Si todavía no lo hiciste, pasá a leer la parte I de la cobertura.

Sábado 21 de julio

El sábado, una vez metidos en pleno meridiano del festival y habiendo estado dos días sin parar, el cansancio se empezaba a notar (cualquiera que haya estado en un festival sabe de qué hablo), aunque este día se presentaba como una ilusión de algo más tranquilo y teníamos las mismas ganas que unos recién llegados.

El primer grupo que fuimos a ver, y no por coincidencia ni azar, sino a propósito, fue Junior Mackenzie, quien no defraudó en expectativas e hizo que el ir a verlo tan temprano fuera algo totalmente justificado. Junior dio una propuesta con un rock muy a la americana, impregnado de un armonioso blues llevado a cabo por una gran banda de músicos que sabían bien lo que hacían, y que hizo que por nuestra parte consiguiera dos miembros más de su club de fans. A pesar de ser uno de los pequeños peces de este FIB comparado con un cartel lleno de grandes depredadores, siempre es gratificante acercarse a ver grupos que se encuentran más en el underground y darles una oportunidad, porque muchas veces, sorprenden.

Los siguientes de la tarde fueron los españoles Los Punsetes. Tengo que decir que los madrileños no son uno de mis grupos referentes, ni tampoco santos de mi devoción, ya que ese carácter estático sobre el escenario y esa escena casi teatral con esos largos vestidos de attrezzo que va de la mano con la personalidad del grupo, no va mucho conmigo. Sin embargo supieron dar un concierto muy correcto en un escenario tan difícil e intimidante como es las Palmas (escenario principal del FIB), sin perder un ápice de esta personalidad y frescura de la que tanto fans, como ellos mismos, sacan pecho consiguiendo congregar a un número muy considerable de gente frente al escenario.

Los Punsetes – Foto: Pablo Martín Bravo

En ese mismo escenario, casi una hora después, tocaron The Kooks, uno de los grandes esperados del día. Empezaron su show saludando y presentándose. La lata se abrió con “Bad Habit” acapella, cantando el característico “Oooh oooh” que comienza esta canción. El show transcurrió de una manera muy fluida; Luke Pritchard, vocalista y frontman de la banda, no se quedaba quieto un momento con sus bailes y correteos por todo el escenario, como si se tratara del mismísimo Mick Jagger, interactuando y dirigiéndose al público de Benicassim continuamente y con mucha frecuencia, demostrando una gran pasión por el directo y acallando, por lo menos en este concierto, algunos de los rumores que dicen que The Kooks es una banda que está de paso en algunos festivales y que ha perdido la pasión por el oficio.

Sin embargo, a pesar de haber visto a los británicos ya tres veces en directo, tengo que decir que es un grupo del que siempre se espera algo más: un sonido más fino, con más potencia, algo que sea capaz de levantar a un festival entero con sus canciones, entre las que interpretaron por supuesto muchos de sus grandes clásicos como “Ooh La” o “Sweet Emotion” y que para cerrar el show eligieron, como no podía ser de otra forma, su todo conocida “Naive“. En conclusión, a pesar de que se puede esperar mucho más de un grupo como es el de los británicos, The Kooks dieron un muy buen directo.

The Kooks – Foto: Pablo Martín Bravo

Tras este concierto, tropezamos por casualidad con The Horrors, los cuales estaban prácticamente finalizando y no pudimos ver más que 10 minutos, ya que habían tocado a la misma hora que The Kooks. Sin embargo, el instante que estuvimos en su concierto fue suficiente para generar admiración por el alt-rock con caracteres tan british y psicodélicos que hacen los jóvenes Horrors.

Tras un parón de apenas 20 minutos entre concierto y concierto, tocaba ir a ver al gran cabeza de cartel de ese día, Pet Shop Boys. Los veteranos conocen perfectamente los escenarios, y como no podía ser de otro modo, bajo un manto de luces psicodélicas y amparadas por dos esferas de luz blanca, hizo aparición el dúo de artistas, levantando las voces de todo el festival y haciendo sin duda, una de las entradas más espectaculares que se vieron en el FIB.

Hicieron gala de su gran carisma y de un impresionante show, acompañado de una escenificación y una ambientación lumínica que les hacía justicia, interpretando temas que no podían faltar como “Always On My Mind“, “West End Girls” o “It’s a Sin“, llevándose los corazones del público más nostálgico y purista. Pero a pesar de la gran expectativa que Pet Shop Boys generó y de toda la repercusión que se le dio, estos no consiguieron un lleno tan absoluto como otros cabezas de cartel como Travis Scott, The Killers, o incluso Two Door Cinema Club, reafirmando mi teoría de que el FIB no es el festival idóneo para un grupo como Pet Shop Boys.

Pet Shop Boys – Foto: Pablo Martín Bravo

Finalmente, muy fatigados por todo el día y para finalizarlo ya, nos pasamos a ver un rato a Chase and Status. Para mí, Chase and Status representaron, junto a Justice, uno de los grandes ídolos de mi etapa adolescente más fan de la electrónica, por lo que no podía perder esta oportunidad. Los londinenses supieran cómo dejar por todo lo alto la noche del sábado, dando cierre al día y brindándole un concierto lleno de emociones fuertes a todos esos fans que trasnocharon para verlos y también a todos los que vinieron a buscar el subidón final, poniéndole el broche al tercer día del FIB interpretando temas muy marcados de su repertorio como son “End Credits“, “Flasing Lights” o la enérgica “Blind Faith“.

Domingo 22 de julio

Llegaba sin remedio el último día de la experiencia FIB, sin embargo nos consolaba el hecho de saber que posiblemente el mejor y más completo día sería ese domingo, el cual venía cargado de nombres que cualquier amante de la música soñaría con ver algún día.

Nuestra primera parada ni bien entramos al recinto fue Zoé. La mítica banda mexicana siempre es muy bien recibida y goza de un gran respeto en España y abría la tarde de este último día del evento con un concierto que denotó un ambiente muy agradable y distendido, con una conexión total entre el público y los propios músicos, en el que había tal punto de comodidad y fluidez que el propio cantante se permitía chascarrillos como: “Qué bueno que esa nube tapó el sol, me estaba dando en toda la jeta” o “Os echaba de menos ya, España”.

Zoé – Foto: Pablo Martín Bravo

Las nubes de las que hablaba León Larregui, líder de Zoé, en su concierto, empezaban cubrir el cielo poco a poco, amenazando el día con riesgo de lluvia. Pero afortunadamente solo fueron unos instantes, hasta que fuimos a ver a los ruidosos Madness, a los que con suerte unos cuantos nubarrones no consiguieron arruinarles las ganas de tocar.

Madness empezó su show de manera muy firme y segura, casi dando la sensación de que el público estaba sincronizado con la propia banda. Al sonido de vientos como saxofones y tubas, Madness salió al escenario, y el público inmediatamente acompañó y coreó la música que comenzaba a sonar, con el “Looo loo looo looo” tan pegadizo y característico de “Seven Nation Army“, sincronizándose a la perfección con los músicos. Si tuviera que definir el concierto de los británicos con dos palabras, estas serían “divertido” y “animado”, siendo una de las grandes sorpresas de esa noche y levantando las expectativas a los asistentes para lo que venía más tarde.

Madness – Foto: Pablo Martín Bravo

Caída ya totalmente la noche y metiéndonos casi en la madrugada, empezó el concierto de Bastille, que si bien no fueron cabeza de cartel de ese día, dieron la sensación de ello en su concierto. Con una envergadura descomunal, en cuanto a músicos sobre el escenario se refiere, Bastille consiguió a su salida que todo Benicassim rugiera como si fuera el final de sus días. Aunque bien es cierto que en los  primeros temas que interpretaron falló la ecualización, la cual hizo que se escuchara la batería a un volumen mucho más alto que la propia voz del cantante haciéndola prácticamente imperceptible frente al sonoro bombo, el problema se solucionó y el directo transcurrió con total normalidad el resto del tiempo. Bajo su característico triángulo de luz, símbolo de la banda, y resguardados con himnos propios como “Of the Night” y “Pompeii“, Bastille firmó una actuación absolutamente brillante, donde no faltaron los derroches de euforia, sobre todo por parte de su cantante.

Bastille – Foto: Pablo Martín Bravo

Esto poco a poco se iba terminando, y a medida que se acercaba la media noche, se iban vislumbrando cada vez más y más camisetas de Oasis, como si las regalaran en un propio puesto del festival, y eso era síntoma solo de una cosa: se acercaba el concierto del esperadísimo Liam Gallagher.

Con el debido retraso de 15 minutos que una estrella como Liam debe llevar a sus conciertos, las pantallas frente al escenario se encienden y una cámara lo enfoca, mientras su banda empieza a tocar, y graba todo el recorrido que hace desde su camerino al escenario en directo. Como siempre, provocativo e insurgente, el hermano pequeño de los Gallagher llega a escena, coloca sus brazos detrás de la espalda como es característico para postrarse frente al micro e interpreta “Rock N’ Roll Star“, el FIB de Benicassim se cae.

Después de esta aparición, la correspondiente canción que abre y las presentaciones, Liam y sus chicos interpretaron un repertorio un poco arriesgado, con una mayoría de canciones que pertenecían a su nuevo álbum As You Were, bajando un poco el ritmo del concierto para inteligentemente ir subiéndolo progresivamente. Bajo una visual sobria en blanco y negro, Liam fue evolucionando durante el directo para convertirse en Oasis, interpretando sus temas más populares como “Whatever” o “Supersonic” y manejándose a la perfección bajo sus maracas. Por mi edad nunca tuve la oportunidad de ver a Oasis en su pleno esplendor, y aunque los Gallagher por separado suenan genial cada uno dentro de su carácter, estoy seguro de que los hermanos más macarras del rock británico, no tienen absolutamente nada que ver cuando aún eran una formación comparados con sus conciertos como solistas. Por lo menos a Liam se le nota esa carencia.

Pero quitando esa pequeña tara, que es una obviedad para todos, Liam Gallagher no decepcionó, firmando uno de los mejores momentos sin duda de todo este FIB 2018 cuando el de Mánchester interpreto su himno mundial “Wonderwall“, que tomó un sentimiento de grandeza y clamo al cielo de tal manera que el público de Benicassim se escuchaba por encima de la propia banda y del propio Liam, haciéndolo enmudecer. Un emotivo momento que habla por sí solo.

Liam Gallagher – Foto: Pablo Martín Bravo

Tras este momento para el recuerdo, quisimos descansar un poco y dar una vuelta para despejarnos por el recinto, donde nos topamos en uno de los pequeños escenarios cubiertos con The Parrots, una banda madrileña de garage rock. Siempre es de agradecer el apoyo a las bandas locales de tu país, y más si encima está respaldado por un sonido tan personal y con tanto criterio como el de Parrots, los cuales con sus riffs intrusivos en tu cabeza y con sus apenas tres integrantes, consiguen hacer mucho más ruido que algunas bandas notablemente más mastodónicas.

The Parrots – Foto: Pablo Martín Bravo

Por fin, y para terminar particularmente nuestro FIB 2018, se aconteció el concierto de las todopoderosas leyendas de la electrónica y el dance: Justice.

Si bien es cierto que para los amantes de la electrónica presentes en el festival, era el concierto más esperado, éste se hizo rogar demasiado, ya que, se llevó a cabo a las 3 de la mañana del último día del festival, donde las fuerzas de la mayoría de asistentes ya estaban o bien muy mermadas o agotadas prácticamente. Sin embargo el lleno fue espectacular. El dúo francés hizo aparición bajo una neblina blanca, resguardados siempre por su sagrada cruz que los acompaña a todos lados y con un “Safe and Sound” mezclado con su famoso “D.A.N.C.E.” para abrir el show.

En notas generales la actuación fue magnífica, con la música sonando prácticamente sin interrupción, saltando de una canción a otra sin hacer parones, repasando todos los grandes éxitos de su carrera y bajo un espectáculo de luces comparable solo al que dieron Pet Shop Boys en su concierto. Un directo que hay que ver al menos una vez en la vida.

Justice – Foto: Pablo Martín Bravo

Como conclusión del FIB 2018, solo puedo decir cosas positivas. A excepción de los múltiples agobios y conglomeraciones que se formaban, sobre todo en las zonas de acampada, que hacían el descanso en la mayoría del tiempo prácticamente imposible. Restando eso, he comprobado que el FIB es uno de los mejores festivales de España, no solo a nivel de cartel, sino por la organización del evento, la propia seguridad del recinto, las facilidades y el buen ambiente de trabajo que se ofrece, sin dejar de remarcar las múltiples oportunidades de ocio, eventos que organizan marcas y ofertas gastronómicas que el propio festival da dentro de su recinto.

El Festival Internacional de Benicassim es una marca que traspasa fronteras y es conocida en numerosos países, y esto es por algo. Tras 24 años al pie del cañón se han ganado justamente este puesto. Esperamos veros por allí el año que viene en su 25 aniversario, del que estamos seguros que será una cita que, como poco, recordaremos por mucho tiempo.

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Foto principal: Bastille, por Nerea Coll.