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A seis años de su debut, Acorazado Potemkin presentó su tercer álbum, Labios del río (Oui Oui records) en un Niceto casi lleno. El power trío formado por Federico Ghazarossian, Luciano Esaín y Juan Pablo Fernández brindó un show conciso, potente y ruidoso que permitió ver a una banda que cada día suena mejor.

Pasadas las diez de la noche, los tres músicos, íntegramente de negro, arribaron silenciosamente al escenario y no se despedirían hasta cercanas las doce. Sin mediar muchas palabras con el público, se dedicaron a alternar viejas canciones con nuevas casi sin descanso entre ellas, como si todo fuera parte de una gran y extensa composición. La puesta, sumamente despojada, apuntaba al mismo propósito: darle protagonismo a la música por sobre cualquier distracción visual. La falta de escenografía o de soporte visual (videos, imágenes) se compensaba con un muy buen juego de luces, que acompañaba las interpretaciones como un director de orquesta que realiza un trabajo preciso desde un segundo plano.

Fernández, que inevitablemente porta un rostro entre Eduardo de la Puente y Diego Arnedo, desplegó esa dicción similar a la del Indio Solari llenando sin problemas el espacio, denotando gran maestría y experiencia para pasar de esas canciones en donde juega un verseo tanguero, hasta esas que ameritan grandes alaridos. Esaín, desde los parches, representa la columna vertebral por su gran potencia, además de acompañar como segunda voz, generando un contrapunto por demás interesante. Ghazarossian, de gran técnica -y con un parecido innegable a Nick Nolte en la película Camino sin retorno, (Oliver Stone, 1997)-, con un micrófono que nunca utilizó, dedicado exclusivamente al bajo, pareció desde el principio el más relajado de los tres. Recién para el final el conjunto, con la tarea casi cumplida, se permitió algunas sonrisas y chistes internos. Pero antes, durante el show, se percibía la necesidad y la presión de que el show no tuviera fisuras. Y no las tuvo.

Foto: Javier López Uriburu

La poética de Acorazado Potemkin rondó, desde siempre, los terrenos de la canción de protesta y del compromiso social. “Las piedras”, canción que no corresponde a su discografía pero que fue incluida en una suerte de antología coordinada por FM La Tribu, llamada Cuerpo – Canciones a partir de Mariano Ferreyra, volvió a sonar esta noche en Niceto. Pero ésta vez con un desplazamiento esencial: el destinatario ya no era el joven militante del partido obrero. Santiago Maldonado fue el homenajeado mientras el público rompía en aplausos y una mujer levantaba una remera con el ya clásico esténcil que inmortaliza al artesano y tatuador.

El público, que rondaba los 40 años, disfrutaba el show bastante calmado. Muchas cámaras, mucho porro, mucho trago en mano. Algunos mostraban una euforia que no era correspondida con el resto de los presentes. Pero todo se niveló cuando Flopa subió al escenario, presentada como la “madrina de Acorazado”. Los cuatro interpretaron “La mitad”, del disco Mugre (2011) y desataron una energía contenida. Una vez tocado el nervio dormido de la gente, el pogo y el agite fueron una constante hasta el final, para descontento de los patovas que miraban con expresión de disgusto desde el piso de arriba.

Foto: Javier López Uriburu

Las canciones nuevas no se alejan del estilo característico de la banda pero, por la recepción inicial, pareciera que necesitan un tiempo más de maduración para instalarse en la conciencia del público. Por eso cuando sonaron “Los muertos”, cuya intro parece el comienzo de una canción de Pixies, o “El pan del facho” (título que funciona como una declaración de principios), fueron recibidas como clásicos.

Para el final, el hermano de Juan Pablo subió al escenario a compartir una canción con el trío y su forma de cantar denotaba sus genes. Luego la banda se reservó una última pieza antes de terminar. Se despidieron contentos, abrazados, en el borde del escenario, satisfechos por la tarea cumplida. En casi dos horas de presentación, la banda que sigue caminando firme por el borde de la escena independiente, no bajó la intensidad, demostrando esfuerzo y disciplina. Dos valores que, muchas veces, están ausentes en una banda de rock.

Actitud Rocker: 89%
El cantito: “Yo sabía, yo sabía que a Santiago lo mató gendarmería”.
Nivel de faso: 70%
Nivel de pogo: 5% (antes de Flopa), 77% (después de Flopa).
Famosxs entre el público: la fotógrafa Nora Lezano portando una remera con la tapa de Meat is Murder, de The Smiths.
El detalle: La pianista invitada agitaba desde las teclas como una poseída. Mucha actitud.

Foto: Javier López Uriburu

Foto principal: Javier López Uriburu.