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Resulta que en una ciudad un poco alejada de los polos culturales del país sucede algo que la mantiene viva hace un par de años. Una movida que pocos hubiesen creído posible cuando la ciudad de Villa María, en la provincia de Córdoba, no era lo que es hoy, con todos sus habitantes, universidades e industrias. Ciudad que con sus casi 100.000 habitantes pareciera totalmente chata con su público regular de “boliches grandes”. Pero ahí en pleno centro, en plena avenida Irigoyen, se emerge Mundo Bar, o simplemente “el bar” como lo llamamos los habitués.

Ningún otro lugar le ha dado a esta ciudad el espacio que ni siquiera ningún gobierno municipal ha sido capaz de darle a la cultura (ojo que tampoco desacredito a lugares más nuevos que también le dan lucha). Bandas en vivo viernes y sábados (a veces también los jueves, a veces también los domingos), muestras de fotos, dj sets, artistas plásticos exponiendo, festivales ecológicos, casa de la primer fiesta de Indie Hoy, por decir algunas cosas que se me vienen ahora a la cabeza. Lo importante era que todos estos eventos no se encasillaban en ningún género: el rock siempre fue el protagonista principal pero hubo cabida para bandas pop, electro, reggae, ska, heavy, folk. Cantautores solistas, bandas emergentes, bandas locales, bandas consagradas. Un lugar que ibas solo y podías terminar hablando de música, de cine o de libros con cualquiera mientras compartías una cerveza. Y si ameritaba la ocasión, en el patio.

El bar” pasó por decenas de clausuras por parte de una municipalidad “encaprichada” con el lugar. Una vez más, una Municipalidad del mundo es culpable de poner en vilo a una juventud que cada vez tiene menos lugares para salir y que encima no tiene nada que ver con su mundo. No somos culpables de no escuchar lo que pasan en los “boliches grandes”. El rock y la cultura no suceden en esos lugares grandes.

Desde la Municipalidad de Villa María, que curiosamente está justo en diagonal al Bar, ayer lunes 3 de septiembre aconsejaron “cerrar el bar” por la nueva ordenanza para bares vigentes (se puede leer acá). Atentos que viene la parte ridícula: exige que la gente no baile, que la música sea “ambiental”, que los shows sean de sentado, que no haya luces de colores ni tenues, que no se cobre entrada y prohibe tener un DJ.

Aparte de darme vergüenza ajena esa ordenanza, me da miedo. ¿Qué? ¿Qué pretenden?

No voy a entrar en cuestiones históricas, ni mucho menos de carácter político, pero de cerrar Mundo va a haber un montón de jóvenes que se van a quedar sin su espacio, el espacio cultural que la Municipalidad jamás pudo darles y que se esmera en quitar. Si cierra me quedo tranquilo de haber sido partícipe de algo que no podría explicar en palabras, pero mágico si se quiere. Y sobre todo por la gente, porque sé que con las pilas que tienen estos chicos estos lugares se van a multiplicar, acá y en todas partes. Pero voy a extrañarlo.

Nota en “El Diario”

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