarse sus fuertes críticas en contra de dicha película. ¿El motivo de su indignación? El romance entre dos hombres que es el argumento central de aquella historia.

Armie Hammer Timothã©E Chalamet GIF by Dish Nation

El Monseño Aguer, que ya es conocido por sus posiciones reaccionarias, ha sido el que decidió lanzarse a escribir esta vez una suerte de reseña cinematográfica en la que en lugar de estudiar los méritos o desaciertos artísticos o técnicos de Call Me By Your Name, aprovecha para descargar sus prejuicios religiosos y su desprecio por la comunidad LGTBIQ.

En tal columna publicada hace unos días en el diario platense El Día, Aguer no escatima esfuerzos en condenar el romance protagonizado por los actores Timothée Chalamet y Armie Hammer en sus papeles como Elio y Oliver. Llega incluso a citar a Freud y a Platón para sostener sus argumentos cargados de incomprensión y desprecio por las tendencias diferentes del heterosexualismo. Monseñor intenta denunciar “el carácter perverso e impúdico de la sodomía”, así como luego señala que mientras no se trate de una relación entre hombre y mujer “la dimensión moral está ausente”.

Luego, en uno de los apartados más recalcitrantes de su escrito menciona:

“Tengo una sospecha: hay gente, y dinero, empeñados en hacer pasar por natural lo que no lo es, comprometidos en la estafa a la verdad. ¡Apta para mayores de 13 años, dice el cartel! Es verdad que cualquier chico tiene a su alcance, con su telefonito, toda la basura del mundo, pero si la autoridad encargada de la calificación considera que lo que yo he visto, una vista muy bella y por eso más dañina, resulta adecuada para que con ella se intoxiquen los adolescentes o los niños, el Estado se suma al complejo circuito de desnaturalización de la naturaleza, de la elegante promoción de la mentira”.

En otro apartado de su texto, también pretende asimilar los casos de pedofilia sucedidos incluso a manos de algunos colegas suyos con la interacción entre Elio y Oliver, entre quienes existe una gran diferencia de edad. En otro fragmento, comenta respecto de una de las escenas del largometraje:

“El adulto advierte lo que le ocurre al chico, aguarda el desenlace y disfruta quizá cínicamente. O es un abusador, o es tan inmaduro como el menor”.

Aguer finaliza su escrito elucubrando una teoría de conspiración un tanto descabellada y sin fundamentos lógicos que la sostengan, más allá de su opinión y experiencia personal:

“La producción de Llámame por tu nombre debe haber sido costosísima. ¿Cómo se ha de recuperar la inversión? En la función a la que asistí éramos seis espectadores, y en el caso anterior, el del año pasado, solamente dos. Tengo una sospecha: hay gente, y dinero, empeñados en hacer pasar por natural lo que no lo es, comprometidos en la estafa a la verdad”.

De cualquier forma, sus declaraciones además de anacrónicas y violentas para con un gran sin número de personas que desean amar a quienes quieran sin importar el género biológico de sus parejas, el prelado en cuestión también parece ignorar la fuerza de movimientos como el feminista, que también suele abogar a favor de la diversidad de orientaciones sexuales, y el reconocimiento mismo por parte del Estado a la parejas homosexuales desde que se aprobó el matrimonio igualitario en el país, hace ya casi una década.